La Fuerza De Mi Mama

Mi Apego a Ella

Las vacaciones junto a Mami Ángela

A partir de aquella etapa, recuerdo las vacaciones escolares que pasaba con Mami Ángela en Caracas, visitando a la abuela Elo. En cada período de vacaciones íbamos a verla, y mi abuela preparaba una serie de actividades para que disfrutáramos de aquellos días en familia.

Uno de los recuerdos más bonitos que conservo de esa época fue nuestro viaje a la playa de Patanemo, en Puerto Cruz. Fue la primera vez que recuerdo haber ido a la playa junto a mis dos hermanos. Según me contó mi mamá, ya habíamos ido anteriormente, cuando éramos muy pequeñas, pero yo no lo recordaba. Por eso, para mí, aquella fue mi primera vez frente al mar.

Mi abuela Elo había organizado aquel viaje con la familia. Yo tendría alrededor de nueve años. Todavía conservo una fotografía de Mami Ángela junto a mis dos hermanos y a mí en aquella playa. Cada vez que pienso en ese momento, vuelve a mi memoria ese hermoso recuerdo de nuestra infancia.

Mami Ángela siempre procuraba llevarme con ella. No me dejaba en casa con mi mamá Yoshuyma, ni siquiera cuando tenía que viajar para hacer alguna diligencia. Si por alguna razón no me llevaba, podía pasar días llorando hasta que regresara. Mi apego hacia ella era tan grande que me costaba estar lejos de su lado. Yo necesitaba tenerla cerca y quería acompañarla a todas partes.

Cuando mi hermano cumplió siete años, se fue a vivir con su abuela paterna, ya que era el único hijo de su padre fallecido. Su abuela era una señora muy dulce, y los fines de semana lo llevaban a nuestra casa para que estuviera con nosotros. Sin embargo, mi hermana y yo continuamos viviendo junto a Mami Ángela, compartiendo con ella nuestros días y creciendo bajo su cuidado.

Todavía recuerdo una ocasión en particular. Mami Ángela tenía que viajar a Caracas porque la abuela Elo había sido hospitalizada por un problema en las piernas. Yo no estaba incluida en aquel viaje, y la idea de quedarme en casa sin ella me resultaba muy difícil. Le rogué y lloré durante todo un día para que me llevara. Finalmente, a última hora, preparó mis maletas y me fui con ella.

Así era mi apego a Mami Ángela: siempre quería estar a su lado, incluso cuando se trataba de un viaje por una situación familiar. No importaba el destino ni el motivo; para mí, lo importante era acompañarla. Desde muy pequeña, ella había sido una presencia constante en mi vida, y separarme de ella, aunque fuera por unos días, me costaba muchísimo.




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