En una noche como otras, tras regresar de una visita a la ladera, ambos se despedían en la plaza cerca de sus departamentos.
—Esa constelación en forma de pato era muy graciosa —mencionó Lucas con una breve carcajada—. Ya empiezas a tener buen ojo.
—Bueno, es más fácil cuando dejas de ser tan estricto con las formas y usas la imaginación —respondió Ulises en el mismo buen humor.
—Es una lástima que ya no podremos ir por un tiempo —dijo cabizbajo—. Con las vacaciones de Semana Santa tan cerca van a dejar montañas de tarea para antes de salir.
—Ni que lo digas… En la banda también tendremos mucho trabajo, pero te prometo que lo primero que haremos al regresar será ir a la ladera —declaró solemne.
Lucas lo miró con grandes ojos de emoción junto a una suave sonrisa que iluminaba su rostro.
—Te lo agradezco mucho —su voz resonó lisa y clara.
En ese momento, Ulises sintió un cálido apretón en el pecho. La imagen completa de Lucas lo descolocó por un segundo.
—Nos vemos. Buenas noches —dijo Lucas dando media vuelta mientras agitaba una mano.
Ulises, atolondrado, tardó unos segundos en reaccionar.
—¡Ah, sí! Descansa…
Se quedó de pie observando a Lucas alejarse hasta convertirse en una sombra. Durante el resto del camino y de la noche actuó en automático, ni siquiera recordaba cómo había llegado a su departamento o en qué momento se puso el pijama. Lo único en lo que podía pensar era en aquella sensación que llegó de pronto al ver a Lucas sonreír tranquilamente y mirarlo con anhelo. Concretando en ese sentimiento se quedó profundamente dormido.
*
Entre sueños, Ulises parecía escuchar una melodía lejana. Le faltaba algo de consistencia y era evidente que estaba incompleta. Sin embargo, sonaba decidida y persistente. Al despertar, con los primeros rayos de sol tocando su cara, se dio cuenta que tarareaba aquella misteriosa canción a la vez que movía los dedos de forma inconsciente.
El cuerpo actuó más rápido que la mente, se levantó y tomó su guitarra junto a un cuaderno. Sentado en la orilla de la cama, empezó a trasladar la melodía del sueño a la realidad. La banda había dicho que sus últimas canciones eran «malas» o «diferentes», pero aquella era completamente distinta a todo lo anterior. El calor dulce del primer día de abril impulsaba su entusiasmo.
Continuó trasladando la melodía e improvisando notas para las partes incompletas. Llegó un punto en que todo pareciera estancarse con las ideas confusas. Pero, como un destello, la imagen de Lucas la noche anterior apareció fugaz y brillante.
—¿Lucas? —murmuró sobre el eco de una nota suspendida.
El silencio invadió la habitación. Afuera los pájaros cantaban, los autos agitaban la calle y fragmentos de conversaciones ajenas iban y venían. Pero para Ulises, en ese instante, lo único que existía en el mundo eran él, la melodía y un hallazgo deslumbrante.
Ulises suspiró profundamente. Siguió tocando.
Las cuerdas ahora arrastraban recuerdos: el momento en que vio a Lucas por primera vez, impresionado por la música; la primera conversación en el bar; su gestos y manías; la manera tan honesta y curiosa con la que observaba el mundo, en especial el universo; sus ojos brillantes y sonrisa suave. Todo ello formó el primer bosquejo de una nueva canción.
Al terminar, cansado y satisfecho, se dejó caer ligeramente de espaldas sobre la cama. Cubrió sus ojos con el antebrazo. La habitación aún vibraba con las últimas notas cuando una enorme sonrisa se apoderó de sus labios.
—Me gusta mucho… —declaró en voz baja, como si temiera romper el encanto del momento.
*
Al anochecer de ese mismo día Lucas se encontraba limpiando su habitación y doblando ropa al mismo tiempo que conversaba con sus amigos por videollamada. Uno de ellos era Elías, mientras que la otra persona era Melisa; la mejor amiga de ambos.
—Entonces, después de terminar su ensayo pasó por mí al Centro de Tareas y nos fuimos para la ladera —contaba casualmente—. Regresamos poquito tarde, así que, me dormí llegando al cuarto. Y hoy solo he hecho quehacer y tarea… Eso ha sido todo mi fin de semana, ¿Y el de ustedes?
—Oh, qué bien —intervino Elías—. El mío fue terrible, ¿sabes? Resulta que quería ir con mi mejor amigo a comer un esquite y resultó que un guitarrista lo había secuestrado. ¿Puedes creerlo? Qué atrevido —dijo con exagerado dramatismo.
Lucas no pudo evitar reír.
—Lo siento, ya tenía el plan con Uli y no podía cancelar. Además, ya te dije que con gusto podemos ir otro día.
—Lo sé, pero ya no tendré más días libres hasta que empiecen las vacaciones y ya quería verte, tengo mucho chismecito que contar, pero ya veo que me reemplazaste —dijo llevándose una mano al pecho.
—¿Qué no fuiste tú el que le dijo que debía hacer más amigos? —intervinó Mel mientras se acomodaba el cabello.
—¡Sí! Pero no creí que fuera tan pronto —exclamó como un berrinche.
En la pantalla, Lucas vio como Mel solo negaba con la cabeza, divertida.