La Galaxia que Elegimos

Cometa 6

A inicios de noviembre, una idea empezó a formarse en la cabeza de Ulises tras una llamada con su hermana mayor.

Aprovechando una tarde tranquila en la que tanto él como Lucas estaban en el departamento, fue a sentarse a su lado en el sofá. Colocó un brazo por encima de sus hombros.

—¿Qué haces? —preguntó intentando ser casual.

—Leo un cómic —respondió sin apartar la mirada de la lectura.

—Qué bien… ¿De qué trata?

—Es el cómic de la peli que vimos el otro día. Sobre la cambiaformas que se alía con un caballero para derrocar al reino.

—Ah, sí. Estuvo padre… Oye, hay algo de lo que quiero platicar.

Por fin, Lucas alzó los ojos de las páginas. Se acomodó de lado para mirarlo directamente.

—¿Qué sucede?

Ulises mostró una sonrisa pequeña.

—Bien, esto requiere contexto, así que, prometo que todo lo que diré va a llegar a un punto.

—De acuerdo —dijo devolviendo la sonrisa.

—Hace unos días hablé con Hania, en las vacaciones de diciembre va a visitar a su familia materna que vive cerca de la playa. Su esposa la va a acompañar y cuando viajan juntas se van en camioneta…

Una de las cejas de Lucas empezó a levantarse con sospecha.

—Ajá…

—Y bueno, nuestro primer aniversario se acerca, además de las fiestas decembrinas y mi cumpleaños… Estaba pensando si nos vamos de vacaciones.

La expresión de Lucas cambió por una atónita.

—Nos iríamos con ellas en la camioneta —continuó Ulises ligeramente nervioso—, así nos ahorramos el pasaje, y nos podemos quedar en otro lugar. Pero, entiendo si prefieres pasar esas fechas con tu familia, solo piénsalo…

Ciertamente, Lucas se consideraba así mismo el tipo de persona que analiza los posibles escenarios que implica aceptar una situación fuera de su zona de confort, incluyendo reflexionar sobre sus sentimientos al respecto. Sin embargo, en ese momento sintió un latido muy fuerte en su pecho que lo impulsó a hablar antes de pensar.

—¡Sí quiero!

Ulises, inclinándose hacia atrás de la impresión, parpadeó varias veces.

—¿Seguro? —preguntó sorprendido.

—Sí… —reafirmó más calmado y sonrojado—. Bueno, claro que tengo que hablar con mis padres, pero… en verdad quiero que vayamos.

Sonriendo tiernamente, Ulises apoyó una mano sobre la pierna de Lucas.

—Me alegra, estrellita… Bien, tenemos poco más de un mes. Hay que empezar a organizar todo. Primero, ¿quién cuidará a Nova y Cosmo?

—Podría preguntarle a mi amigo Eli.

—De acuerdo, también debemos ver lo del hospedaje y…

Las horas transcurrieron sin que ninguno de los dos notara el momento en que se ocultó el sol y la noche entró en su punto más profundo. Su completa atención estaba sobre una vieja libreta en la que comenzaron a bosquejar sus primeras vacaciones juntos.

*

Las semanas siguientes transcurrieron tan rápido como un arroyo en tormenta. Ni siquiera sintieron la pesadez de las últimas semanas del semestre ante la recompensa de unas vacaciones bien ganadas.

Con los permisos y las condiciones de ambos padres dadas, todas las materias aprobadas y cuidadores de peces asignados, finalmente llegó la madrugada del viaje.

El trayecto sería largo, empezando por el traslado de la capital a la ciudad de Ulises. La central de autobuses sería el punto de encuentro con su hermana y cuñada.

Al dirigirse a la camioneta, Lucas caminaba con la espalda muy recta y pasos rígidos. Era la primera vez que conocería a Hania en persona. A los pocos metros, vio a una mujer de piel clara y cabello negro corto salir del vehículo y dirigirse a él rápidamente.

En un parpadeo, ya lo estaba estrechando contra su pecho.

—¡Qué emoción!, ¡Qué emoción!, ¡Qué emoción! —gritó agitándolo de un lado a otro— ¡Ya deseaba conocerte, estrellita!

—¡Ey! Solo yo puedo decirle así —exclamó Ulises sobreactuando la indignación.

Como respuesta Hania rió, mientras Lucas se quedó quieto con la cara ardiendo completamente.

Tras acomodar el equipaje, todos subieron al vehículo y emprendieron el viaje. Durante el camino, Hania le sacó plática a Lucas sobre todo lo que fuera posible saber de su vida. Al principio, respondió con timidez, pero a los pocos minutos parecía estar conversando con una amiga de años. Entre la plática la mujer sacó a relucir muchísimas anécdotas de Ulises siendo pequeño, como la vez que durmió abrazado al poster de su cantante favorito; para Lucas fue de lo más entretenido, mientras Ulises moría de vergüenza.

Desde el asiento del conductor, su cuñada, Selina, observaba todo sonriendo sutilmente.

Además de las historias, el viaje estuvo intercalado por paradas al baño, siestas movedizas y películas.

Cerca del atardecer, llegaron a la ciudad vecina de su destino final. Recorrieron un poco la zona centro, el jardín principal era grande cimentado entre árboles, palmeras y edificios afrancesados que le daban un aspecto pintoresco.




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