La flor del destino

Hacia el campo de batalla

Xu Jin asintió suavemente entendiendo mi ansiedad y nos dirigimos al siguiente destino tras el amplio bosque en el que aun estábamos, el valle de plata.

Corrimos toda la noche sin descaso hasta que llegamos al angosto, árido y silencioso valle, con ojos afilados y vigilantes caminamos desde el alba hasta que la mañana nos cubrió con un sol radiante y un cielo despejado.

El viento silbaba como cuchillas invisibles mientras descendíamos por las dunas que abrazaban el Valle de plata.

Una quietud antinatural se arrastraba bajo la arena, cargada de tensión. Yo sentía cómo el espíritu de la tierra misma se estremecía bajo mis pies.

Y entonces lo escuchamos: un rugido gutural, seguido por el estruendo de mil patas golpeando la piedra seca.

—Están viniendo —dije, cerrando los ojos un segundo para percibir el flujo caótico de energía espiritual.

Xu Jin se giró hacia mí, su mirada firme, la túnica blanca ondeando como el estandarte de un joven decidido y audaz, aun en tierra extraña mostraba una determinación digna de admiración.

—Una estampida de bestias espirituales. Y me temo que de rango alto... —murmure, desenvainando mi espada, Hei Ye.

No hubo tiempo para más palabras. Las primeras bestias espirituales emergieron de las dunas, piel de obsidiana, ojos como carbones encendidos.

Lobos de escamas cian, ciempiés de fuego, una serpiente de sombras, que se retorcía elevándose sobre las demás. El valle se volvió un caos viviente.

Cada bestia espiritual, de rango alto, lo mas débil de núcleo dorado, el mas fuerte de alma naciente.

Salté hacia el centro la estampida, hice complicados sellos con mis manos para atacar con una técnica de fuego.

Arrojé cadenas de fuego con precisión, envolviendo el cuello de una de las bestias más grandes, y con un giro brusco de mi cuerpo, la estampé contra una roca, haciéndola estallar en una lluvia de sangre y escamas.

—¡No uses qi exceso! Este valle... lo amplifica —grité a Xu Jin quien estaba haciendo técnicas muy llamativas, yo usé mi espada cortando a través de tres criaturas con un solo movimiento de espada, cuyo filo dejó un trazo de luz plateada en el aire.

—¡No me subestimes! —respondió mientras seguía luchando. Mi qi estaba vibrando demasiado, más fuerte, más inestable.

De pronto, una sombra oscura cayó sobre nosotros. Un Buey Rúnico de nivel alma naciente emergió, aplastando a su paso incluso a otras bestias.

Su cuerpo estaba cubierto de marcas de fuego lunar. La presión espiritual que emitía hacía temblar las rocas.

Xu Jin alzó su espada y, por un instante, su figura se elevó del suelo como si caminara sobre las corrientes del cielo. Un aura de hielo cristalino rodeó su hoja.

Saltó hacia la bestia, apuntando directo entre sus ojos. Yo no podía apartar la vista.

Había visto a muchos cultivadores luchar, pero la gracia contenida en su ataque, la calma en su rostro... me obligaban a admirarlo.

El impacto sacudió el valle. Una grieta se abrió bajo nuestros pies. Corrí hacia él, conjurando una barrera de energia pura justo antes de que el suelo cediera por completo. Xu Jin cayó arrodillado, cubierto de sangre de la bestia.

—Estás herido —dije, acercándome.

Él me miró, jadeando—. No lo suficiente como para dejar de admirar tu forma de luchar. No peleas como una princesa. Peleas como una tormenta.

Sentí un calor inesperado en el pecho, pero lo ignoré. Me limité a ofrecerle la mano.

—Y tú no peleas como un cultivador del Noveno Cielo. Peleas como alguien que aún tiene esperanza.

Ambos continuamos nuestro viaje durante el resto del día y descansando en una pequeña cueva durante la noche, ambos cerca de la fogata mirando las llamas danzar con miradas distraídas, los dos sumidos en nuestros propios pensamientos.

—¿Por qué no has tomado los núcleos de esas bestias espirituales? El núcleo de un alma naciente sería muy beneficioso para ti ¿No?

Por fin él rompió el silencio y le miré por un segundo antes de abrazar mis rodillas mirando nuevamente con aire distraído el fuego.

—No para mí… mejor aprovechalos tú, si no los absorbes al menos sirven para refinar píldoras de alto nivel.

No quise contestar más preguntas así que me recosté tratando de dormir algo mientras él montaba guardia cerca de la entrada de la cueva.

Al amanecer, partimos nuevamente saliendo del valle para aventurarnos en un nuevo ambiente.

El cielo de aquella mañana era de un azul profundo con reflejos plateados. Caminábamos en silencio entre las montañas flotantes de Shuang Yue, dónde los árboles de hojas cristalinas resonaban con el viento, entonando una melodía suave pero inquietante.

Xu Jin caminaba delante de mí, su silueta firme y elegante bajo su hanfu azul oscuro, su larga melena oscura meciéndose con su caminar y la brisa. Sus pasos eran silenciosos, pero sus sentidos estaban alerta.

—¿Estás segura de que el camino de que cruzar estás montañas es el camino más rápido? —preguntó sin girarse, su tono bajo pero firme.

—Sí, pero también el más peligroso. Las bestias espirituales de esta zona son más fuertes que las del valle de plata… son criaturas salvajes que incluso los de mi clan respetan.

—Perfecto —respondió con una leve sonrisa—. Hace tiempo que no me esfuerzo en una batalla.

No le respondí. Había algo en la forma en que enfrentaba el peligro que me desconcertaba: no era arrogancia, tampoco era impulso, tal vez era intrépido o demasiado estupido, sin embargo su lado valiente y relajada me sacaba una sonrisa por alguna razón.

Horas más tarde, el cielo cambió. Una neblina espesa y azul descendió de repente. Me detuve.

—Jin… no es niebla normal.

—Lo sé. Cierra los ojos y no respires profundamente.

De pronto, un rugido rasgó la niebla. El suelo tembló. De entre los árboles surgió una bestia de tres cabezas, cuerpo de león lunar, y garras tan afiladas como cuchillas de obsidiana.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 20.02.2026

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