La Galaxia que Elegimos

Orbita

Después de aquella noche continuaron yendo a la ladera a ver el cielo nocturno. Ya fuera después de un ensayo con la banda o cuando Lucas salía de su trabajo en un club de tareas, si tenían tiempo libre al anochecer iban sin falta.

A los días, incluso empezar a llevar comida y manteles para recostarse y tener una mejor vista. En una de esas noches, Lucas le contó a Ulises sobre su pasatiempo de inventar constelaciones aunque luego no pudiera volver a encontrarlas.

—Es divertido, por ejemplo, mira ahí. Parece la cabeza de un gato —había dicho alegre mientras señalaba las estrellas de la agrupación.

Por más que Ulises inclinó la cabeza de un lado a otro no fue capaz de encontrarle forma.

—¿Un gato? —cuestionó riendo.

Síp… O quizás solo es que extraño a mi gato —respondió con duda tras volver a analizar la curiosa posición de las estrellas.

La ladera no fue el único lugar que visitaban. También, se les empezó a ver en la biblioteca central de la universidad donde estudiaban juntos pese a estudiar carreras diferentes. Aunque en aquellos momentos no podían hablar mucho se divertían con su sola compañía. Para Ulises era entretenido observar como Lucas fruncía las cejas con mucha concentración al leer y elaborar esquemas, intentando absorber toda información; mientras que Lucas quedaba asombrado por la habilidad de Ulises para componer mini canciones de los temas que debía aprender. Pronto, esas reuniones de estudio no se limitaron solo a la biblioteca sino que se extendieron a otros lugares como cafeterías y sus propios departamentos.

Lucas rentaba un cuartito en una casa medio oculta cuesta arriba de un callejón. Apenas si tenía espacio para una cama individual, una pequeña mesa plegable que fungía de escritorio y una mesita de noche; la ropa debía guardarla en cajas debajo de la cama. Tanto la cocina, el baño y el lavabo era compartido con otros cuatro estudiantes a los que apenas veía. Sin embargo, se había esmerado en decorar el cuarto a su gusto con luces, stickers e ilustraciones cósmicas. Un lugar diminuto y algo incómodo, pero era suyo.

Por su parte, gracias a amistades de sus padres, Ulises había podido conseguir un reducido apartamento a pie de calle. Tenía las dimensiones justas para un joven estudiante, inclusive disponía de un cuarto extra a la espera de ser ocupado de alguna forma. Pero, además de algunas reuniones con la banda, solía ser un lugar muy vacío.

Sin embargo, aquellos peculiares departamentos se convirtieron en sus lugares seguros. No solo estudiaban, Lucas en ocasiones invitaba a Ulises a comer cuando su madre le mandaba proporciones exorbitantes de antojitos, y Ulises hacía lo mismo para escuchar música en su Walkman o tocadiscos.

De esto último, descubrieron que ambos disfrutaban el estilo de «la vieja escuela», herencia de sus respectivas familias. Por lo que, empezaron a ir en sus ratos libres a tiendas de antigüedades para buscar libros, cassettes o discos.

—Creo que esta historia te podría gustar —dijo Lucas en una ocasión—. Es una aventura espacial donde los astros son fuente de magia para la galaxia y las personas.

En una salida posterior Ulises le mostró un disco.

—No es mi estilo, pero siento que va contigo.

Sin notarlo, ahora formaban parte de la rutina del otro. No obstante, pese a que la tranquilidad y el entretenimiento era parte inherente de todos sus salidas, había ligeros momentos de quiebre.

En muchas ocasiones, al estudiar, comer o sencillamente distracción algo parecía entristecer o molestar a Lucas cuando revisaba su celular. Y aunque a Ulises lo mataba la curiosidad, presentía que se trataba de algo muy personal que Lucas no le confiaría a alguien que recién conocía, por lo que, guardaba silencio. «Puede que algún día le nazca contarme», pensaba.

Por otro lado, a donde sea que fueran era ley que Ulises se encontrara con un conocido o, por lo menos, una persona que lo conociera a él. Lucas siempre hacía el esfuerzo de integrarse, pero solo terminaba por sentirse ajeno a la conversación, que solía girar en torno a la banda y coquetos discretos hacia Ulises antes los cuales solo podía quedarse quieto con una sonrisa educada.

Entre mucha luz y algunas sombras, continuaron sus días universitarios en medio de libros, música y conversaciones sobre el universo, en una calma que pronto dejaría de ser tan simple.




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