—Su majestad, el imperio vecino está solicitando reunirse con usted —me informó mi consejero Edward.
—Déjelos pasar.
«Ya es la cuarta vez que vienen al imperio»
Las puertas se abrieron. El rey entró junto con sus soldados.
—Saludos a usted, Emperador Wisteria.
—¿A qué vienes, Mirkael?
—Bueno, usted sabe que nuestro imperio es reconocido por las mujeres hermosas que hay allí.
—Ve directo al grano.
—Bueno... Nuestro imperio está mayoritariamente poblado de mujeres, nos gustaría que nos ayudara.
—¿Quieres que envíe hombres a tú imperio?
—Eh... Sí...
—¿Y sí nacen más niñas? ¿Qué van a hacer?
—Bueno... Eh... Tendremos que expandir más el imperio para las mujeres.
—Simplemente asesinen a cierta cantidad de mujeres —sugerí, mientras miraba un informe de gastos médicos.
«Gasté medio barril de medicinas para la Srta. Wisteria, espero que valga la pena gastar por ella»
—¿Asesinarlas? —preguntó angustiado.
—Y los hombres que alguna vez tuvieron hijos varones, haz que tengan más hijos —añadí—. Pero también escuché que tienes la costumbre de acostarte con las mujeres del imperio, si tienes hijos varones, haz que tengan hijos.
—Pero su majestad...
—Esa es la única solución. No enviaré hombres a tú imperio.
—No podemos asesinarlas así.
—Entonces quédense como están ahora.
—¿Quiere una guerra con nuestro imperio? —Alzó la voz.
Dejé de mirar el informe en cuanto lo escuché alzar la voz, miré hacia abajo, dónde Mirkael se encontraba.
—Soy un imperio vecino, no el sustento de su imperio. Los problemas su imperio que lo resuelva su emperador —confesé, volviendo nuevamente al informe.
«Su imperio está en guerra y tienen las agallas de amenazarme»
—Ya lárgate —ordené.
Mirkael se retiró del salón con pasos lentos. Cuando el salón se silenció, dejé caer el informe al suelo.
«Comencé de mirar borroso, otra vez...»
Cerré los ojos por un momento y me acomodé sobre el trono. Escuché unos gritos que provenían de la zona inferior de el palacio.
«Ahora vienen a molestar en mi momento de descanso»
Me levanté del trono, tomé mi daga y marché directamente a la zona inferior. En el camino, oí una voz de una dama que, por su timbre la reconocí.
—¿Ahora qué le vamos a decir al emperador? —preguntó Diana con un tono desesperado.
—No sé... Mejor ocultemoslo —sugirió Yesika
«¿Ahora que me quieren ocultar estas dos?»
Me acerqué a ellas por detrás y me agaché para estar a su estatura.
—Diganme de una vez, ¿Que me ocultan? —pregunté, apunté a la espalda de Yesika con la daga sin que se de cuenta.
—¿Su majestad? —exclamaron, los ojos de diana se dilataron. Y la piel de Yesika se puso pálida como el reflejo de una espada en la posición del sol—. ¿Qué hace usted aqu...?
Diana le cubrió la boca de Yesika, arqueé la ceja ante el comentario falta de educación de Yesika.
«¿Ahora tengo que explicar que hago?»
Apreté el mango de la daga con fuerza y trazé una una marca en la espalda descubierta de Yesika.
—Es mi palacio, yo no necesito tú permiso para ir a donde quiera.
—Lo siento mucho, su majes...
—Ya tienes dos trazos por ocultarme cosa, Yesika. A la tercera, no será un trazo, sino que cortaré tu lengua —advertí—. Si no quieres perder la lengua, entonces deja de ocultarme cosas.
—De acuerdo...
—Su alteza, la Srta. Wisteria se ha lanzado al lago —informó Diana, sus hombros estaban algo tensos.
—¿Ustedes estaban con ella?
—Sí... Su alteza.
«Si sabría que ella iba a intentar quitarse la vida, no hubiera sacrificado medio barril de medicinas»
—¿Y por qué tomó la decisión de lanzarse?
—No lo sabemos, su majestad.
—¿Qué sucedió exactamente?
Ninguna se atrevió a hablar.
—Hablen, ahora.
—Diana quería comprobar si la sangre de de la señorita es auténtica —confesó, mientras que sus manos temblorosas jugueteanban con su vestido—. Pero al ver la daga, empezó a llorar y a repetir que no era su intención y se lanzó al lago.
«Pueden ser voces de su cabeza. Pero, la voces no aparecerían de la nada»
—¿Qué no era su intención?
—Al parecer mató a alguien.
«¿Será la culpa? Hace tiempo que no me encontraba con este tipo de situación»
—¿En dónde se encuentra la Srta. Wisteria?
—Se encuentra en la habitación.
Mientras me dirigía a la habitación, me percaté de la presencia de Sara en frente de la puerta.
—¿Qué haces aquí?
—Saludos, su majestad.
—Pregunté que haces aquí.
—Bueno... Escuché que la Srta. Wisteria está en esta habitación inconsciente.
—No responde a mi pregunta.
La dejé de un lado. Abrí la puerta y entré. La Srta. Wisteria yacía en la cama, consciente.
—¿Su majestad...?
Escuchar su voz me dio rabia. Mi tolerancia ya había llegado al límite. Me acerqué a ella, la agarré del cuello y apunté con mi daga.
—Eres inútil, no puedes simplemente quedarte viva y consiente, ¿Tienes tantas ganas de morir?
—No, su majestad-
—Puedo cumplir tu deseso sin ningún tipo de problema.
Veía manchas de colores intensos y demasiada luz. La solté y me retiré de la habitación.
—¡Guardias!
Ninguno se presentó ante mí. Me acerqué al balcón, los guardias estaban abajo, junto unas mujeres, que, analizando sus rasgos. No son de aquí. Me dirigí al salón, pero, al abrir la puerta. Estaba todo desordenado.
«Parece que son espías.»
Me siento en mi trono. Luego, después de 3 minutos, las chicas desconocidas entraron al salón.
—Ustedes, ¿Quienes son?
—Somos las chicas de las estrellas.
—¿Oh? Nunca he oído de eso.
Una de las chicas se acerca a mí.
—Es porque venimos de la tierra del sur —dijo, tocándome el rostro.