La flor del destino

Tras la batalla

Tres días más tarde…

Me recuperaba en mi propio palacio dentro de los muros de la ciudad palacial del reino de la luna dónde la familia real residía cada cual en su propio subpalacio, me encontraba en el jardín disfrutando de la calma, de la suave brisa y el calor del sol, aún me sentía débil debido a la larga batalla y al gran desgaste de poder espiritual.

Así que descansaba sentada en un asiento de piedra en el jardín, rodeada por esencias florales., de los árboles de glicinia.

El aire era fresco, a veces, todavía en las noches soñaba con el cielo desgarrándose, con las voces gritando mi nombre. Pero al despertar… solo había silencio y mi confortable cama.

Suspiré mirando al cielo despejado, después de la batalla, la familia de Xu Jin se retiró junto con mi gente a la ciudad de la luna para curar sus heridas y reagruparse, solo para regresa a su hogar al día siguiente. En silencio, cabizbajos, avergonzados de lo ocurrido.

No podía culparlos, habían sido usados, engañados. Empecé a pensar sobre cuál sería la compensación que el emperador del noveno cielo daria en el futuro a los míos. Mientras estaba distraída sentí una mano en mi hombro.

—¿Estás bien? —dijo una voz familiar.

Sonreí y miré hacia atrás. Xu Jin, envuelto en una túnica informal de viaje, sostenía una caja envuelta en una tela azul con una mano, la otra aún reposaba con suavidad en mi hombro.

—Te he traído un fruto Da Fu del Jardín de las Mil Estrellas, dicen que es muy bueno para reponer la energía espiritual — dijo rascándose la nuca con la mano que antes posó en mi hombro. No pude evitar sonreír débilmente.

—¿No habías partido de vuelta a casa hace tres días? ¿No me digas que te has escapado de la mansión Xu?

—Shhh, no se lo digas a mi padre. Dirá que me enamoré de una terrorista del Dao —bromeó, dejando el obsequio en la mesa.

—Oh — dije en tono burlón— ¿Será que es cierto?

—Lo de terrorista quizá, lo del enamoramiento… no lo sé. Por ahora solo sé que… no dejo de pensar en ti.

Yo lo miré largo rato. Sus palabras suaves, su gesto torpe al intentar acomodar los bordes de su túnica. Tal vez… la paz estaba aún lejos. Pero él venía a buscarme entre ruinas, como si nada fuera imposible. Y eso, para mí, era suficiente, sonreí suavemente mirándolo con burla.

—¿Quién se enamoraría de alguien tan malo en el manejo de la espada?

—Mejor porque ¿Quién caería por una niña como tú? — se rió comenzando a correr para huir por el muro.

—Idiota… —me quejé haciendo un puchero, miré la caja en la mesa de piedra y la tomé llevándola conmigo dentro del palacio.

Ese tipo de escenas se repitieron cada cuatro días desde ese día. A veces venía solo a charlar de cosas triviales, otras a entregar regalos, la mayoría pidiendo consejo en el manejo de la espada pero podía sentir que no siempre se lo tomaba enserio.

En una mañana tranquila mientras cultivaba cómodamente en mi patio bajo la sombra de un árbol pude percibir su energía acercándose.

—Ese idiota… — murmuré sin abrir mis ojos mientras continuaba cultivando.

—¡Bai Hua! — dijo animadamente saludando, abrí un ojo y lo vi subido al muro de mi palacio sacudiendo su mano mientras sonreía.

Saltó aterrizando en mi patio y corrió hacia mi, vestido en un hanfu azul claro, luciendo muy apuesto, su pelo atado en una coleta alta, su sonrisa lo hacía ver aún más encantador y juvenil.

—Adivina que he conseguido. —dijo animadamente mientras se sentaba a mi lado.

—Sorpréndeme. — dije con voz neutral. Sacó una pequeña cajita de entre sus ropas.

—Ábrelo. —mire la cajita en sus manos fijamente después le estreché la mirada — tú solo ábrelo y fulmíname con la mirada después. — se burló con una ceja alzada.

Fruncí el ceño, pero lo abrí. Dentro, descansaba un núcleo de bestia espiritual: un cristal del tamaño de un melocotón, que irradiaba un tenue brillo púrpura-plateado, claramente era de alto grado.

—¿Un núcleo de…? — pregunté con ojos muy abiertos.

—Un núcleo de bestia del vacío celeste —dijo con orgullo—. Perfecto para refinar una píldora de esencia vital. No es algo que se consiga todos los días, ¿sabes? —se encogió de hombros.

Lo miré, sorprendida. Ese tipo de núcleo podía ayudar a restaurar o fortalecer el mar espiritual de alguien herido gravemente. Era algo que un cultivador normal no recibiría ni en diez vidas.

—¿Cómo…? —susurré.

—Digamos que tuve afinidad en la subasta de la Cámara de los mil tesoros —sonrió pícaramente—. Pensé que te sería más útil que cualquier otro regalo.

Apreté el núcleo contra mi pecho, sintiendo su suave vibración de vida. El calor me llenó por dentro, no por el poder del objeto, sino por la intención tras el gesto.

—Eres un idiota …—dije suavemente, pensando en que seguramente había gastado una fortuna para conseguir el objeto. Él desvió la mirada, rascándose la cabeza con torpeza, antes de sonreír.

—Creo que deberías decirme “gracias”.

—Gracias… —dije con un tenue sonrojo.

—Y ahora —dijo poniéndose de pie de un salto—, ¡quiero mi clase de espada!

Rodé los ojos agitando mi mano para guardar la caja en mi anillo espacial, me levanté lentamente con resignación.

—Muy bien, alumno molesto.

Fuimos al centro del patio. El sol filtraba su luz entre las hojas, dibujando patrones dorados sobre el suelo. La brisa fresca soplaba con fuerza.

—Primero, postura firme —instruí, plantándome sólidamente en el suelo.— refresquemos un poco las lecciones pasadas, después de todo una base fuerte es mejor a largo plazo que conocer miles de imponentes técnicas.

Xu Jin trató de imitarme, aunque lo hacía más concentrado en observarme que en seguir la postura. Lo pillé mirándome varias veces, desviando la mirada rápidamente. Me moví lentamente para que me imitará pero en cierto momento se quedó solo mirando, tomé una rama del suelo y se la lancé fuertemente.

—¡Concéntrate! —la ramita le cayó sobre su frente.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 20.02.2026

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