La flor del destino

Futuro incierto.

*Cambio de perspectiva, Bai Hua*

Me dejé llevar sin más opción que fruncir el ceño y fingir que no me importaba mientras caminábamos por las calles de mi hogar, tan grande y laberíntico como una ciudad del reino mortal.

Mis mejillas rojas, avergonzadas ante la idea de que algún familiar o sirviente me viese en aquella situación. <<¿Pero es realmente solo por la situación? >> Admiré su hermoso perfil, algunos mechones cayendo Suavemente por los lados de su rostro enmarcándolo.

Sentí un tierno apretón en el corazón, este palpitaba desacompasado, no por heridas internas, ni por el caos espiritual, no por la posibilidad de encontrarnos con algún conocido durante la caminata hasta mi palacio, sino por él.

Por esa manera suya de irrumpir en mi mundo con la misma facilidad con la que salta muros y me hace perder la paciencia << soy la heredera al trono, de carácter refinado y elegante, sin embargo delante de este idiota… no soy más que una niña >>

—¿Debería sentirme halagado de que no quites ojo de mi rostro?— me miró pícaro como él solo.

—¡¿Quién te está mirando narcisista?! — desvíe la mirada, con las mejillas aún más rojas que antes, el ceño fruncido.

—Solo bromeaba, aguanta un poco más casi hemos llegado.

—Me sorprende que conozcas tan bien este lugar. — comenté sorprendida de la confianza con la que movía por la ciudad imperial.

—Eso es obvio, después de todo suelo venir frecuentemente ha espi… — se detuvo a media frase, se rió incómodo — a visitarte, por supuesto.

Llegamos al jardín interior de mi palacio. Xu Jin, con paso firme, me depositó con cuidado sobre el asiento de piedra que usaba siempre junto a los glicinias en flor para tomar té y pasteles de luna. Se agachó ligeramente y limpió con cuidado usando la manga de su hanfu unas pocas de gotas de sudor que perlaban mi frente, su ceño fruncido y preocupado.

—Ahí estás. No te muevas hasta que yo diga —dijo con voz autoritaria mientras me cubría con una capa que no era mía.

—¿Y ahora eres médico también? — me reí ligeramente.

—No. Pero soy terco y tengo buen oído. Escuché desde fuera el ruido del caldero, sabía que estabas refinando algo peligroso —se cruzó de brazos mirándome con severidad.

—¿Estabas espiando?— mis ojos buscaron los suyos rápidamente, fruncí las cejas atando cabos —¡Por eso conoces tan bien mi palacio, tu pequeño espía! — alcé mi mano queriendo usar mi poder espiritual.

Pero el agarró delicadamente mi muñeca sonriendo despreocupado, sus ojos recayeron en mi mano, su mirada se suavizó, acarició con su pulgar por unos instantes mi piel, antes de cruzar nuevamente miradas conmigo.

—¿Llamas espiarte a estar preocupado por ti?

—No necesito que te preocupes por mi. — eché hacia atrás mi mano, dejándola en mi regazo.

El silencio se extendió entre nosotros. Mi molestia comenzó a desinflarse, reemplazada por esa tibieza incómoda que siempre traía consigo. Bajé la mirada, jugando con el borde de mi manga.

—Era una píldora de recuperación siete cielos. La necesitaba. — me expliqué aunque él no lo había preguntado.

—Lo sé. Y lo lograste —su voz se suavizó—. Pero no tienes que cargar todo sola. Es igual a cuando te enfrentaste tú sola a mi abuelo, lanzandote al peligro sin dudar… — desordenó mi pelo, le aparté la mano bruscamente frunciendo las cejas — si realmente me ves como un amigo, deberías aprender a depender un poco más de mí.

Alcé la vista. Sus ojos eran claros, abiertos, honestos. Su sonrisa suave, de esas que me producían un cosquilleo en mi pecho, traté de colocarme mi cabello bajo su atenta mirada y tímidamente asentí.

—¿Sabes? Mi abuela me dijo que mi vida ya no solo me pertenece a mi —murmuré— Hay días en que solo quiero desaparecer bajo la luz de la luna y no tener responsabilidades, ni tronos, ni caminos del caos… me gustaría ser despreocupada y viajar por los seis reinos.

Xu Jin acortó los pocos pasos que nos separaban hasta situarse frente a mí, arrodillándose con una rodilla en tierra. Sus manos acogieron las mías, su voz suave como una caricia.

—Bai Hua —dijo, usando mi nombre con esa seriedad que raramente le escuchaba—. No importa lo que seas. La próxima emperatriz, una cultivadora del caos, la esperanza de tu pueblo… o simplemente una chica cansada. Para mí, siempre serás mi amiga.

Mis ojos se abrieron, sorprendidos por su cercanía, por la calidez que irradiaban sus palabras, por la paz que su simple presencia me daba, incluso cuando yo misma estaba hecha pedazos por dentro.

—Idiota —dije bajito, con una sonrisa apenas esbozada.

—Sí un idiota —respondió sin dudar, incorporándose y dándome un leve golpecito en la frente. — pero un idiota que se preocupa por ti.

Volvió a levantarse para sentarse está vez a mi lado en otro asiento de piedra, en silencio, mirando el cielo oscurecerse lentamente. Por un instante, no fuimos herederos de grandes familias, ahogados por las expectativas de un futuro incierto. Solo éramos dos jóvenes, sentados juntos, escuchando cómo el viento jugaba entre las glicinias. Por un instante, todo estaba bien.

El silencio entre nosotros duró apenas un instante más antes de que me decidiera. Tomé la píldora entre mis dedos y, cerrando los ojos, la llevé a mis labios. Bastó un solo toque con la lengua para que se disolviera en una ola de calidez amarga, y al instante siguiente, una oleada de energía espiritual pura se vertió por mis meridianos desgarrados.

Un quejido ahogado escapó de mis labios. Dolía… pero también sanaba. Respiré con dificultad mientras la esencia medicinal recorría mi cuerpo, fundiéndose con mis canales espirituales y comenzando el proceso de restauración. Xu Jin no dijo nada durante un momento. Sólo me observó en silencio, mientras yo refinada y guiaba la esencia medicinal de la píldora a través de mis meridianos.

—Mi padre me habló también hace unos días… —dijo a media voz, sonaba distraído.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 20.02.2026

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