La Fuerza De Mi Mama

Los pequeños grandes momentos junto a Mami Ángela

Me quedan cortas las hojas, las líneas y las palabras para contar cada cosa hermosa que viví junto a Mami Ángela. El apego y el amor que sentía por ella, su manera tan protectora de cuidarme y de estar siempre pendiente de mí son cosas que jamás podré olvidar. Hoy, con solo imaginar aquellos momentos que compartimos, se me hace un nudo en la garganta. Sin embargo, entre las lágrimas también aparece una sonrisa, porque tuve la dicha de vivir a su lado recuerdos que permanecerán conmigo para siempre.

Una de esas memorias que guardo con tanto cariño eran los días en que Mami Ángela cobraba. Esos días se convertían en una ocasión especial para nosotras, porque nos llevaba de compras a Traki, una tienda muy popular en Venezuela. Allí nos compraba ropa y zapatos, y también disfrutábamos de algo que para mí hacía que aquellas salidas fueran todavía más bonitas: comer pizza juntas.

Después pasábamos por la panadería que estaba frente a la fuente, en el bulevar de San Fernando. Recuerdo que comprábamos pan caliente, un jugo California, jamón y queso mozzarella. Son detalles que quizá para otras personas puedan parecer sencillos, pero para mí tienen un valor inmenso. No se trata solamente de las compras o de la comida, sino de aquellos momentos en los que podía compartir con ella, acompañarla y disfrutar de su compañía.

Luego íbamos al supermercado para comprar los víveres. Mami Ángela compraba de todo, siempre pensando primero en nosotras. También nos agregaba dulces, pero decía que nos los iba a administrar, como si así pudiera controlar cuánto comíamos.

Lo que ella no sabía era que yo, con mis travesuras de niña, terminaba encontrando sus escondites. Y no me conformaba con disfrutar de mis dulces a solas: también les repartía a mis amiguitos del barrio. Así, aquellos dulces que Mami Ángela guardaba para que duraran más terminaban compartidos entre los niños con los que jugaba.

Ahora, al recordar aquellas ocurrencias, no puedo evitar sonreír. Qué niña tan traviesa era, y cuántos recuerdos tan bonitos me dejó aquella etapa junto a ella.

A veces, los recuerdos más valiosos no son los que ocurren en ocasiones extraordinarias, sino los que nacen de la rutina, de una salida de compras, de una comida compartida, de un pan recién salido del horno o de unos dulces escondidos en algún rincón de la casa. Para mí, esos momentos forman parte de todo lo que significó Mami Ángela en mi vida.

Y mientras escribo estas líneas, el nudo en mi garganta crece al pensar en cuánto la amé y en cuánto amor recibí de ella. Pero también sonrío, porque cada uno de esos recuerdos es una parte de mi historia que todavía puedo abrazar con el corazón.




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