La forja del Dragón

Capítulo 12: El Despertar de la Sangre y la Ceniz

La ciudad era un escenario de pesadilla. El aire, denso por la tormenta, parecía vibrar con una frecuencia que paralizaba los músculos de Ferran. Tras el impacto, se quedó allí, atrapado en un aturdimiento que le impedía articular palabra. Su corazón martilleaba contra sus costillas, un tambor salvaje marcando el ritmo de un miedo que le helaba la sangre.

—Uff… esto… ¿qué es? —jadeó, con la voz quebrada.

El cielo comenzó a chispear de forma antinatural. Un segundo temblor, más violento que el anterior, avanzaba hacia él como una bestia de energía. La parálisis mental le oprimía el pecho; sabía que debía moverse, pero su cuerpo era una estatua de hielo ante la inminencia del ataque.

—Maldita sea, muévete —rugió para sí mismo, apretando los dientes.

En un arrebato de pura desesperación, Ferran sacó unos clavos del bolsillo. No dudó. Los hundió con fuerza en su pierna, clavándolos hasta encontrar el hueso. El dolor fue una descarga eléctrica que rompió el hechizo de su miedo. Soltó un gemido sordo, mordiéndose el labio inferior con tanta fuerza que supo a hierro, conteniendo el grito para no revelar su posición mientras la lluvia azotaba su rostro, mezclándose con el sudor frío que le recorría la frente.

El dolor funcionó. Su cuerpo respondió.

Empezó a correr, dejando un rastro de sangre que, al tocar el suelo, se perdía entre el agua de la tormenta. Lo que Ferran no percibió —y ni siquiera habría creído si se lo dijeran— es que cada gota de su sangre, al mezclarse con los restos del relámpago rojo en el suelo, creaba una estela de energía repelente. Una barrera invisible, un escudo inconsciente que obligaba al ente mágico a mantener una distancia prudente.

Ferran avanzaba a una velocidad infrahumana, guiado por un instinto visceral que le gritaba que el Templo era su única salvación. Mientras el caos le devoraba la mente —preguntándose por qué nadie más veía el desastre que lo acechaba—, no se dio cuenta de que su propia esencia estaba protegiéndolo de lo que intentaba destruirlo.

En el otro extremo, en el bosque prohibido, un aura dorada impregnó todo el lugar, donde se hallaban ocultas las cenizas de aquellos dragones que perecieron en el ataque custodiando unos huevos misteriosos cubiertos con símbolos de una lengua que ni un humano podría entender. Era como si el propio bosque despertase de aquel letargo donde se había sumido tras la caída del gran líder de este.



#2220 en Fantasía
#2570 en Otros
#233 en Aventura

En el texto hay: superacion, magia, magia aventura dragones

Editado: 30.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.