La Galaxia que Elegimos

Trayectoria 2.0

Momentos después, Ulises entró en la sala. Dejó una taza frente a Lucas antes de sentarse en el mismo sofá a una distancia prudente. Durante unos segundos ninguno habló. El sonido de la lluvia golpeando la ventana llenaba el silencio.

Lucas sorbió un poco de té, era de limón con canela y miel. Al colocar la taza sobre su regazo, Ulises tomó la iniciativa.

—¿Qué hacías allá fuera con esta lluvia? —preguntó con el ceño ligeramente fruncido—. Te puedes enfermar.

Lucas bajó la vista hacia la taza caliente entre sus manos. Respiró profundo.

—Traía un paraguas, pero el viento lo rompió… Y yo necesitaba hablar contigo —respondió mirándolo cara a cara.

El repentino encuentro de aquellos ojos marrones sobre los suyos sobresaltó un poco a Ulises.

—Pudiste haber regresado después de que dejara de llover —murmuró—. Mira nada más cómo llegaste —dijo señalando la ropa mojada tendida en el piso.

—Sí lo pensé, pero… —desvió la vista un instante a la ventana—. Sentí que si me iba, ya no encontraría el valor para volver. Y de verdad no podía seguir así.

—¿Así como?

—Evitándote.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

—Desde que nos conocimos, hablar contigo fue tan fácil y cómodo —continuó Lucas en voz baja—. El tiempo juntos, aunque fuera en silencio, era divertido y agradable. Y ahora… no hablar, tener que cruzar la calle para no encontrarnos… —apretó ligeramente la taza—. Empezaba a doler mucho.

Escucharlo decir lo último con voz temblorosa hizo que Ulises soltara un suspiro largo. Por dentro, creyó que algo también se agitaba de miedo. Apoyó los codos sobre las rodillas.

—Para mí no ha sido diferente. Te he extrañado demasiado.

Lucas lo miró sorprendido. El silencio volvió a caer, no pesado, sino expectante. Tardó un momento en responder.

—He pensado en lo que pasó y… Creo que te molestó que no he sido claro respecto a la persona por quien tengo sentimientos confusos… El chico del video.

—Sí.

No hubo duda con la voz de Ulises. Lucas pasó saliva y asintió despacio.

—Yo… Quiero contarte esa historia.

Ulises se acomodó en el sofá. No sabría decir quién de los dos lucía más nervioso.

—Te escucho —señaló con cortesía.

De un solo trago, Lucas bebió el resto del té. Inhaló y exhaló como tomando fuerza del aire.

—Bien, todo empezó en la preparatoria. Gracias a una beca pude asistir a un colegio particular. En los primeros días me sentía completamente fuera de lugar, la mayoría de los alumnos ahí parecían venir de un mundo muy distinto y distante al mío. A veces pienso que de no ser por Mel y Eli no habría sobrevivido al ambiente… La familia de Mel tiene dinero, pero nunca ha sido creída. En cambio, Eli igual era becado, así que nos entendimos a la perfección… Y entre mis compañeros también estaba él… —hizo una pausa apretando la tela de su ropa—. Se llama Adrián.

El nombre zumbó en los oídos de Ulises.

—Parecía un cliché andante —prosiguió despacio—, de familia prestigiosa, popular, perfecto y elegante en todo lo que hacía. Sin embargo, era muy amable y amistoso con todo el mundo, eso llamó mi atención. En los primeros meses no diría que éramos amigos, cada quien tenía su propio grupito y andábamos en actividades diferentes, pero nos saludábamos bien y, a veces, trabajamos en equipo… Poco a poco me enamoré de él.

Escuchar aquella confesión causó que el estómago de Ulises se contrajera. Tomó un poco de té y siguió escuchando.

—Y siempre pensé que sería algo no correspondido hasta que un día nos quedamos solos tras un festival cultural y… me besó. Desde ese momento comenzamos a tratarnos como pareja, besos, salidas, mimos… —carraspeó—. Ya sabes, todo lo que implica… Sin embargo, era secreto y la verdad tampoco algo oficial. Nunca me preguntó directamente si quería ser su novio ni me decía palabras que lo confirmaran. Aunque yo tampoco lo hice, lo di por sentado y supuse que las cosas que hacíamos eran prueba suficiente de amor. Qué tonto…

«No fuiste tonto, solo estabas cegado», deseaba decir Ulises. No obstante, no se atrevió a interrumpir la historia.

—¿Y qué pasó?

—Seguimos así toda la prepa. Unos meses antes de la graduación empecé a sentirme muy ansioso, «¿qué pasará con nosotros después de que nos graduemos?», «¿seguiremos juntos aunque estudiemos en distintas ciudades?», «¿seguirá siendo un secreto?», fueron las preguntas que empezaron a rondar por mi mente.

Sin previo aviso, la luz del foco empezó a destellar amenazando con apagarse. Los chicos voltearon a verlo a la expectativa. Tras breves instantes volvió a la normalidad. Lucas aprovechó para aclarar la garganta.

—Entonces, lo invité a salir. Fuimos al cine, al terminar la función nos fuimos a la zona más apartada de la plaza y ahí directamente le expresé mis sentimientos. Que estaba enamorado de él y me preocupaba la dinámica de nuestra relación una vez graduados. Durante todo ese rato estuvo serio, cuando terminé sonrió con sutileza y dijo «Qué lindo», eso fue todo…




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