Cometa 5.0
Todo había sucedido demasiado rápido. Lucas, sentado sobre la cama y con la espalda recargada a la pared, no dejaba de repasar las escenas ocurridas hacía apenas una hora.
«¿Estoy exagerando?», «¿Por qué me afectó tanto?», las preguntas martilleaban su mente junto a las imágenes del recuerdo.
Estaba en el sofá leyendo y haciendo anotaciones para un proyecto de investigación, cuando Ulises regresó de un ensayo, sonriente. Enseguida, caminó hasta al sofá y, tras saludarlo, le dio un beso. Nada fuera de lo normal.
—¿Cómo te fue? —le preguntó sin abandonar su asiento.
—¡Increíble! No vas a creer lo que pasó —respondió emocionado desde la cocina.
Tras un rápido trago al jugo de naranja, Ulises fue a sentarse a su lado.
—¿Qué pasó? —le cuestionó intrigado, pero contagiado del entusiasmo.
—Un representante del municipio nos contactó para ser teloneros de uno de los grupos que se presentarán en las próximas ferias.
Lucas había sonreído en grande.
—¡Eso es increíble!, ¿Qué día van a tocar?
—El sábado 5.
Fue en ese instante que la sonrisa de Lucas se apagó poco a poco.
—¡Es tan emocionante! —continuó Ulises—. No queda mucho tiempo, queremos presentar una canción nueva, pero aún no está del todo lista y…
—¿El sábado 5 de septiembre? —interrumpió Lucas con la cabeza ligeramente ladeada.
El tono bajo e intranquilo con el que le había preguntado desconcertó a Ulises.
—Eh, sí… ¿Por qué?
Lucas lo miró fijamente durante unos segundos. Ulises mantuvo la misma expresión de extrañeza. No hubo cambios.
—Uli… Ese día es nuestro viaje a Dolores.
De inmediato, notó como los ojos de Ulises se abrieron ampliamente en pánico.
—¿Lo olvidaste? —preguntó Lucas con una pizca de incredulidad.
—Lu, yo… —la lengua se le trabó—. No es que…
Ulises empezó a estar visiblemente nervioso.
—Sí, lo olvidé… Lu, no quise… —extendió una mano que Lucas rechazó.
—Solo dame un momento —fue lo último que dijo antes de ponerse de pie.
Y ahora estaba ahí, encerrado en su cuarto y con las rodillas apretadas contra el pecho.
Cuando el cielo anaranjado comenzó a tornarse oscuro, Lucas inhaló profundamente. Despacio, bajó de la cama en dirección a la puerta.
Al momento de abrirla, vio a Ulises levantarse de golpe del sofá. Sus ojos cristalinos buscaron a los suyos.
—Lu… —murmuró acercándose, pero manteniendo distancia—. En verdad lo siento, no fue mi intención. Si hablo con los organizadores podríamos cambiar la fecha para…
—No, Ulises, yo quiero verte en ese concierto… —respondió cubriéndose con sus propios brazos—. Es una oportunidad muy importante y debes tomarla, no me hubiera importado cambiar la fecha del viaje, es solo que… —apretó los labios y desvió la mirada un instante—. Sé que no fue a propósito, entiendo lo que es tener muchas cosas que hacer y es normal olvidar fechas y horarios, pero… Aún así me dolió un poco que lo olvidaras, como si no fuera importante. Perdón.
Ulises apretó un puño, molesto consigo mismo. Repasó mentalmente algunas progresiones a la vez que tomaba aire.
—No tienes que disculparte, Lu. Soy yo quien lo siente —respondió tranquilo, pero lleno de arrepentimiento.
Lentamente, tanteando el acercamiento, extendió una mano. Lucas la aceptó.
—Solo… sé más cuidadoso —pidió Lucas en voz baja.
—Eso haré —respondió Ulises firme—. Creo que es momento de conseguir una agenda.
Lucas soltó una sonrisa pequeña.
—Extraño que un futuro organizador de eventos no lo haya considerado antes.
Verlo siendo irónico tranquilizó a Ulises.
—Aunque no lo parezca, a veces puedo ser un poco despistado.
El resto de la noche comieron palomitas con chile y limón mientras reorganizaban las fechas del viaje y anotaban ideas para el performance del concierto.
Cometa 5.1
Afuera del baño, Ulises tocó sutilmente la puerta cerrada.
—Lu, ¿todo bien?
—¡No entres! —gritó una voz débil desde adentro.
Tras unos segundos de silencio, se escuchó la cadena del escusado y el agua corriendo del grifo. La puerta se abrió lentamente, Lucas salió mirando hacia el piso.
—No me mires… —murmuró—. Estoy horrible…
—¿Vómito?
Lucas asintió apenas. Ulises soltó un suspiro suave, sujetó su rostro con ambas manos, acariciándole suavemente las mejillas para hacer que levantara la mirada.
—Y no me contradigas por compromiso… —añadió.
Ciertamente, sus ojos estaban hinchados y sus párpados ojerosos. El sudor hacía que el cabello se le pegara a la frente acentuando el tono pálido de su semblante. Ulises le sonrió.
—Aún así te encuentro guapísimo.
—Ajá —respondió torciendo los ojos.
—Todavía tienes un poco de temperatura —dijo continuando las caricias—, pero con las pastillas ya debe empezar a disminuir. Y con la inyección no deberías volver a vomitar.
—Eso espero…
Bajo sus manos, Ulises sentía cómo el cuerpo de Lucas seguía temblando.
—Anda, ve a acostarte. Te llevaré algo de comer.
—No… Quiero bañarme, me siento asqueroso.
—Bueno, solo no uses agua caliente.
—Sí.
Con movimientos lentos, Lucas volvió a entrar al baño. Por su parte, Ulises se dirigió a la cocina.
«Dieta blanda», había dicho el doctor. Sacó varios ingredientes del refrigerador, en especial frutas y verduras, que colocó a lo largo de la mesa. Observó los alimentos frente a él por largos segundos; al fondo resonaba el golpeteo de la regadera.
Resignado, tomó su celular y marcó a un contacto que no tardó en responder.
—¿Bueno? —contestó la voz de su padre.
—Hola, pa’, ¿cómo estás?
—Bien, mijo. ¿Y tú?
—Yo estoy bien… ¿Estás ocupado?
—No, voy llegando del trabajo. ¿Qué sucede? Te escuchas preocupado.
—Lucas está enfermo.
—¡Ah, qué caray!, ¿qué tiene?