La Galaxia que Elegimos

Conjunción

A partir de esa noche, parecieron desbloquearse en la vida del otro. Al vivir cerca, empezaron a coincidir por las mismas calles y lugares. En un principio todo fue casualidad, pero con el pasar de los días ya iban juntos a la tienda e incluso platicaban en una placita cercana con algunas bancas, farolas y fuente de estilo colonial.

Los encuentros llegaban a extenderse a otras zonas de la ciudad debido a que Ulises trabajaba ocasionalmente realizando entregas en motocicleta. Fue en una de estas ocasiones que sus caminos volvieron a cruzarse.

Lucas iba caminando de regreso a su cuarto, cargando una bolsa llena de materiales, cuando escuchó a Ulises llamándolo.

—¡Oye, Lucas! —dijo bajando del vehículo al otro lado de la acera.

Al instante, Lucas se detuvo mientras Ulises avanzaba hacia él quitándose el casco.

—¿Vas regreso a tu depa? —preguntó casualmente al alcanzarlo.

—Sí, tengo que hacer un proyecto para mañana.

—Eso explica toda la papelería —mencionó señalando la bolsa—. Aunque supongo que es normal para un futuro maestro.

—Y no has visto todo el material que tengo en mi cuarto —respondió riendo— ¿Estás trabajando?

—Sí, ya solo me faltan algunas entregas.

Hubo un breve silencio, nada incómodo pero donde ambos parecían buscar qué más decir. Pronto, Ulises aclaró la garganta y metió las manos a sus bolsillos.

—Oye, mañana por la noche nos presentamos en el bar «Fuego». Pensé que a lo mejor te gustaría volver a escucharnos. Tocamos a las 10.

Lucas sujetó con fuerza el asa de su bolsa como si de pronto estuviera más pesada.

—Yo… Tengo algunas cosas que hacer, pero… la verdad me encantaría ir —admitió con profunda honestidad incluso para sí mismo.

—¡Genial! —Ulises no pudo evitar soltar una sonrisa—. Apreciaría verte ahí, puedes invitar a tu amigo también.

—Claro, muchas gracias…

Por unos segundos, Lucas miró fijamente a Ulises.

—¿Qué pasa?, ¿Tengo algo en la cara? —preguntó jovialmente.

—¿Ah?, ¡No, no! —las mejillas de Lucas enrojecieron de vergüenza—. Es que estaba pensando que con lo mucho que amas la música estés estudiando administración.

Ulises mantuvo el semblante amable aunque ligeramente impresionado.

—Bueno, es algo complicado que la música por sí sola sea algo seguro, así que, quiero enfocarme en organizar los eventos o ayudar a otros músicos con los suyos.

—Ya veo… —murmuró Lucas fascinado—. No había pensado en todo lo que implica la música.

—En verdad que te gusta aprender cosas nuevas —rio intentando disimular—. Espero que al escucharnos aprendas más.

Antes de que pudieran seguir hablando una suave melodía los interrumpió. Ulises alzó su reloj apagando la alarma.

—Disculpa, tengo que irme. Nos vemos pronto —dijo volviendo en dirección a la motocicleta.

Bye… —respondió Lucas moviendo apenas la mano .

Se quedó de pie un momento más observando como la figura de Ulises se perdía a la lejanía. Pensó en la invitación, en verdad quería ir, pero a la vez sentía que hacerlo implicaba saltar a un abismo. Sus propias palabras invadieron su mente «El mayor aprendizaje está en lo desconocido». Inhaló profundamente y siguió caminando.

*

El día de la presentación, poco antes de las 10, Lucas ya estaba sentado en una esquina del bar. Había llegado demasiado temprano pese dar varias vueltas en su cuarto antes de decidirse a salir. Iba solo, pensó en pedirle a Elías que lo acompañara pero el impulso de aventurarse por sí mismo aquel abismo misterioso fue más fuerte.

Eran los primeros días de febrero, las noches aún eran bastante frías. Por lo que, ahí estaba él, sentado en soledad y envuelto en una chamarra que le quedaba grande.

Arriba en el escenario ya se encontraba la banda haciendo los últimos ajustes. Miró con atención a Ulises dando indicaciones precisas al staff, siempre con una sonrisa en el rostro. Se veía tan seguro de lo que estaba haciendo, integrado a aquel mundo con naturalidad. De pronto, Ulises giró hacia la sala y, al verlo, lo saludó animadamente.

—¡Lucas! —gritó agitando un brazo.

En ese momento, Lucas sintió varias miradas sobre él; incluso desde el escenario. Se encogió de hombros sobre su gigantesca chamarra y levantó apenas la mano para corresponder el saludo.

Al otro lado del bar la escena no pasó desapercibida.

—¿Y ese quién es? —preguntó el vocalista lo suficientemente alto para que la conversación no saliera del escenario.

—Un amigo —respondió Ulises tranquilamente.

—Ajá, un «amigo» al que invitas a venir solo y saludas efusivamente —continuó Sebas con una ceja alzada.

—Le dije que podía traer a alguien —mencionó tranquilo—. Además, le gusta mucho nuestra música.

—Pues se ve muy escuincle para estos lugares —intervino Leo jugando con las baquetas—. A ver si Sebas no lo espanta con su horrible maquillaje —añadió burlón.

Sebas volteó a verlo con el ceño intensamente fruncido.

—Pendejo, me veo divino —respondió acomodando alguno de sus rizos negros—. Más bien, no lo vayas a espantar tú con las repugnantes carotas que haces al tocar.

—¡Ora! Sí es expresión artística.

—¡Ya cállense! —exclamó Iván con el bajo listo—. Le gusta nuestra música, así que, mejor concéntrense en no decepcionar al chico.

—Por favor —agregó Ulises.

—Eso sí… —murmuró el vocalista volviendo la vista al frente.

Tomó aire y sonrió al público como si nada hubiera pasado.

—¡Buenas noches! Gracias por venir, somos «Claro de Luna». Comenzaremos con una canción de nuestro propio repertorio.

Las luces del bar bajaron, dejando resplandecer aquellas que iluminaban el escenario. Hubo aplausos y chiflidos. La música comenzó con el mismo acorde de guitarra que había hecho vibrar a Lucas la vez anterior. La fascinación fue igual o incluso más potente, el rostro se le iluminó al reconocer aquella sensación invadir su cuerpo de nuevo. Y desde lo alto, Ulises observó satisfecho.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.