Mi Mami Ángela nació el 2 de julio de 1955, en Caracas, Venezuela. Fue la hija mayor de cuatro hermanos, hija de Elothys Silva y José Ricardo Loggiodice. Tres de los hijos nacieron de ese matrimonio.
Desde pequeña ocupó un lugar importante dentro de su familia. Sus hermanos menores la respetaban y sus padres la amaban. Con el paso de los años, Ángela se convertiría en uno de esos pilares familiares que, de alguna manera, ayudan a mantener unidos a quienes los rodean.
Su infancia estuvo marcada por una pérdida temprana: la muerte de su papá, José Ricardo, cuando ella todavía era pequeña. Aunque solo pudo compartir con él una parte de su niñez, nunca lo olvidó. A lo largo de su vida nos contó muchas historias sobre él, manteniendo vivo su recuerdo a través de las palabras y de las memorias que guardaba en su corazón.
Pero si hubo una persona cuya presencia permaneció especialmente cerca de ella, incluso cuando la vida las mantuvo en lugares diferentes, fue su mamá, Elothys Silva.
Aunque ambas se encontraban en distintos estados de Venezuela, la distancia nunca impidió que Elothys estuviera presente en la vida de su hija. Jamás dejó de ir a verla. No permitió que los kilómetros se convirtieran en una razón para dejar de compartir, acompañar y mantener vivo ese vínculo entre madre e hija.
Porque hay amores que no dependen de vivir bajo el mismo techo. Amores que encuentran la manera de hacerse presentes, que viajan por carreteras, atraviesan estados y vencen las dificultades para recordarnos que seguimos siendo importantes para alguien.
La relación entre Ángela y su mamá formaba parte de esas raíces que la acompañaron mientras ella misma construía su camino. Y aunque con los años Ángela se convertiría en una mujer independiente, en una hermana respetada y en una madre entregada, siempre tendría una historia que la unía a la mujer que le dio la vida.
A los veinte años, Ángela se casó con Marcos Marchena. De ese matrimonio nació su única hija, Yoshuyma, también en Caracas. Sin embargo, la relación terminó y Ángela continuó su camino dedicada a criar a su hija y a darle lo mejor que podía ofrecerle.
La vida de ambas quedaría profundamente ligada a los llanos de Apure, Venezuela, donde Yoshuyma creció y donde Ángela vivió durante gran parte de su vida. Aquella tierra se convirtió en el escenario de sus días, de sus recuerdos y de una parte esencial de la historia familiar.
Así fue construyendo su vida: siendo hija, hermana y, más tarde, madre. Una mujer que conoció la pérdida desde pequeña, que mantuvo vivo el recuerdo de su padre y que tuvo en su propia madre una presencia que la distancia nunca consiguió borrar.
Mucho antes de que yo llegara a su vida y comenzara a llamarla Mami Ángela, ella ya tenía su propia historia. Una historia hecha de raíces, de familia, de separaciones y de vínculos que resistieron el paso del tiempo.
Y es desde esas raíces desde donde quiero comenzar a contar quién fue ella.
Porque antes de ser mi mamá de corazón, Ángela fue una niña, una hija y una mujer con una vida entera por delante. Una mujer que amó y que fue amada, y cuya historia merece ser contada con toda la verdad, la ternura y el respeto que guarda mi memoria.
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Editado: 23.10.2026