Las noches frescas de octubre dieron paso al frío de noviembre, trayendo consigo una brisa renovadora de aromas frescos y una sensación de libertad.
Habían pasado un par de días desde aquella noche en que ambos jóvenes permitieron que sus miedos salieran en forma de lágrimas, hasta compartir juntos un sueño profundo. Desde entonces, Ulises percibía en Lucas una gran ligereza, como si un pequeño salto fuera suficiente impulso para hacerlo volar, sin peso alguno que lo jalara de regreso. Incluso su risa y el asombro en sus ojos resultaban más brillantes. Ulises no podía quitarle la mirada de encima.
Por su parte, Lucas estaba más encandilado con Ulises que nunca. En las últimas presentaciones de la banda, destacaba en el escenario al igual que una luna llena, tocando con maestría y potencia cada nota, arrancando del público más de una ovación. Lucas estaba seguro de que jamás conocería a otra persona tan asombrosa.
Ya no había día en que no pasarán tiempo juntos o, cuanto menos, duraran minutos hablando por teléfono. No lo decían en voz alta, pero ambos comprendían que ahora formaban parte de la vida del otro de una forma especial.
A dos semanas antes del fin de semestre, un 15 de noviembre, «Claro de Luna» tenía una presentación en el mismo bar en que se conocieron. Ulises, por supuesto, invitó a Lucas, quien aceptó con gusto.
Ahí estaba de nuevo él, sentado en la barra con una bebida en la mano. Y aunque sentía que no terminaba de encajar del todo en ese mundo de luces parpadeantes y sonido ensordecedor, no estaba incómodo. En lugar de concentrarse en las situaciones energéticas a su alrededor que terminaban por sobre estimularlo, sus pensamientos se dirigen únicamente a Ulises arriba del escenario.
Ambos se miraban como si no existiera nada más. La fascinación de Lucas era más intensa que la primera vez, acorde a la renovada motivación de Ulises.
Antes de tocar, el guitarrista acaparó el micrófono principal por unos segundos.
—Muchas gracias a todos por venir. Hoy dedicamos la tocada a un chico muy especial entre el público —dijo observando en dirección a Lucas.
De inmediato, algunos chiflidos y bullas sobresalieron entre los asistentes. Lucas no pudo hacer nada contra el sonrojo de sus mejillas y la amplia sonrisa dibujada en sus labios.
La música empezó a resonar en sus oídos. Las estrellas parecieron descender a la tierra, el universo entero se redujo solo a ellos dos.
*
Al terminar la presentación, la oscuridad y los astros ya se extendían sobre el cielo. Caminaron juntos de regreso a sus departamentos, como era habitual. Durante el trayecto, hablaban de la presentación, la escuela y planes para las vacaciones de invierno. Entre tanto, la vista de Lucas repetía un ciclo constante entre Ulises, las estrellas y las pulseras tintineantes sobre sus muñecas. Sonreía cada vez que observaba aquellas galaxias encapsuladas.
—Parece que te gustaron mucho, ¿verdad? —preguntó Ulises con una ligera sonrisa coqueta.
Lucas levantó el brazo para mirar a mayor detalle las piezas de bisutería.
—¡Sí! Son muy lindas —respondió animado—. Además…
Detuvo su paso muy cerca de la fuente colonial y las farolas de la plaza cercana a los departamentos. Tenía el rostro enrojecido.
—Me han ayudado mucho…
El tono de Lucas se volvió más bajo y suave. Ulises lo miró curioso, sin perder la sonrisa.
—¿Ah, así?, ¿De qué manera?
Un viento frío los rodeó, agitando sus cabellos. El arrullo de la fuente inundaba los callejones desiertos. Tras una profunda inhalación, Lucas exhaló dejando un rastro de vaho. Sostuvo la mirada de Ulises.
—A tomar decisiones muy importantes —respondió seguro—. Sabes… en el momento en que me las regalaste dudé un segundo en aceptarlas.
Al instante, Ulises se puso en alerta. Prestó atención con un evidente nerviosismo.
—Sentí que, de hacerlo, también aceptaba algo mucho más profundo que me aterraba —su voz salía serena—. Sin embargo, un pensamiento acompañado de un sentimiento mucho más fuerte, llegó enseguida, callando al anterior: «Estoy enamorado de Ulises y quiero estar con él» —confesó con un sonrojo que se extendía hasta las orejas—. Entonces, entendí que, para estar juntos y darte lo mejor de mí necesitaba cerrar mi pasado… Por eso, decidí hablar con Adrián una última vez.
Los labios de Lucas esbozaban una sonrisa torpe.
—Uli, yo…
Antes de poder terminar, Ulises se había abalanzado sobre él en un abrazo. Al ser consciente de las manos sobre su nuca y espalda, Lucas correspondió el gesto.
—Me siento listo… —concluyó cerca de su oído.
Quedaron abrazados por un largo momento que pareció fugaz. Después, Ulises se apartó un poco, apoyando su frente contra la de Lucas. Bajó las manos hasta entrelazarlas con las ajenas, acariciándolas.
—Escucharte decir eso me pone muy feliz… Lu, ¿Puedo besarte? —preguntó en un susurro.
Lucas volvió a sonreír.
—Sí…
Con gran cautela, como si temiera desafinar en una melodía delicada, Ulises agachó el rostro. El primer beso llegó suave y breve, todavía incierto del permiso concedido. Lucas acortó aún más la distancia, devolviendo un beso más largo, anhelante.