Hubo un momento exacto en el que supe que eras tú. No fue un beso, ni una confesión tardía.
Fue el silencio. Ese en el que no hacía falta hablar porque tu presencia ya me estaba diciendo todo.
Si este amor dolía, era porque era real. Y aun así, volvería a elegirte en cada versión de mí que aprendió a quererte.