—Srta. Wisteria, el emperador la ha llamado.
—¿A mí?
—sí.
«Me entregaré al calabozo»
Me levanté. Cuando si el primer paso, caí al suelo.
—¿Me ayudan por favor?
—Ahora mismo la ayudo —dijo el consejero.
Él me extendió la mano, me levanté y salí de la habitación con pasos torpes, yendo al salón principal con ayuda del consejero.
Toqué la puerta, mis manos sudaban.
—Adelante.
Abrí las puertas, él estaba sentado en su trono, un trono con una silueta de un ángel llorando, las manos del ángel era el asiento, era majestuoso.
«¿Qué digo primero?»
—¿Cómo está usted?
—Gracias a ti, con una herida en el abdomen.
—Eh... Su majestad...
—Anoche, un grupo de criminales se colaron en el palacio, ya lo sabes.
—Sí.
—Voy a ser sincero, supuse que fuiste tú quien los mandó, incluso pensaba ir a decapitarte —dijo, frunciendo el ceño.
«¿Me iba a decapitar? Prefiero vivir en el calabozo»
—Su majestad, sé que matar es inaceptable, por eso, me entrego al calabozo.
—¿De qué hablas?
—Matar a alguien es inaceptable.
—Si no matas, te matarán.
—¿Entonces? ¿Para qué me llamó?
—No pienso dejarte vivir en el palacio, sin algún costo.
—¿Qué quiere que haga a cambio?
—Depende de tús habilidades, te asignaré una posición.
—De acuerdo.
—Y sobre tú identidad, ya no te estarás llamando Jade, sino vesperian.
—Espera....
El emperador bajó la cabeza, y me miró, un escalofrío me recorrió, sudaba frío.
—Habla —ordenó.
—Por-por ¿Por qué me... cambió el nombre?
—En el imperio es mal visto que una mujer tenga una posición alta.
—Entonces... ¿Tendré una posición alta?
—Eso depende de tú obediencia y habilidad.
—Y... ¿Por qué no me cambia el nombre a Elliot? Es más bonito.
—Dices compartir el apellido Wisteria conmigo y ahora ¿Quieres compartir el nombre también?
—Lo siento su majestad.
«Entonces, el emperador se llama Elliot»
—¿Soy de usted ahora? —añadí.
—¿A qué viene tú comentario?
—Usted me cambió la identidad, ahora soy de usted.
—Que te cambie el nombre, no significa que eres mía, yo también tengo humanidad.
«Tiene de todo, menos humanidad»
—Pero su majestad, no conozco el imperio ni un poco, será que... ¿Me dejaría salir a ver?
Él arqueó una ceja y se acomodó en el trono.
—¿Cómo te infiltraste?
—Yo no me infiltré, pero tampoco sé cómo llegué hasta acá.
«Yo estaba durmiendo y de la nada aparecí aquí»
—¿Quieres saber en dónde te encontré?
—Sí.
—En el suelo de mis aposentos.
—¿¡Qué!?
—No finjas sorpresa.
—Su majestad, de verdad no tengo la menor idea de cómo llegué a sus aposentos —confesé, mientras me arrodillaba—. Le juro que no tengo ninguna intención mala sobre usted.
—Hablas como si te hubieras acostado conmigo.
«¡Ay! Que mal uso de palabras»
—Bueno, lo que quiero decir es que no tengo intención de...
—Silencio, ya entendí.
Él se levantó y empezó a irse. Pero, se detuvo en el umbral.
—Tienes 2 meses para conocer la capital, bajo mi supervisión.
—De acuerdo.
Cuando salió del salón, me derrumbé al suelo, miré mis manos y luego toqué mí cara.
—Sí trabajo para él... Veré a más personas morir...
«Papá... Quiero volver a casa»
.
.
.
—¡¿Qué?! ¿Jade está desaparecida? —gritó una chica de la edad de jade.
—Sí, ya han pasado 3 meses...
—¿Le contaste a Zack?
—No.
—Sr. Wisteria, le ayudaré a encontrarla.
—Gracias Margot.
—¿Tiene alguna pista para encontrarla?
—No sé si es mi imaginación, pero, soñé que Jade bajaba por las escaleras de un hospital, ella me gritó y se abalanzó sobre mi —dijo con una voz aguda—. Después dijo que se sentía mal y ahí desperté.
—¿Cómo era el hospital?
—Era... Majestuoso, no tengo más palabras para describirlo.
—¡Puede que sea una pista!
—¿Tú crees?
—Bueno... No estoy muy segura.
—Margot, ¿Y sí nunca la vuelvo a ver?
—Entonces tendremos que parar, no puedes seguir dañando tú salud.
.
.
.
—Su majestad, ¿Qué sucede si no tengo la habilidad que usted desee que desarrolle? —pregunté, con la voz un poco menos temblorosa.
—Pregunta después, no tengo tiempo —dijo con un tono brusco—. Y deja de seguirme.
No me había dado cuenta de que lo estaba siguiendo.
—Eh... Bueno... No fue mi intención seguirlo.
—Retírate, ahora.
Solté una risa nerviosa, asentí y me fui corriendo suavemente.
Mientras seguía corriendo, me detuve cuando me encontré a una mujer con trajes y adornos elegantes.
«¡Wow..! Es muy hermosa»
La chica me miró y soltó una pequeña sonrisa.
—¿Estás perdida? —me preguntó.
—Eh... No del todo.
—Te puedo ayudar si gustas, ¿Me podría decir su nombre?
«¿Cuál nombre uso? ¿Jade o vesperian?»
—Bueno... Me llamo Jade.
—¿Jade? ¡Qué bonito nombre! Mi nombre es Sara.
—Un gusto Sara.
—¿A dónde la llevo?
—La verdad, me gustaría a la cocina.
«Tengo demasiada hambre»
—De acuerdo, sígueme.
Mientras la seguía me contaba las historias de los objetos que nos encontrábamos en el camino.
—Por cierto, Srta. Jade ¿De qué familia eres?
Me quedé paralizada por un momento, rápidamente miré un jarrón y lo señalé.
—¡Qué hermoso jarrón!
—Srta. Jade, por favor no ignore mi pregunta.
—Vengo de una familia de muy... Lejos. Lamentablemente el lugar cayó en pedazos.
—¿Un lugar que cayó en pedazos? ¿Te refieres a las tumbas del oro rojo?
«¿Qué nombre es ese? ¿Y dónde queda eso?»
—Bueno... Sí.
—¡Wow..! ¡Jade! El emperador debe saber eso.