*Cambio de perspectiva, Yue*
Estaba en un pabellón cercano al pozo de los peces koi de fuego, en el jardín estrellado. Esperaba a Rong Yu con mucho entusiasmo, me asomé al agua para ver mi reflejo, con algo de vergüenza traté de verme algo mejor colocándome el pelo y admirándome de nuevo.
—No sé porque lo intentas hermanita. Asúmelo, no es tuyo, nunca lo será — Me giré para admirar el cruel rostro de Xiu Qing.
—Mientes, él me ama a mi, siempre ha estado a mi lado no al tuyo.
—Pero si ya ha aceptado casarse conmigo, vengo del palacio inmortal, el padre emperador nos convocó para darnos la noticia.
—No puede ser… Rong Yu nunca me haría algo así… él no elegiría separarse de mí, me conoce sabe que nunca se lo perdonaría.
—Pues parecía muy feliz mientras le daba las gracias a nuestro padre por habernos emparejado.
Grité desesperada, queriendo negar la verdad que Xiu Qing acaba de decir. Abrí los ojos con dificultad, me pesaban como si de hierro estuviesen hechos.
Cuándo finalmente pude abrirlos, la luz me cegó y entrecerré los ojos. Estaba sudando frío, mi respiración era agitada y mis pensamientos estaban dispersos. Volví a cerrar los ojos y fue entonces cuando la ráfaga de recuerdos de la noche anterior cruzaron por mi mente. Me senté a la velocidad del rayo, tocando mi cuerpo <<¿estoy en mi habitación? ¿viva y a salvo? >>
—¡Rou Rou! ¡Rou Rou, ven! — La llamé desesperada con el corazón encogido.
—¿Qué pasa? ¿qué ocurre señorita?
Con paso calmado se sentó en el borde de mi cama, yo tenía la mano en mi pecho, sintiendo como mi corazón latía acelerado, el cuerpo me dolía pero no tenía heridas externas ya << ¿A dónde han ido todos los cortes y moratones de ayer? >> Asustada miré a Rou Rou.
—¿Qué pasó anoche? — pregunte desconcertada.
—¿No lo recuerdas? Me pediste que regresase primero, al parecer volviste sin decirme nada.
—¿No sabes cuándo llegué? ¿o si llegué por mi propio pie?— pregunté con nerviosismo.
—Señorita, anoche estuve algo ocupada preparando nuestras cosas para el viaje, así que no te vi llegar, pero cuándo entré aquí sobre la media noche ya estabas dormida.
—Vale, ve… ve a prepararme un baño.
—Sí.
Esperé hasta que Rou Rou se marchara antes de sentarme cruzando las piernas, en postura de meditación. Percibí mis meridianos de Qi, constaté su flujo, y la situación general de mi cuerpo.
Nada, no había casi nada, apenas uno o dos rasguños. Estaba segura de que anoche mis canales de poder espiritual estaban cerrados y su presión estaba por explotar. Tenía severas lesiones internas que iban a costarme la vida.
—Y sin embargo ¿hoy no tengo más una leve lesión menor…? ¿qué pasó anoche? Nadie sabe nada, nadie vio nada, estoy curada y en mi cama.
Decidida a descubrir los sucesos de la noche anterior, me di un baño con pétalos de rosa. Desayuné a toda prisa y una vez vestida cómodamente salí corriendo en busca de pistas.
—¿Dónde debería comenzar a buscar? — dije en el tejado de un pabellón.
Mientras corría por los tejados de los edificios a toda prisa, recordé la calle de la noche anterior y me dirigí allí. Justo cuando salté en el aire para llegar a otro tejado, un dardo lanzado a gran velocidad se dirigió justo a mi cuello, en un giro rápido producto de mis reflejos pude esquivarlo y llegar a salvo al otro lado.
—¿Quién se atreve?— pregunté mirando a mi alrededor con el ceño fruncido.
—Veo que nuestra pelea no te ha dejado secuelas — una sombra apareció por una esquina.
—¿Xu Jin? ¿Qué haces tú aquí?
—Yo podría hacerte la misma pregunta princesa — se acercó indiferente.
—¿Ese dardo era tuyo? — pregunté irritada.
—En realidad era una pluma dorada, siéntete honrada de que malgaste una de mis maravillosas plumas en ti, zorro — dijo con arrogancia.
—¿Honrada? Humf ¿no es sólo una pluma? — Arrogantemente me di la vuelta .
—Espera ¿Qué haces en la zona suroeste del palacio del sol?
—¡No te incumbe! — grité irritada.
Molesta volví a ponerme en marcha, pronto llegué a la zona de la noche anterior. Inspeccioné cada palmo, cada rincón, cada mota de polvo pero no encontré nada. Traté de percibir algún rastro de poder espiritual, alguna energía residual, pero no encontré nada.
Cansada, regresé al palacio. Cuándo estaba a punto de irme a la cama, escuché la ventana de mi habitación abrirse y a alguien entrar, rápidamente fingí estar dormida. Sentí pasos unos pasos ligeros, elegantes y pausados acercarse hasta mi cama, luego sentí un peso que hundió un poco el colchón. Sentí la presencia de alguien mirándome.
—Parece que tus lesiones internas están casi curadas, suerte que no han estallado tus venas espirituales. Casi me matas de la preocupación ¿Por qué eres tan testaruda? Si estás herida, no lo escondas.
Su suave y delicada mano abarcó mi mejilla derecha, si pulgar acarició mi pómulo ligeramente, luego apartó el pelo de mi frente en un gesto tierno. Cuándo el extraño chico estaba por retirar la mano, la agarré.
—¿Quién eres?— pregunté abriendo los ojos de golpe.
—No he venido a lastimarte si es eso lo que te preocupa.
—Entonces… — Con ojos claros y confusos miré directamente aquellos ojos de ónix tranquilos y fríos. —¿Fuiste tú quien me salvó y me trajo de vuelta?
—Sí — admitió con tono suave.
—Gracias…
Sus ojos se fijaron en mis manos agarrando la suya, y se soltó con cuidado de mi agarre, me senté en la cama para mirarle mejor. Él chico no se movió, pero me observaba fijamente. Llevaba una máscara en su rostro lo cuál no me dejaba identificarle.
—Ahora que lo sabes, deja de investigar. Sólo quédate aquí y no hagas nada estúpido. Necesitas descansar y tomar estás píldoras para terminar de sanar — me pasó una pequeña botella llena de pastillas medicinales.
—¿Puedo saber tu nombre?— pregunté con curiosidad.
—No — se negó en rotundo.