La flor del destino

Toma la píldora, rompe el límite.

*Cambio de perspectiva, Bai Hua*

Comencé a refinar la tanda de píldoras estabilizadoras, no era una receta complicada, tampoco necesita demasiado de mi control, así que cuando la temperatura y los ingredientes fueron establecidos, me centré en cultivar, en un principio cerré los ojos tratando de entender mi estado actualmente.

Me había elevado de Dios dorado etapa inicial de una estrella a dios dorado de estapa intermedia de dos estrellas, ahora era un fénix arcoiris de ocho colores. Mi plumaje antes anaranjado, se hizo blanco puro brillando en ocho colores al reflejarse la luz, más grande, más digno.

—Si no temiera destrozar la torre, probaría a usar mi forma original.

Tras unos días de refinación las píldoras estuvieron listas sin ningún contratiempo. Me tomé una y comencé hacer fluir mi energía interna para equilibrar y establecer mis bases.

*Cambio de perspectiva, Xu Jin*

Veinte años más tarde, Treinta años totales de reclusión.

El tiempo en la Cumbre del Rayo Eterno no se medía en días, sino en el número de veces que mi corazón se detenía y volvía a latir tras un impacto. Mi cuerpo ya no se sentía como carne y hueso, sino como una amalgama de metal y tormenta.

El látigo de rayos celestiales de mi abuelo restalló con un rugido que habría desintegrado a un ejército de inmortales. El golpe aterrizó de lleno en mi pecho, pero esta vez, el sonido no fue de carne desgarrándose. Fue un clink metálico, como si un rayo hubiera golpeado una montaña de diamante.

—¡Tch! —el viejo Feng Tian bajó el brazo, mirando su látigo con evidente fastidio—. Ya no sirve de nada. Pegarte con esto es como intentar azotar a una estatua de hierro divino.

Me solté de las cadenas, que ahora se deshacían como mantequilla bajo el calor de mi piel. Mis ojos, siempre grises, ahora emitían un fulgor azulado constante, y cada vez que respiraba, el aire a mi alrededor se electrificaba.

—Te has vuelto débil, Yeye —dije, estirando los hombros. El dolor seguía ahí, pero ahora era solo ruido de fondo, un viejo amigo—. ¿Eso es todo lo que el Gran Dios de la Guerra tiene para ofrecer?

El viejo soltó una carcajada ronca, una que hizo que los pilares de la cueva temblaran. Tiró el látigo al suelo y su aura explotó, llenando la cueva con una presión tan pesada que el suelo bajo mis pies se agrietó.

—Has endurecido el caparazón, cachorro. Pero ahora voy a ver si el espíritu que hay dentro es igual de duro. ¡En guardia!

No hubo advertencia. Se lanzó hacia mí como un cometa. Durante las siguientes horas, no hubo entrenamiento, solo una guerra de desgaste. Luchamos con los puños desnudos, cada choque de nuestros antebrazos enviaba ondas de choque que hacían llover rocas del techo. Yo era un inmortal iluminado de etapa completa, un nivel que me habría coronado como un prodigio en cualquier reino, pero frente a él, seguía siendo un aprendiz.

Él me golpeó en el estómago, mandándome a estrellar contra la pared de la cueva. Escupí sangre, pero me puse en pie antes de que él pudiera aterrizar.

—¡Suficiente! —rugió él, deteniéndose en medio del estanque de rayos—. Estás estancado, Jin’er. Tu base está al límite, pero tus meridianos no pueden sostener la transición al nivel de Dios. Si intentas forzarlo ahora, tus canales espirituales se convertirán en cenizas.

Señaló con un dedo huesudo hacia mi túnica, donde el brillo de la caja de jade era casi cegador.

—Tómala. Ahora. El choque de la energía de esa píldora y mi presión de combate te obligarán a romper la barrera. O asciendes a Dios hoy, o este estanque será tu tumba.

Saqué la Píldora del Dragón Cian. La miré por un segundo, recordando la palidez de Bai Hua al entregármela. Ella ya debía estar rompiendo sus límites y haciéndose más fuerte, estaba convencido de ello.

—Yeye ¿En que nivel crees que este ella?

Pregunté distraído mirando la píldora con el ceño fruncido, durante la guerra entre inmortales y el reino de la luna vi su poder, pero no sabría decir con seguridad en qué nivel estaba.

—Cuando luché con esa mocosa, su poder era equiparable al mío un dios dorado. Ahora mismo estará entrenando. Cuando salga, creo que podría llegar al nivel de gran dios dorado.

—Maldita sea... estoy muy por detrás.

—No te sientas mal cachorro, lo que esa mocosa cultiva es muy distinto a tu sistema de cultivación. Además esa maldita mocosa tiene un poder de linaje aún más puro que el nuestro.

—Si no puedo alcanzar el nivel de Dios aquí —murmuré, apretando la píldora—, nunca podré estar a la par...—Me tragué la píldora de un golpe.

El efecto fue instantáneo. No fue calor, fue un incendio forestal que estalló en mi dantian. La esencia vital de Bai Hua —fría, elegante y vasta como el Caos— chocó frontalmente con mi rayo agresivo y destructor. Mis meridianos vibraron violentamente, amenazando con estallar. Podía oler los latidos salvajes de mi corazón en mis oídos, sentía que no podía respirar y que mi cuerpo iba a colapsar, el sudor frío no tardó en hacerse visible.

—¡No dejes que se disperse! —gritó mi abuelo, lanzándose de nuevo al ataque para mantenerme en tensión—. ¡Domina el flujo o muere!

Rugí de dolor y poder mientras mi aura empezaba a cambiar de un azul eléctrico a un cobalto pálido. Estaba rompiendo la membrana entre lo inmortal y lo divino. Mientras mi abuelo trataba de matarme atacando sin reservas, yo luché con todo lo que tenía para evitarlos.

—¡Siente el flujo a través de tus meridianos, Jin Yan! ¡Siente, no pienses! — dijo casi golpeando mi cabeza con una patada alta.

—¡Es más fácil decirlo que hacerlo! —dije esquivando por un microsegundo.

No recuerdaba cuando tiempo pasé luchando bajo la gran presión de mi abuelo. Recibí tantos golpes que perdí la cuenta, cortes, moratones, lo que quedaba de mis ropas se rajaron en jirones aún peores, acabé con el torso desnudo y unos pantalones rotos. Heridas por todas partes, dos costillas rotas antes de que mi cuerpo comenzara a brillar en rayos de un azul cobalto más consistente, más estable, listo.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 20.02.2026

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