La flor y el vidrio.

Capítulo 1.

—¡Jade! —rugió un señor cuarentón—. ¡Cuando te encuentre, te mataré!

—Sr. Wisteria, deberíamos detener la búsqueda por hoy —sugirió un periodista.

—Vago —dijo, agarrando el cuello de la camisa al periodista—. No paremos hasta encontrarla, eres periodista ¿Te da pereza hacer tú trabajo? —preguntó enojado—. ¿Tu grabas los peores momentos es cuando la situación es fácil de acceder?

—Pero está desaparecida desde hace dos meses y no ha habido ningún rastro de ella, es imposible ubicarla....

—¡Cállate!

El periodista tomó silencio, el Sr. Wisteria soltó la camisa y se pasó la mano por su cabello.

—Jade, hija mía... papá te extraña —murmuró, dejando caer una gota de dolor sobre su mejilla.

Jade...

Sentí el murmuro de mi padre, Pero ese murmuro es lejano, que está rodeado de unos susurros, lo que me hizo despertarme.

—Su majestad, ¿Cómo que no la matará? —preguntó un señor—. Esta mujer puede ser una espía.

«¿En dónde estoy? ¿Por qué no estoy en la casa?»

—Acaba de despertar, no puedo matarla sin saber nada de esta —dijo con una voz tan firme que me estremeció.

Al mirar a mi alrededor, noté que estaba en un salón enorme, lleno de personas y glamuroso, al frente, estaba sentado un hombre en un trono, él se levantó y se dirigió a mí. Quedé paralizada, su gran altura me intimidaba.

—¿Cómo te llamas?

—Jade.

—Contesta, Jade ¿A qué vienes a hacer en mi imperio?

—¿Imperio? No vine a hacer nada —dije mientras me levantaba—. No sé en dónde estoy —murmuré.

El hombre entrecerró los ojos y se agachó hasta llegar a mi altura.

—Se sincera.

—Estoy siendo totalmente sincera —declaré, mi voz temblaba mucho como para ser sincera—. No estoy mintiendo, lo juro.

—¿De qué familia eres parte?

—Me apellido Wisteria.

El salón, que antes emanaba susurros, ahora quedó en silencio, el señor que lo acompañaba se sorprendió.

—¿Wisteria? —preguntó.

—Sí.

—¿Compartes apellido conmigo?

—¿Ah?

—Lo que escuchaste.

—Es que no escuché nada, perdón.

—Repito, ¿Compartes apellido conmigo? —dijo—. Según los registros de la familia, soy hijo mayor, no tengo una hermana y no existe una chica llamada Jade.

—¿Wisteria es un apellido imperial?

—Sí. Ahora dime, ¿Eres la consecuencia de un amorío de mi padre? —preguntó—. Porque no hay manera de que te apellides Wisteria sin tener sangre imperial. ¿No estás jugando conmigo?

—Lo juro su majestad, no estoy mintiendo.

—Estoy cansado —suspiró y siguió adelante.

Seguidamente suspiré fuerte después de él, sentí una ola de alivio recorrer por mi cuerpo.

—Ve también a descansar —añadió antes de irse.

—Se lo agradezco mucho, emperador.

—Señorita... Wisteria, eh... Sígame para llevarla a su habitación.

Lo seguí hacia la habitación, los pasillos eran elegantes y tenían estatuas de dioses en sus muros.

—Aquí será habitación.

—Muchas gracias.

El señor de la corte asintió y se retiró. Y me dejé atrapar por la cama.

«¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué aquí? ¿Quién es este hombre que se apellida Wisteria?»

Y me quedé pensando, la luz azul de la noche me llenaba de calma. Pero, las ventanas se abrieron de golpe por el aire.

«¿Me levanto? No quiero. Tengo flojera»

Seguidamente, un ruido resonó por los pasillos fuera de la habitación.

«Dejemos la vagancia, cerremos las ventanas y veo de donde había provenido el ruido»

Me obligué a levantarme, cuando iba a cerrar las ventanas, me encontré con el verdadero entorno que me encontraba frente a las montañas.

—¡Wow...!

El silencio de la habitación fue interrumpido por el toque de la puerta.

—¿Quién es?

—Soy yo —respondió, su voz no resonaba en mi mente, no lo recordaba.

—¿Quién es yo? —pregunté.

—Yo.

Me alejé de la puerta y me escondí en el armario. En la pequeña línea, vi como la persona entró con sus compañeros y armas.

—¿Huyó? —dijo un joven que estaba con él.

«¿Tengo una pistola o algo?»

—No creo.

Rebusqué en mi atuendo, Pero no había nada útil para una situación así, solo tenía un reloj de los clásicos.

«¿Voy a morir? Apenas cumplí los 22 años, quiero ver a mi papá»

—La voz no coincide con la del emperador.

«¿Buscan al emperador? Si les digo, el emperador me matará por traición, o no me mate, porque se murió primero, pero si no les digo me matarán igualmente»

—Aprovechemos para robar las cosas de aquí —dijo el hombre que tocó la puerta—. A todas las personas que encuentren, maten.

—Sí.

«Papá, mamá, hermana, abuelo, abuela, bisabuela, tatarabuelo, ancestro, antepasado, por favor ayúdame, no me quiero morir en manos de ellos ni aquí en este lugar tan desconocido»

Un sirviente entró en la habitación.

—¡Su majes...!

La chica le cortó la cabeza del sirviente con su espada, rápido y fácil. Cayó muerto al suelo en un instante. Quedé paralizada, un mar del miedo se presentó en mí.

Empecé a tener náuseas, me cubrí la boca y cerré los ojos por unos segundos, las lágrimas salían sin control aparente, no me podía mover y temblaba frenéticamente.

La chica clavó la espada en el armario, la espada atravesó la madera, pero también se clavó en mi estómago, siendo una apuñalada implícita. Sentí como una aguja extremadamente fría se clavara en mi piel y no pudiera sacarlo, el impacto me hizo palidecer drásticamente; no tuve tiempo de reaccionar ante la apuñalada.

—Aquí está —dijo el joven, abriendo la puerta, exponiéndome.

—Creí que era el emperador —dijo el joven.

—El emperador no es estúpido —responde la chica.

—Tomémosla como rehén.

Me agarraron por mi cabello y me sacaron de la habitación con brusquedad, los sirvientes salían corriendo, Pero eran alcanzados y masacrados por ellos, rompían los vidrios del palacio y lanzaban los jarrones.



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En el texto hay: romance, drama, crisis existenciales

Editado: 16.01.2026

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