La flor del destino

Pequeña bola de pelo

*Cambio de perspectiva, Jin*

Tenía en brazos a Yue mientras volaba a toda prisa al reino mortal. Teníamos que ocultarnos, debía tratar sus heridas. Miré la herida que le había dejado la espada, ese gran agujero que no cesaba de sangrar, al sanar su herida interna, la externa debería haber sanado sola. Mis ojos se posaron en su ceño fruncido, en la fina línea de sangre que caía de la comisura de sus labios, pálida y casi sin vida.

—No puedes morirte, aguanta. Por favor… no vuelvas a dejarme…— supliqué con voz quebrada.

Algo extraño sucedió, una luz blanca envolvió su cuerpo, cegándome, cuando remitió me encontré con la imagen de un diminuto zorro de mullido pelaje, de aspecto desvalido. El mismo pequeño zorro que acostumbraba a ver antes de marcharme definitivamente a la frontera hacia milenios. Recuerdo que solía molestarla a propósito para ganarme su odio y que se mantuviese alejada de mi. Era un zorro de nueve colas heladas y sin embargo en su aspecto actual no era más que un cachorro de una sola cola, lo que reflejaba su bajo nivel espiritual.

—Has perdido bastante de tu cultivo eso esta provocando un declive en tu cuerpo… no me extraña que vuelvas a tu ser original — Se quejó de dolor y se encogió en mis brazos —Estoy seguro que te han envenenado. Aguanta un poco, un poco mas.

A la velocidad del rayo atravesé los cielos y los portales espirituales que dividían las fronteras de los reinos hasta que llegué al lugar. El gran bosque, discreto y seguro. Caminé entre la alta maleza Hasta llegar a una pequeña cabaña cerca de un río, una vez dentro de la casa dejé al pequeño zorro blanco en la cama. Salí afuera para llenar un pequeño cubo de madera con agua pura y fresca.

Cuando volví a su lado rasgué parte de la tela de la manga de mi ropa y la sumergí en el agua para después ponérsela en la frente. Le hice una mullida cama de hojas. La dejé allí protegida con un hechizo mágico y me aventuré por el bosque en busca de unas cuantas hiervas para tratarle la fiebre o al menos para refrenarle el veneno.

Tardé al menos una hora en encontrar alguna hierva o seta que me sirviese de algo, cuando regresé el zorro estaba tumbado en el suelo, a su lado un charco de vómito mezclándose con sangre.

—¡Maldita sea, estate quieta! ¿Por qué eres siempre tan tonta?— corrí a su lado con preocupación — ¡Mira, se te han abierto las heridas! ¡Tú cuerpo es un desastre ahora mismo, si sigues así tus venas espirituales estallaran y morirás! — La tomé entre mis brazos, posó ligeramente una pequeña pata en mi pecho y abrió ligeramente los ojos.

—Kyu… — Tuve la sensación de que me miraba con nostalgia pero no le di mayor importancia.

—No puedo entenderte ¿sabes? Ahorra energías y quédate en la cama.

Hice un conjunto de sellos y me dispuse a revisar con mi energía espiritual su estado actual, fui lentamente observando su cuerpo, sus órganos, sus venas espirituales y núcleo, no tardé demasiado en dar con la causa del problema.

—¡¿Veneno de fuego?! — la miré en la cama retorciéndose mientras jadeaba por aire — no me extraña que estés tan mal… ¡Maldita sea!

La dejé en la cama de hojas que había improvisado y caminé hasta una mesa cercana donde me puse de inmediato a preparar, un remedio inmortal para la fiebre. Cuando alcé la vista la vi quejándose en sueños, su respiración era débil y agitada, su cuerpo estaba húmedo debido al sudor por la fiebre. Con un suspiro, preparé un cubo con agua fría y la acomodé dentro para tratar de bajar su temperatura, coloqué un paño en su frente y pronto su respiración se reguló.

Una hora más tarde estaba acostada y movía las patas como si tratase de salir corriendo, con el movimiento logró arrastrarse por la cama hasta que se cayó de nuevo, me apresuré para atraparla a tiempo y volví a dejarla sobre la cama.

—No has cambiado nada desde entonces ¿tú cuerpo no tiene un ápice de instinto de supervivencia?

Hice una serie de sellos con las manos, y puse mi mano frente a ella para inspeccionar nuevamente su estado con mi pulso de energía. Al revisar pude apreciar que mis esfuerzos habían sido en vano y el veneno seguía avanzando por su cuerpo .

—Esta drenando tu cultivo, tampoco estoy seguro de si ha lastimado tú espíritu primordial o tú núcleo. Si no lo detengo… ¡No eso no pasará, voy a salvarte!

Pensé en la forma más rápida de estabilizar sus meridianos y núcleo. Hice un juego de sellos complicados con las manos y luego pasé ambas manos por encima de su cuerpo, buscando con energía espiritual alguna señal de daño. A primera vista su núcleo y espíritu estaban bien. Así que me centré en el segundo gran problema.

—Dar dos mil años de cultivo cambio de tu vida es un precio que estoy dispuesto a pagar.

Me senté en la cama en una postura de meditación y empecé a hacer fluir su poder espiritual para limpiarlo usando mi propia esencia. Debía tener cuidado, no era un tratamiento fácil y las consecuencias de un mínimo error eran fatales para ambos. Pasó casi todo un día hasta que terminé de desintoxicar su esencia, cuando acabé me puse a terminar el segundo antídoto.

Hice con gran esfuerzo el mejunje, mezclando distintas hierbas y algo de poder espiritual propio. Tomé el bol con la medicina entre las manos y me senté a su lado en la cama. Tomé su hocico en mi mano y con la otra le di de beber el amargo líquido.

—¡Kyu! — la pequeña bola de pelo se resistió sacudiéndose.

—Vamos Yue no es momento de ser testaruda, no me lo pongas difícil y tómatelo.

—¡Kyuuu!— gritó negándose .

Vi como su diminuta cola se erguían y sus ojos se volvían blancos antes de que una ráfaga de cristales de hielo tratasen de perforarme los órganos. Escupió un bocado de sangre y se tambaleó de nuevo hasta caer.

—¡Yue! ¡Deja de ser caprichosa y tómatelo! — traté de obligarla a beber nuevamente.

Empujó mis manos con sus patas mientras débilmente negaba con la cabeza, para luego volverse una bola redonda de pelo.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 20.02.2026

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