La forja del Dragón

Capítulo 6: El Bosque de las Dos Caras

En el extremo del bosque donde se encontraba el grupo de exploración, una ola de preocupación e incertidumbre se colaba en sus mentes: el bosque tenía dos caras.

Habiendo sellado una alianza con el líder de los dragones, Tsukigane, se les encomendaba una misión doble: abordar la auténtica naturaleza del bosque y gestionar el envío del equipo médico para examinar y tratar a los dragones en peligro. Aunque las tensiones anteriores quedaron atrás y los jóvenes de ambos clanes conectaron de una forma muy peculiar, este asunto podría torcerse si no se trataba con cuidado; además, no podían intentar ninguna treta, pues los dragones tenían el poder de leer el corazón.

Draco miró al cielo y sentenció: —Chicos, siento pediros esto, pero no será un asunto fácil lo que se avecina. Aunque haya una paz momentánea, nunca debemos subestimar la situación presente.

—Capitán, lo sabemos. Queramos o no, en cierto modo estamos en desventaja física, ¿se refiere a eso? —dijo Tulo, que no había pronunciado palabra en todo el rato.

—Tulo, vas medio equivocado. Fuerza física sí tienen más que nosotros, pero eso no significa que sean invencibles ni que nosotros seamos los más poderosos. Simplemente somos seres diferentes.

—Lo siento, capitán, seguro soné muy cobarde.

Tulo era un guerrero sensible a la naturaleza; fue criado por el clan más cercano al bosque, donde a menudo hablaban de historias de dragones y leyendas. Draco le ofreció venir porque sabía que, al examinar el entorno, Tulo sería como un receptor de información viviente, aunque tenía la peculiaridad de ser tímido y cerrado. No obstante, no había maldad en su corazón.

—Tulo, ya sabes por qué te pedí venir —continuó Draco—. Ahora que estamos fuera, en calma, me gustaría que expusieras lo que viviste en el interior.

Tulo miró hacia abajo mientras sus compañeros lo observaban fijamente, animándolo a hablar. Al ver cómo se tensionaba por momentos, Draco añadió: —Cuando te sientas preparado, habla.

Tulo tragó saliva, cogió aire y rompió su silencio autoimpuesto. —Verá, comandante... si usted arranca los pétalos de una flor, ¿sabía que para ella es como si usted se arrancase el cabello?

—¿Eso qué tiene que ver? —interrumpió Aiden, el hijo del comandante.

—Aiden, silencio. Continúa, Tulo.

—El bosque es un ser vivo; cada parte de él siente. Este tiene la peculiaridad de poseer dos corazones: el que vela por el día y el que vela por la noche.

—Entonces, ¿estás diciendo que el bosque es un organismo viviente? —preguntó Draco sorprendido.

—Sí. Por eso los dragones lo consideran una gran madre.

Sus compañeros se miraron asombrados; ninguno había caído en eso. Aiden, refunfuñando en su interior, pensó: "Bueno, si estuviera vivo, ¿por qué no nos atacó?". Draco le estiró la oreja a su hijo y le advirtió: —Si vas a decir algo, que sea en voz alta.

—El joven maestro tiene razón en esa duda —intervino Tulo.

—¡Oh! Ahora tienes oídos supersónicos —soltó Aiden, ganándose un coscorrón de su padre.

—Si no escuchas con respeto, sé de uno que se lo pasará en un sitio muy desagradable, y sabes perfectamente de qué lugar hablo.

—Vale, vale... lo siento, Tulo —murmuró Aiden.

Tulo sonrió levemente. —El bosque no atacó por una razón simple: no debe querer intervenir en las decisiones, manteniéndose neutral.

—Gracias, Tulo —concluyó Draco—. Con esto ya tenemos recopilada bastante información. Procederemos a la reunión de emergencia.

Nada más llegar a su tierra, Draco convocó la reunión. Se reunieron Augusto, jefe de la unidad mágica de medicina, junto a sus ayudantes; los líderes de la unidad de élite y asalto; y el sacerdote del templo, Conrad. No fue fácil reunirlos; algunos clanes se quejaban afirmando que tales criaturas no merecían recursos sin dar nada a cambio, ignorando que el poder de los dragones no se puede subestimar, incluso estando vulnerables. Precisamente el ser más débil es el más peligroso, porque lo da todo sin pensar en las consecuencias.

Una vez reunidos, se explicó la situación en detalle. La conclusión fue prestar solo ayuda medicinal y entrenamiento para controlar su poder, sin compartir otros conocimientos. Pero el Templo tenía otros planes. Conrad se reunió por separado con Draco: —Sabes que estos seres poseen una sabiduría antigua superior a la nuestra. Si pudiéramos estar en comunión total, la isla estaría más a salvo de nuevas amenazas. Enseñarles nuestro conocimiento podría crear una conexión única y más fiable que un simple pacto.

Draco entendía el punto; una paz en todos los niveles beneficiaría a ambos. Además, recordó que su hijo Aiden y Faren, el hijo de Tsukigane, habían conectado de forma peculiar. —Entiendo perfectamente su postura —respondió Draco tras coger aire—, pero ya hicimos la votación. Quizás con el tiempo y sin forzar las cosas, esto cambie.

—Pero señor Draco...

Mientras charlaban, Aiden escuchaba escondido. —Vaya panda de cobardes egoístas —refunfuñó—. Solo tienen miedo y no se atreven a ir más allá. Yo que estuve presente, sinceramente, me da más miedo la gente que los dragones. Además, ¿no leen el corazón? Si actúas de frente, ellos no harán nada.

Al estar en el techo, Aiden resbaló por un descuido. —¿Qué ha sido eso? —preguntó Conrad. —Nada, el viento quizás —disimuló Draco.

Pero el comandante intuyó que alguien los escuchaba. Tras oír tres golpes, salió disparado y atrapó al intruso. —¡Papá, que soy yo!

—Me lo imaginaba... el único capaz de eludir a los guardias y actuar como un centinela tenía que ser mi hijo —dijo Draco mientras le daba un pequeño golpe en la cabeza.

La situación se complicaba. Draco conocía bien el temperamento de Aiden y sabía de lo que era capaz. —Ni se te ocurra ir sin que yo lo sepa. —¡Es un no! —Pero si no he dicho nada... —No. —¿No qué, papá? —Tú ya me estás entendiendo.



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En el texto hay: superacion, magia, magia aventura dragones

Editado: 17.04.2026

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