La Galaxia que Elegimos

Inercia

Al regreso de las vacaciones de semana santa, Ulises cumplió su promesa de ir con Lucas a la ladera. Sin embargo, esa fue la última noche que la visitaron, la universidad aumentó violentamente su gravedad como un planeta a punto de aplastarlos.

Las siguientes semanas pasaron igual de rápido que una estrella fugaz. Entre proyectos y exámenes que golpeaban uno tras otro, apenas pudieron verse. Las salidas al mercado y tiendas de antigüedades tuvieron que suspenderse durante ese tiempo. Aún seguían yendo a sus departamentos a comer o estudiar, aunque no con la misma frecuencia de antes. Mantuvieron mayor contacto a través de internet, cada noche revisaban los memes y videos que se enviaban mutuamente.

Con esa nueva dinámica llegó la primera semana de junio. La pesadez del ambiente escolar se iba diluyendo, faltaban pocos días para que su dinámica volviera a la normalidad o eso creían. Un día caluroso de escuela como cualquier otro, el panorama de Lucas dio una rotación drástica que sacudiría su vida.

Estaba en el patio central de la Universidad, sentado en una mesa con amigos y otros compañeros discutiendo el contenido de un examen que acababan de presentar.

—Deberíamos hablar con la coordinación. Es inaceptable que incluyera temas que apenas alcanzamos a revisar y que, por cierto, nosotros expusimos, él nunca explicaba nada —sentenció molesta Dina, una compañera.

Era una chica muy bella pese a que siempre tenía el ceño fruncido. A Lucas le agradaba por la agudeza de sus aportaciones en clases, aunque no estaba seguro de que el sentimiento fuera mutuo. A veces lo miraba severamente y carecía de delicadeza al darle retroalimentación a sus proyectos, pero otras ocasiones lo felicitaba e incluso le pedía hacer equipo «Eres el menos incompetente de todos», solía decir.

—Pues mejor lo dejamos así, y ya si nos pone mala calificación vamos con la coordinación —dijo otro chico.

La respuesta incrementó la presión en el entrecejo de Dina, resoplando irritada. Giró hacia Lucas buscando apoyo.

—Estrada, ¿tú qué piensas que deberíamos hacer?

Lucas, quien hasta entonces se había mantenido callado y hundido en su silla, se enderezó rígido ante las miradas.

—Bueno, yo… Sí pienso que no debió incluir esos temas, pero…

—Los estudiaste por tu cuenta, ¿verdad? —intervino alegremente Ale, un compañero—. Siempre tan responsable. Dina, ya nos hemos esforzado mucho. También creo que debemos esperar a ver las calificaciones, ¿Va? —dijo sonriendo con despreocupación.

La chica rodó los ojos y chasqueó la lengua.

—Ya no hablemos de cosas estresantes —continuó Ale—, mejor veamos lo de la fiesta de fin de semestre. Será algo tranqui, pero debe ser bueno.

El grupito comenzó a compartir ideas sobre comidas, bebidas y locaciones. Algunas de las más extravagantes y otras más accesibles y realistas para la economía de estudiantes foráneos. Lucas aún no estaba seguro de asistir a esa fiesta, por lo que, se limitaba a escuchar con una sonrisa amigable. Todo en ese momento era claro y simple hasta que tocaron el tema de la música.

—Hay una banda local llamada «Claro de luna», son buenos y creo que dan precio especial a eventos de estudiantes —comentó alguien.

—Ah, sí los conozco —mencionó Ale—. Lucas, tu novio es el guitarrista, ¿no?

La tierra pareció detenerse a la vez que giraba a gran velocidad. Inexplicable.

—¿Cómo? —preguntó Lucas, desencajado.

—Sí, el chico que a veces viene en moto por ti.

El semblante de Lucas palideció dejando solo un color intenso en las mejillas.

—Sí-í, es el guitarrista, pero… —la lengua le pesaba— No es mi novio.

Ale ahora también estaba pálido y angustiado.

—¡¿No?!, ¡Perdón! Yo creí que sí… Digo, suele venir por ti, los hemos visto en el centro y…

La expresión de Lucas empeoraba a cada palabra.

—¡Ya me callo! —exclamó Ale juntando ambas manos sobre la boca—. Bueno… sí solo es tu amigo igual le puedes preguntar.

—Sí, claro… —respondió Lucas, incómodo.

Lentamente, volvió a desparramarse sobre la silla.

—Mmmh, yo también pensé que andaban —murmuró Dina.

A partir de entonces la mente de Lucas se desconectó de la realidad, siendo desplazada por uno de sus peores hábitos: sobrepensar.

*

Durante los siguientes días, Lucas pasó horas acostado mientras reflexionaba y reconstruía cada detalle de su relación con Ulises.

«Okay, desde la noche que nos conocimos ha sido muy amable conmigo, pero eso no necesariamente significa que le guste. Yo también procuro ser amable con todos, y no porque quiera algo con ellos. ¿Habré dado señales que se puedan malinterpretar?, ¿Qué pensará él? Admito que es guapo, tranquilo, responsable, me la pasó increíble con él incluso cuando no hacemos nada y cuando no nos vemos lo extraño… ¡¿Por Dios?!, ¡¿Qué es lo que siento yo?! Sin embargo, todavía sigo pensando en … ¡Aaah! », pensaba para después comenzar a dar vueltas sobre la cama.

Tuvo noches de insomnio atormentado por sus pensamientos y otras en las que, vencido por el cansancio, soñaba con todos los escenarios posibles de sus incógnitas. No tener una respuesta certera de un hecho le resultaba insoportable.




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