La flor del destino

Soborno a base de caramelos

*Cambio de perspectiva, Xu Ling'er*

Desde aquel día que mi padre me había negado enseñarme, lo evadía. Llevaba evitándolo dos semanas completas, en una ocasión trató de abrazarme y pateé su espinilla. Pasaba la mayor parte del tiempo haciendo travesuras o con mamá. Incluso paseaba y reía con los ancianos y estudiantes de la secta, menos con él.

Él me había dicho que era muy joven para enseñarme de verdad así que decidí que Xu Yao Chen ya no existía. Para mí, ahora era simplemente un mueble más del salón principal.

Estaba sentada en el jardín de lotos, ignorando el libro de caligrafía que tenía frente a mí. Escuché sus pasos. Eran pesados y seguros, los pasos de un Patriarca, pero para mí eran solo ruido ambiental.

—Ling'er —dijo, deteniéndose a unos metros—. ¿Sigues enfadada?

No respondí. Seguí mirando una hormiga que transportaba una migaja de pan. La hormiga era más interesante que el hombre más poderoso de la secta.

—He hablado con tu madre —continuó él, intentando acercarse un paso—. Quizás podamos empezar con algunos ejercicios de respiración.

Me levanté con toda la dignidad que mis piernas cortas me permitían. Sin mirarlo, recogí mi túnica, giré sobre mis talones y caminé en dirección opuesta.

—¡Ling'er! —me llamó, esta vez con un tono de súplica—. No puedes ignorarme para siempre. Soy tu padre.

Me detuve un segundo. Solo un segundo. Vi un arbusto de bayas a mi lado, tomé una y me la metí en la boca. Luego, seguí caminando como si el aire hubiera emitido un sonido molesto pero irrelevante. Me crucé con el Anciano De en el pasillo.

—Buenos días, pequeña señorita. ¿Ha visto al Patriarca? Lo estoy buscando para la reunión de ancianos.

Me detuve, lo miré a los ojos con la expresión más seria que pude fingir y señalé con el dedo hacia el jarrón de porcelana que estaba en la esquina.

—El Patriarca no está, abuelo De —dije con voz clara—. Pero ese jarrón se le parece mucho. Quizás pueda darle el informe a él.

El Anciano De se quedó con la boca abierta, mirando al jarrón y luego a mi padre, que estaba de pie en el jardín con cara de querer que la tierra se lo tragara.

Pasé por el lado de mi padre una vez más para ir a buscar a mamá. Cuando estuve lo suficientemente cerca, simplemente tarareé una canción y miré hacia el cielo, asegurándome de que supiera que el sol era mucho más digno de mi atención que él.

—Dos semanas —murmuró mi padre detrás de mí, con un suspiro de derrota—. Lleva dos semanas tratándome como a un fantasma.

—Es una Xu, Patriarca —se rió el Anciano De desde lejos—. Tienen la memoria larga y el orgullo alto.

Yao Chen sacudió su cabeza y caminó por el jardín con el anciano. Mientras yo caminé por la secta, sintiendo un deje de envidia. Los compañeros de secta aprendían cosas cada día, leían pergaminos, aprendían artes marciales, manejo de espada, como cultivar y sentir energía espiritual.

Miré mi pequeña mano y luego la cerré en un puño, desde muy pequeña mostré talento. Caminé antes del año, mi juguete favorito fue una espada de madera, aprendí por mi misma absorber energía espiritual y antes de cumplir los cinco años ya estaba en la etapa de refinación de etapa.

—Y aún así no me dejan aprender... —Gruñí frustrada y pateé una piedra. — odio a papá ¡Hmm! — sentencié cruzándome de brazos mientras caminaba.

—Creí que papá era tú favorito.

—¡Ya no, yo..! —dije por impulso, luego me detuve y me giré. —¡Mami! —corrí hacia ella abrazando su pierna. —te estaba buscando.

—¿A sí?

Asentí, sonriendo.

—¿Puedo pasar el día contigo?

—Claro que sí.

Me cargó en brazos y comenzó a llevarme a nuestra casa dentro de la secta, un edificio grande y elegante, mamá me cargó todo el camino hasta que llegamos y me dejó en el suelo cuando llegamos al patio. Corrí por el jardín oliendo el aroma de las flores.

—¿Te apetece que te enseñe a tocar el guzheng hoy?

—¡Sí!

Al día siguiente...

No hacía mucho que acababa de despertarme, había desayunado y caminaba por la secta lista para jugar un rato, en lo que mamá terminaba de dar clases de espada a los shixions y shijies. Sin embargo una voz a mi espalda mientras paseaba cerca del estanque de lotos me detuvo.

—¡Ling'er, detente ahí mismo! —la voz de mi padre resonó por el pasillo de madera de sándalo.

Lo escuché venir, así que aceleré el paso, ocultándome detrás de la túnica del Anciano De, que pasaba por allí con un fajo de pergaminos. Me asomé solo un poquito, lo suficiente para sacarle la lengua antes de volver a esconderme.

—Anciano De, dígale al Patriarca que no estoy —susurré, tirando de su manga—. Dígale que me he convertido en una mariposa y me he ido volando muy lejos.

El pobre anciano miró a mi padre, que se detuvo a unos metros con cara de derrota, y luego me miró a mí. Estaba entre la espada y la pared, pero como todos en la secta, ya había sido domado por mis "ojitos de súplica".

—Ehm... Patriarca... la mariposa dice que... bueno, que no está disponible hoy —balbuceó el Anciano De, rascándose la cabeza.

Mi padre suspiró, frotándose el puente de la nariz. Se veía cansado, pero yo seguía ofendida. ¡Me había dicho que era "muy pequeña" para aprender la técnica de la Palma de Viento! Si podía derribar un jarrón con un estornudo de energía, ¡podía aprender lo que fuera!

—Está bien, me rindo —dijo él, bajando los hombros—. He traído algo de la ciudad. Pero supongo que como Ling'er no está, tendré que dárselo a los discípulos externos...

Mis orejas se animaron. Regalos.

—Es una lástima —continuó, sacando deliberadamente una cajita de madera lacada de su manga—. Son caramelos de miel de montaña y esencia de bayas de nieve. Crujientes por fuera, blandos por dentro...

Sentí que se me hacía agua la boca. Mi resolución de dos semanas empezó a tambalearse como un flan. Salí lentamente de detrás del Anciano De, cruzando mis pequeños brazos sobre el pecho y frunciendo el ceño lo más fuerte que pude para que no creyera que era fácil de convencer.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 01.03.2026

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