No sabía que mirarte iba a convertirse en costumbre. Ni que tu sonrisa iba a acomodarse tan fácil en mis días.
Éramos dos chicos jugando a no sentir demasiado, mintiendo con naturalidad cuando alguien preguntaba que éramos.
Yo te quise así: sin pedirte nada, sin prometerte todo, con el miedo escondido debajo de cada caricia.