La flor del destino

Familia

*Cambio de perspectiva, Bai Hua*

El jardín espiritual de la mansión flotante estaba en calma. A mi alrededor, las flores de loto invernal se imponían bellamente en medio del pequeño estanque en mitad, el cielo era azul, despejado, el sol brillaba con fuerza y pequeñas aves pasaban ocasionalmente. Pero no me detuve a observar la escena, con la espada en mano, practicaba bajo la aguda mirada de mi abuela. Mi manejo de las doce lunas del inframundo había mejorado medio paso, aunque bajo el escrutinio de mi abuela no era suficiente, aún.

—Más lento —dijo la voz elegante de mi abuela comodamente sentada mientras bebía té con toda la calma del mundo—. Siente la intención antes que la velocidad.

Asentí y me concentré. Mis pies deslizaban sobre el césped perfumado como si flotara sobre una nube. Había entrenado incontables horas, pero con Ling Bing, cada movimiento era una conversación con el alma.

Ella, sentada como un retrato divino, bebía té de flor de hielo con una gracia que no podía ser comparable en todos los reinos. Cada sorbo era una obra de arte. Su cabello blanco platino caía como seda mientras observaba con atención y orgullo.

—Muy bien, Hua’er. Tu intención de espada está empezando a mejorar.

Sonreí apenas, exhausta y cubierta en sudor, pero me sentía liviana, era gratificante que todo mi esfuerzo estuviera dando su fruto, incluso si solo era un poco. Mi abuela me sonrió y asintió. Seguí practicando aunque está vez más calmada, con movimientos fluidos y calculados, lentos. Todo era perfecto. Hasta que lo oímos.

—¡¡¡MADRE!!!

El grito desgarrador rompió la calma como una lanza celestial. Una ráfaga de viento torpe barrió todas las plantas del jardín meciendolas con fuerza y apareció ella: mi madre, Mu Xiang, con su hanfu desarreglado, lágrimas pintando su hermoso rostro y expresión de auténtico desconsuelo.

—¡Madre! —gimoteó cayendo de rodillas ante la abuela—. ¡Debes buscar justicia para mí!

Yo congelé la postura con la espada en alto, miré hacia mí madre con cara de desconcierto. Mi abuela alzó una ceja, pero no dijo nada aún. Entendiendo que está situación iba para largo.

—¿Qué ocurre ahora, Xiang’er? —preguntó con tono neutro, sorbiendo otro trago de té.

—¡Bai Zhen! ¡Ese bruto sin alma! —jadeó dramáticamente—. Discutimos porque le dije que sus trajes de entrenamiento estaban mal combinados y él… ¡ÉL ME GRITÓ! —empezó a llorar más fuerte—. ¡Me dijo que no entendía nada de técnicas marciales y me pidió que saliera del campo de práctica!

Me llevé la mano al rostro con exasperación, mi madre siempre había sido muy sensible, y mi padre muy tosco, no es que no la amara, estaba segura de que mi padre daría su vida por mi madre. Pero no sabía ser un compañero dulce y comprensivo. Era práctico y directo, sin malicia pero a veces decía demasiado y acababa haciendo llorar a mi madre.

<<Otra vez no…>>

Mi abuela puso la taza de té sobre la mesa de piedra a su izquierda con un suave clic. El cielo pareció oscurecerse por un instante. Se levantó con lentitud, su energía espiritual fluyendo como una brisa helada.

—¡BAI. ZHEN! —tronó su voz, profunda y poderosa como una diosa ancestral—. ¡Tú niño tonto con cuerpo de general y cerebro de fruta espiritual mal cocida!

El estruendo del golpe contra la mesa resonó como un trueno. La piedra se resquebrajó en el borde. Me sobresalté por un instante, mi madre hizo lo mismo, dejó de llorar en el acto con ojos abiertos como platos. Después de todo¿Cuántas veces la gran transcendental Bai Ling Bing perdía las formas?

—¡Ven aquí ahora mismo o te haré venir en fragmentos!

Yo retrocedí un paso, guardando la espada. Mi madre se levantó y corrió hasta mí agarrando suavemente mi brazo << se avecina el drama>> pensé.

—¡Yo solo quería que se viera bien! —sollozaba mi madre, ahora abrazada a mi brazo—. Solo fue un comentario no una orden...

Ling Bing exhaló, cerrando los ojos. Luego me miró con absoluta calma.

—Volveremos al entrenamiento después de que reprenda a tu padre.

Asentí en silencio mientras ella flotaba majestuosamente fuera del jardín, dejando un leve temblor en el aire tras su paso. Mi madre me soltó y siguió a la abuela, yo me senté sobre la piedra, mirando el cielo.

—Y pensar que todos ellos son al menos seres de más de miles de años y aún se portan como niños…— suspiré.

Apenas unos minutos después de que mi abuela saliera flotando del jardín, el aire cambió. Las nubes sobre la mansión flotante se agruparon como si el cielo supiera que iba a estallar una tormenta… pero no una cualquiera: una tormenta llamada, Ling Bing.

Me asomé con discreción al borde de la mansión flotante mirando hacia abajo. El sonido de pasos apresurados vino desde el pasillo de nubes. Bai Zhen, mi padre, apareció con su usual porte marcial aunque claramente confundido en el patio donde la abuela y mi madre eran pequeñas motas a mis ojos debido a la distancia de altura a pesar de estar sobre ellos.

—¿Madre? —preguntó con una ceja arqueada—. Me dijeron que me llamaste con urgencia, ¿ocurrió algo?

No hubo palabras. Solo un golpe. No con los puños, claro. Con la puntera de una zapatilla voladora de seda celestial, que rebotó contra su frente con un paf tan perfecto que resonó como una técnica ancestral.

—¡Au! ¡¿Pero y eso por qué?! —se quejó, frotándose la frente.

Mi abuela descendió lentamente desde el aire los pocos metros que le restaban para pisar el suelo de piedra del patio de la mansión imperial del reino de la luna. Mi abuela se veía imponente, con el cabello blanco cayendo tras ella como una cascada sagrada. Su rostro… impasible. Hermosa y terrible.

—¡Bai Zhen. Maldito mocoso! —dijo en tono helado—. ¿Desde cuándo le gritas a tu esposa por tonterías de trajes? ¡¿Desde cuándo una discusión de colores amerita romper el equilibrio espiritual y emocional de una cultivadora de hielo púrpura refinado como Mu Xiang?! ¡Tú, con tus ropajes monocromáticos y tu gusto nulo, hablando de armonía estética!



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 01.03.2026

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