La Galaxia que Elegimos

Intersección

El aire en el departamento era excesivamente sofocante para una tarde fresca de octubre. A través de la ventana se filtraban conversaciones y música lejana de los distintos eventos culturales. Sin embargo, aquellos sonidos resultaban un estruendo molesto en los oídos de Ulises. De hecho, todos sus sentidos parecían alterados.

Las cosas a su alrededor se agitaban con lentitud, adoptando formas extrañas, como si de repente el mundo empezara a derretirse. Respirar era sencillo solo si estaba recostado contra el sofá y marcaba el ritmo de su respiración. El corazón le latía con fuerza.

En ese día, a esa misma hora, Lucas debía estar hablando con Adrián. Aquella sombra rojiza que aún lo perseguía a todas partes. Pensó en las palabras de Lucas «Te contaré todo cuando regrese…», y sus latidos se alborotaron aún más.

Desde que supo la intención de Lucas y hasta ese instante, sentía que había pasado una eternidad. No sabía qué esperar.

Sus pensamientos más intrusivos le susurraban la idea persistente: Lucas regresando a aquel amor sembrado años atrás.

No estaba seguro de cuánto tiempo podría soportarlo.

*

La conferencia tenía lugar en un antiguo patio que, en tiempos coloniales, perteneció a la iglesia contigua a la universidad, pero que ahora formaba parte de su propiedad, fungiendo como una extensión del edificio principal. Todo el recinto constituía la facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Lucas se sentía como una hormiga explorando territorio desconocido.

Al fondo del patio solían acondicionar un foro acompañado de sillas para la presentación de eventos. La conferencia había empezado pocos minutos antes.

Lucas caminó guiado por una voz conocida que salía de bocinas cercanas. Al entrar al patio, su atención se centró únicamente en las personas arriba del foro. La brisa del viento, los murmullos ajenos y la decoración universitaria pasó desapercibida.

Entre los ponentes encontró con facilidad al chico pelirrojo que su mente, durante tanto tiempo, se negaba a olvidar.

Adrián.

Sosteniendo un micrófono, hablaba con una seguridad y encanto que le era natural, arrancando risas ligeras entre los asistentes.

Lucas, aún de pie, lo miró fijamente.

Y como si su pensamiento lo llamara, Adrián volteó a verlo.

Cuando sus miradas se encontraron el tiempo pareció congelarse. Todo lo que existía en la distancia entre ellos desapareció. Solo el ojo más atento habría notado la falta de aire y la palidez en el ponente durante ese instante. Un breve carraspeo bastó para que Adrián continuara exponiendo con la misma habilidad.

Sin quitarle la vista de encima, Lucas tomó asiento en un lugar vacío a la mitad de las filas.

Aun con el costoso sistema de sonido, no escuchó ni una palabra del tema.

Adrián no volvió a mirarlo.

*

En cuanto terminó la conferencia y los ponentes bajaron del foro, Lucas se levantó y se abrió paso entre la gente siguiendo la dirección que Adrián había tomado.

No tardó en alcanzarlo en medio de un pasillo, conversando con algunas personas bien vestidas. Sobresalía entre la multitud no solo por el color rojizo de su cabello, sino también por la altura. Estaba de espaldas y una chica se sostenía de su brazo.

—¡Adrián! —llamó sin importarle atraer la atención de unos cuantos.

Con un movimiento rígido, Adrián dio media vuelta.

—¡Hey… Lucas! —saludo con una sonrisa nerviosa—. Cuánto tiempo.

El grupo con el que estaba y la chica lo miraban curiosos.

—¿Lo conoces? —preguntó ella en voz baja.

Por el corte de cabello y la complexión, Lucas pudo asegurar que se trataba de una chica distinta a la del acuario.

—Es un… ex compañero de la prepa.

—¿Podemos hablar? —interrumpió Lucas con un tono ligeramente brusco.

Adrián tragó saliva.

—Disculpa, no es un buen momento…

—No te quitaré ni cinco minutos.

—Anda, Adri. Yo también quiero ir a saludar a unos amigos —dijo la chica sonriendo.

Acorralado, Arián forzó una mueca.

—O-okay… Vamos.

Sin hablar, Adrián al frente y Lucas siguiéndolo, caminaron hasta encontrar un pasillo vacío. Cuando la multitud comenzó a desaparecer y la soledad los envolvió, Lucas se detuvo.

—Solo quiero que me expliques qué pasó —soltó, rompiendo el silencio.

En ese momento, Adrián también dejó de caminar. Vaciló unos segundos antes de voltear, manteniendo la distancia.

—No entiendo de qué hablas —dijo con ambas manos en los bolsillos.

Las cejas de Lucas se fruncieron levemente.

—No estoy para bromas. Sabes muy bien de lo que hablo.

El tono de voz y la expresión seria lo desconcertaron. Adrián lo observó a detalle. Físicamente no había cambiado mucho desde la última vez que lo vio, hacía poco más de un año.




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