La flor del destino

Salir del fuego

*Cambio de perspectiva, Bai Hua*

Torre espejo de obsidiana, Diez años más tarde...

Las llamas purpúreas que me habían cubierto durante mi metamorfosis comenzaron a bajar su intensidad conforme yo fui recobrando la conciencia lentamente. Sin embargo, no pude abrir los ojos, mi conciencia fue arrastrada por una fuerza poderosa hasta mí mar de consciencia.

Entonces lo vi, mi hueso innato brillando y flotando sobre el océano claro y brillante de mi mar de conciencia, no había demasiado en aquel lugar mío. Un horizonte sin fin entre un cielo azul brillante y despejado y un océano inmenso y calmo, únicamente en medio un pequeño trozo de tierra recubierto de hierba verde y fresca, pequeñas flores salvajes al cobijo de un gran árbol de glicina.

Observé mi hueso, flotando en el aire. Yo sabía de su existencia desde hacía mucho tiempo, sin embargo nunca había tenido la necesidad de descifrar sus secretos. Incluso si se trataba de las técnicas innatas de mi línea de sangre. Aún así, si su aura me había llamado evitando mi despertar, la respuesta era clara. Era el momento.

—Tú me has llamado¿Verdad?

Como esperaba no obtuve respuesta, caminé hacia él por instinto, el corazón martilleando en mi pecho, tenía la sensación de ser atraída, llamada. Alcé la mano para tocarlo, cuando mis dedos rozaron el hueso, oí una voz alta y clara.

—Bienvenida, pequeña sucesora. Llevo mucho tiempo esperando por tí. La última llama que carga con la herencia directa del fénix de la reencarnación.

Abrí los ojos como platos, podía sentir una presencia ancestral, pesada y sabia proveniente de aquel hueso innato.

—Es hora de que tomes lo que te pertenece por derecho...

Se oyó nuevamente a la voz, entonces el hueso brilló con intensidad en una luz dorada, runas antiguas que no pude comprender con solo mirarla, aparecieron, talladas por todo el objeto.

La luz dorada no quemaba, pero se sentía pesada. Era una presión que se extendía desde mi conciencia hasta mis huesos físicos, como si algo antiguo estuviera reclamando cada fibra de mi existencia. Las runas comenzaron a moverse.

No giraban ni flotaban: se hundían lentamente, una a una, desprendiéndose del hueso innato para caer en el océano de mi mar de conciencia. Cada runa que tocaba el agua provocaba ondas lentas, profundas, que se expandían hasta el horizonte.

—No intentes comprenderlas todavía —dijo la voz, grave, paciente— la reencarnación no se aprende, se entiende.

Sentí un tirón en el pecho. Mi respiración se volvió irregular, de pronto, el cielo azul se oscureció. No por una amenaza sino por una demostración. Una ilusión que la voz ancestral me mostraba.

Vi fuego, no llamas caóticas, sino un fuego sereno, absoluto, que consumía mundos enteros sin odio ni misericordia. Vi un fénix caer envuelto en cenizas y levantarse de ellas una y otra vez, cada vez distinto, cada vez más puro. No había dolor en esa destrucción, solo renacimiento.

—El fénix de la reencarnación, no sigue lo correcto o incorrecto, ni la vida ni la muerte —continuó la voz—. No salva pero tampoco mata. No obedece a los cielos ni al abismo. Arde, muere y vuelve a alzarse. Ese es su dao. Como usuaria del caos entiendes los principios del Ying-Yang de ahí formas el caos. ¿Pero comprendes el Ying-Yang de verdad? ¿La verdad de la vida y muerte? ¿De la luz y la oscuridad? Para entender tu legado, debes entender la reencarnación. Busca la iluminación.

—¿No es solo nacer, morir y renacer como un ciclo?

—Ese es solo el término básico, toma de ejemplo la lluvia, nace en los cielos, cae en el aire y muere en la tierra. Se evapora 'renaciendo' y regresa a los cielos en las nubes.

El océano de mi mar de conciencia se agitó suavemente. La imagen cambió. Vi montañas erosionarse hasta convertirse en polvo. Vi ríos secarse… y volver a fluir siglos después. Vi estrellas apagarse y, de sus restos, nacer nuevas luces. Nada permanecía. Nada desaparecía del todo.

—La reencarnación no es un ciclo cerrado —continuó—. Es una transición. Un movimiento constante entre estados. La vida no es el principio. La muerte no es el final. Son solo puertas.

Sentí un estremecimiento recorrerme la espalda.

—Entonces… —susurré— ¿qué soy yo?

El silencio se alargó un instante, pesado.

—Eres equilibrio —respondió finalmente—. Mientras los demás temen a la muerte o se aferran a la vida, tú existes entre ambas. No perteneces a un estado fijo.

El árbol de glicinia frente a mí perdió todas sus flores de golpe. Los pétalos cayeron… y antes de tocar el suelo, se deshicieron en luz, volviendo a brotar de las ramas en el mismo instante.

—Por eso los cielos te temen —dijo la voz con calma absoluta—. Porque no pueden juzgar lo que no pueden encerrar en sus leyes.

Apreté los puños.

—¿Entonces que debo hacer?

—No te adelantes —corrigió—. Debes aceptar dejar de temer lo que eres, lo que serás. El fénix de la reencarnación no busca la destrucción ni la salvación. No Busca bien ni mal. Busca la comprensión total del tránsito, estabilidad, punto medio.

El hueso innato vibró con fuerza. Una runa descendió lentamente hasta posarse frente a mí, suspendida en el aire.

—Cuando comprendas de verdad la vida y la muerte —dijo la voz— el poder de la reencarnación y todas sus técnicas de herencia, serán tuyas. Pero eso no sucederá hoy.

Extendí la mano, dudé un instante… y toqué la runa. El mundo se rompió en luz.

—¿Que necesito?

—Ya te lo he dicho, iluminación.

—¿Y como consigo eso?

—Experiencia, reflexión, profundiza y analiza en tus vivencias, ahí hallarás tus respuestas.

Entonces, en ese instante la voz me dejó sola. Miré mi reflejo en el agua, con el ceño fruncido en confusión. Miré mi reflejo en el agua. El rostro que me devolvía la superficie era el de siempre, joven, intacto… y, sin embargo, algo había cambiado.

No era poder. No era conocimiento. Era la sensación de haber sido vista por algo que trascendía el tiempo.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 01.03.2026

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