La Galaxia que Elegimos

Interludio

El último día del semestre llegó, dando fin a lo que pareció un intenso e interminable viaje. Tanto así que hasta los ardientes rayos del sol parecían iluminar un campo que sobrevivió a la tormenta.

Sin embargo, en aquel caluroso y hermoso día a mediados de junio, mientras esperaba el camión con dirección al centro, Lucas solo podía pensar en cómo había cambiado su vida en la última semana. En cada encuentro con Ulises todo se mantenía aparentemente igual que antes, conversaciones tranquilas sobre cualquier tema, ir juntos a la tiendita y reírse de malos memes; pero entre la cotidianidad se asomaban breves momentos que le recordaban el cambio en su relación, suaves roces entre las manos, miradas sostenidas un segundo de más y sonrisas tersas que bastaban para hacerlos sonrojar.

Tenía mucho en qué pensar durante las vacaciones. Realmente, le agradecía a Ulises que, más allá de los involuntarios rubores, no empezara a coquetear con descaro ni fuera insistente, pues en ese caso no sabría cómo manejar la situación.

Pensaba en Ulises cuando una voz lo despistó de sus ideas.

—¡Lucas!

Quien lo llamaba era Ale, su compañero de clase. Detrás de él venía Dina con brazos cruzados.

—Hola —respondió Lucas, amable.

—¿Esperas al camión al centro? —preguntó Ale parándose a su lado.

—Sí.

—Nosotros también vamos para allá, ¿te parece si nos vamos todos juntos?

—Claro —dijo sonriendo.

Ale era una de esas personas que contagian el buen humor a donde sea que fuera. A Lucas le parecía alguien muy divertido a pesar de su falta de prudencia.

—¿Siempre cómo te fue con el examen? —continuó Ale.

—Bien, ¿y ustedes?

—Pues yo pasé de panzazo, pero Dina sacó diez. Y eso que quería quejarse del maestro con la coordinación —mencionó riendo a la vez que se recargaba sobre la chica.

Dina resopló sin apartarlo.

—Su método de enseñanza me sigue pareciendo deficiente, pero la calificación es justa —respondió con mirada alta.

—Sí, sí, lo bueno es que ya todo terminó. No hablemos más de escuela —prosiguió Ale—. Cambiando el tema, hay algo que queríamos preguntarte, Lucas.

—¿Queríamos? —cuestionó Dina en voz baja.

—¿Sabes de la exposición de arte que habrá mañana en el Jardín Reformadores?

—Ah, sí un amigo mío va a poner su stand. Y también… —sus mejillas ganaron color—, mi otro amigo —la palabra sabía diferente—, el de la banda, estará allí.

—¡¿Y vas a ir?!

—Ah, sí… —contestó algo confundido por su entusiasmo.

—¡Perfecto!, ¿Podemos ir contigo?, ¿Nos presentas a la banda? —Ale hablaba tremendamente rápido, a cada pregunta se acercaba más a Lucas—. Es que a Dina, le gusta el bajista, Iván, creo.

En ese momento, la cara de Dina adquirió un fuerte tono rojo al mismo tiempo que abría la boca con indignación. Lucas nunca imaginó verla con una expresión semejante.

—¡Ale, cállate! —gritó con puños apretados sobre el pecho—. ¡Él no tenía porqué saberlo!

—Pero necesita contexto para saber si acepta —contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

Lucas fue incapaz de contener una ligera risa.

—¡No te rías! —reprendió Dina.

—Lo siento, no me río como burla —respondió suave—. Por supuesto que puedo presentarlos. Tampoco los conozco tanto, pero sé que reciben muy bien a sus fans.

—¿Ves, Dina? Es un gran plan. Entonces, ¿nos vemos a las 11 en las escaleras del jardín?

—Sí, será divertido.

En ese momento, llegó el camión a la parada. Los tres subieron sin que Ale dejara de hablar de todos los detalles de la salida al día siguiente. Lucas lo escuchó con atención en todo momento, respondiendo solo cuando Ale hacía preguntas directas o dejaba espacio para un breve comentario. Dina, por su parte, escondía su vergüenza tras la mochila.

*

Al día siguiente, un sábado, Lucas se encontró con sus compañeros en el lugar acordado. Lo primero que le sorprendió fue ver a Dina usar un vestido floreado, algo nunca antes visto en la universidad. También, notó que llevaba una bolsa de regalo que sostenía con manos temblorosas.

Relax, todo estará bien —le dijo Ale—. Solo vas a conocer a un chico, no es el fin del mundo.

Por primera vez, Dina no respondió cuando le hablaban. Lucas no comentó nada para evitar mortificarla más, se limitó a mostrar una sonrisa amigable. Ver a Dina lo hizo desear que enamorarse siempre fuera igual de sencillo.

Cuando subían las escaleras para ingresar al jardín, Lucas se giró hacia ellos.

—El stand de la banda hasta del otro lado, pero primero quiero pasar a saludar a mi amigo, ¿les molesta si los alcanzo en unos minutos?

—Para nada —respondió Ale por los dos—. Ven, Dina. Vamos a ver los puestos —declaró arrastrándola del brazo.




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