Hay historias que nacen de un sueño, otras de una ilusión y algunas de un dolor que nos cambia la vida para siempre.
La mía comienza con una mujer a la que tuve el privilegio de llamar mamá.
Antes de que existiera la tristeza de su ausencia, existía su presencia. Antes de las preguntas que quedaron sin respuesta, existían los momentos compartidos, las palabras, las enseñanzas y ese amor que, de una manera u otra, deja huellas para toda la vida.
Mi mamá no fue solamente una persona que estuvo en mi vida. Fue parte de mi historia, de mis recuerdos y de la persona en la que me he convertido.
Hoy quiero hablar de ella. Quiero recordar su vida, el amor que nos dio y también aquello que quizá no supimos comprender mientras sucedía.
Quiero hablar de la depresión, de ese sufrimiento que puede ser tan difícil de explicar y que, en ocasiones, permanece escondido detrás de silencios que no sabemos interpretar.
Pero no quiero comenzar por su final.
Quiero comenzar por ella. Por la mujer que existió antes de convertirse en un recuerdo, por la mamá que amó, que compartió su vida con nosotros y que merece ser recordada por mucho más que el dolor de su partida.
Porque su historia no comienza con su ausencia.
Su historia comienza con su vida.
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Editado: 23.10.2026