Antes de hablar del dolor, de la depresión y de la ausencia que dejó su partida, quiero hablar de ella. De la mujer que fue, de su historia y del amor que sembró en las personas que tuvieron la dicha de conocerla.
Su nombre era Ángela, aunque para mí siempre fue, es y será mi Mami Ángela.
Biológicamente, era mi abuela, la mamá de mi mamá, Yoshuyma. Pero hay vínculos que van mucho más allá de los nombres que les damos a las relaciones familiares. Y el nuestro era uno de ellos. Yo no la veía únicamente como mi abuela: toda mi vida la sentí como mi mamá, esa figura materna que tantas personas sueñan con tener, alguien que te ama, te protege y te hace sentir que siempre tienes un lugar seguro al cual regresar.
Fui su nieta preferida, y nunca me faltó su amor. Me quiso de una manera que yo recuerdo como incondicional, de esas formas de amar que no necesitan grandes explicaciones porque se demuestran en la vida cotidiana, en la cercanía y en la certeza de saber que eres importante para alguien.
Mi Mami Ángela tuvo una sola hija: mi mamá, Yoshuyma. Se casó una sola vez y dedicó gran parte de su vida a cuidar de su familia. No tuvo otros esposos ni otras parejas, según lo que conocí de su historia. Su vida estuvo marcada por una entrega profunda a su hija y también a una vocación que ocupó un lugar muy importante en su corazón: la enseñanza.
Fue profesora de educación especial, una mujer que dedicó su trabajo a niños que necesitaban acompañamiento y atención particular en su aprendizaje. No los veía simplemente como alumnos; los amaba como si fueran sus propios hijos. En sus manos, la enseñanza no era solamente una profesión, sino también una manera de entregar cariño, paciencia y dedicación.
Y así era ella: una mujer que entregaba mucho de sí misma a las personas que amaba.
Cuando pienso en mi Mami Ángela, pienso en esa figura materna que todos quisiéramos tener en algún momento de nuestras vidas. Pienso en el amor que me dio, en el lugar que ocupó en mi corazón y en la huella que dejó en mi manera de entender lo que significa amar a alguien.
Esta es su historia. Pero también es la historia de una niña que encontró en su abuela a una mamá, de una familia que recibió su amor y de una mujer que dedicó su vida a cuidar de los demás.
Y aunque todavía queda mucho por contar sobre ella, quiero comenzar por aquí: por el amor que nos dio, por la persona que fue y por todo aquello que merece ser recordado más allá de su ausencia.
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Editado: 23.10.2026