La Galaxia que Elegimos

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Dos semanas después de su cumpleaños, Lucas yacía acostado boca arriba en su cama. Acaba de regresar del trabajo y quería descansar unos minutos antes de continuar con tareas y demás pendientes.

A través de las delgadas paredes de madera, podía escuchar desde el comedor a sus compañeros de casa conversando sobre el «Festival Internacional Cervantes», uno de los eventos culturales más importantes de la ciudad.

Había dado inicio un par de días atrás. Lucas esperó con ansias durante todo el año la llegada del festival, deseaba asistir a innumerables eventos pese a que la inmensa multitud de turistas terminara por aturdirlo. Sin embargo, ahora que había llegado el momento, ni siquiera estaba al tanto de la programación.

Aprovechando el tiempo libre, sacó su celular para revisar la página oficial del festival. Durante algunos minutos, estuvo deslizando la pantalla leyendo algunos de los titulares. Las pulseras galácticas tintineaban sutilmente ante el movimiento de su muñeca.

La mayoría de los eventos resultaban llamativos, tanto que deseaba ser capaz de multiplicarse y asistir a varios al mismo tiempo. Continúo su búsqueda para escoger solo aquellos en que verdad le entusiasmaran y pudieran acomodarse en su horario, cuando una conferencia en particular captó su atención.

El tema en sí no era mucho de su interés, algo sobre sistemas jurídicos contemporáneos, sino la institución invitada y el nombre de uno de los ponentes. Un nombre que su memoria rehusaba borrar:

Adrián Fernández Velasco

Con un rápido movimiento, quedó sentado sobre la cama. La mano con el celular tembló ligeramente. Releyó el nombre varias veces para asegurar que no se había equivocado. En verdad era él.

Tomó aire profundamente. Logró calmar su cuerpo, pero por dentro estallaba una lluvia de meteoros.

Era la oportunidad que había estado esperando aunque nunca imaginó que llegaría tan pronto. No iba a huir. Ya tenía una decisión y pensaba cumplirla cuanto antes.

*

El día previo a la conferencia, Lucas y Ulises se encontraban en la Biblioteca Central de la universidad. Los exámenes y proyectos finales estaban por llegar en las próximas semanas. A pesar de la inmensidad del edificio, la música, bullicio y demás ruido exterior propio del Festival Cervantes alcanzaba a colocarse entre las paredes, interrumpiendo el silencio.

Por esa razón, Ulises creyó notar a Lucas tan distraído. Sus ojos estaban fijos en sus libros y apuntes, pero realmente no leían nada en absoluto. Además, había estado inusualmente callado durante toda la tarde.

—¿Te molesta el ruido? —preguntó acercando su asiento un poco más.

Lucas dio un ligero brinco en su silla, como si hubiera despertado de un sueño y apenas reconociera el lugar donde se encontraba. Al ver a Ulises, sonrió con suavidad.

—Un poco, pero no es eso… —su voz salió tranquila aunque un tanto seria—. Estoy pensando en algo que debo hacer.

—¿Qué cosa? Sí se puede saber —cuestionó Ulises curioso y divertido.

Por un momento, Lucas concentró su mirada en las pulseras. Inhaló y regresó a Ulises. Conservando el tono de voz, respondió.

—Me enteré que mañana hay una conferencia en el Edificio Principal… —hizo una pausa, no dudaba solo buscaba la manera adecuada para expresarse—. Y entre los ponentes estará Adrián —añadió con cuidado.

Ulises sintió que la sangre le bajó de golpe a los pies. Se quedó helado.

—Pienso ir a hablar con él —continuó Lucas.

Infinidad de preguntas cayeron sobre Ulises igual de estruendosas que una guitarra desafinada: «¿Sobre qué quieres hablar?», «¿Qué pretendes?», «¿Debo darme por vencido?». Sin embargo, se mantuvo callado.

—Ah… Entiendo —dijo procurando sonar despreocupado.

Como si fuera capaz de escuchar las preguntas dentro de su cabeza, Lucas continuó con calma y firmeza.

—Uli, te contaré todo cuando regrese de la conferencia. Por favor, no te enojes conmigo —pidió dejando asomar una pizca de angustia.

Aquella confidencia tomó desprevenido a Ulises. Con solo ver el rostro de Lucas, tan curioso y hermoso, entendió que nunca sería capaz de enojarse con él. Y aunque la intriga de esa próxima conversación lo mataba de nervios decidió aceptar la voluntad de Lucas.

Pasaron el resto de la tarde fingiendo estudiar. Ninguno avanzó demasiado en su temario. No había enfado, pero el aire comenzaba a cargarse de tensión inquieta.

*

De frente a la puerta donde se llevaría a cabo la conferencia, Lucas se mantenía completamente inmóvil. Por más que le ordenaba a sus piernas avanzar, estas no respondían.

Su decisión era firme, pero tampoco podía evitar palidecer ante la confrontación. Tanto, que el umbral de la puerta parecía extenderse hasta crear un agujero negro capaz de tragarlo y dejarlo atrapado en la oscuridad.

Apretó sutilmente las pulseras tintineantes en busca de valor. Inhaló y exhaló despacio.

Con la mente y cuerpo calmado, atravesó la puerta.




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