La gemela malvada

Capitulo 3

Valeria bajó corriendo del ático.
Podía sentir el corazón golpeándole el pecho mientras cerraba la puerta detrás de ella.
Las manos le temblaban.
—No es real… no es real…
Pero la voz sonó otra vez.
Muy cerca.
—Siempre dices eso.
Valeria se congeló.
Aquella voz…
Era exactamente igual a la suya.
Giró lentamente la cabeza hacia el pasillo.
Nadie.
Solo oscuridad.
La lluvia volvió a caer con fuerza afuera, haciendo vibrar las ventanas de la casa.
Entonces las luces comenzaron a parpadear.
Una vez.
Dos veces.
Y se apagaron.
La casa quedó completamente a oscuras.
Valeria soltó un grito ahogado y buscó su teléfono para alumbrar.
La linterna iluminó el pasillo apenas unos metros.
Y entonces vio algo.
Una figura.
Al final del corredor.
Una mujer inmóvil.
Cabello largo.
Vestido blanco.
La cabeza torcida hacia un lado.
Valeria dejó escapar un suspiro aterrado.
—E… Elena…
La figura sonrió lentamente.
Y desapareció.
En ese mismo instante, alguien golpeó la puerta principal.
BAM.
BAM.
BAM.
Valeria casi lloró del susto.
Corrió escaleras abajo y abrió rápidamente.
Era Gabriel.
El hijo del antiguo sheriff del pueblo.
El único que alguna vez la había tratado con amabilidad.
—¿Qué demonios pasa aquí? —preguntó entrando—. Vi luces encenderse y apagarse.
Valeria intentó hablar, pero estaba temblando demasiado.
Gabriel la observó preocupado.
—Pareces haber visto un fantasma.
Ella levantó lentamente la mirada.
—Creo que Elena está aquí.
Gabriel guardó silencio unos segundos.
Pero no parecía sorprendido.
Eso hizo que el miedo de Valeria empeorara.
—¿Qué sabes? —preguntó ella.
Gabriel dudó antes de responder.
—Después de la muerte de tu hermana… ocurrieron cosas extrañas.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
Gabriel continuó:
—Animales aparecían muertos cerca del bosque. Personas aseguraban ver a una chica idéntica a ti caminando de noche. Y luego comenzaron las desapariciones.
—¿Desapariciones?
Gabriel asintió lentamente.
—Tres personas.
El aire pareció desaparecer de la habitación.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
Gabriel la miró fijamente.
—Todas desaparecieron después de hablar contigo.
Valeria retrocedió horrorizada.
—No… eso no es posible…
—El pueblo cree que tú las mataste.
El silencio se volvió insoportable.
Entonces…
CRACK.
Algo cayó en el segundo piso.
Gabriel levantó la vista rápidamente.
—¿Hay alguien más aquí?
Valeria sintió lágrimas en los ojos.
—No lo sé…
Subieron lentamente las escaleras.
Cada paso hacía crujir la madera vieja.
El sonido había venido del cuarto de la madre de Valeria.
La puerta estaba entreabierta.
Gabriel empujó lentamente.
Y ambos quedaron paralizados.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías.
Cientos de ellas.
Fotos de Valeria dormida.
Fotos de vecinos del pueblo.
Fotos tomadas desde ventanas.
Desde el bosque.
Y en el centro de la habitación había una frase escrita con sangre sobre la pared:
“LA EQUIVOCADA MURIÓ.”
Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Porque debajo de la frase había una fotografía vieja.
Una foto de las gemelas cuando tenían diez años.
Pero alguien había marcado una X roja sobre el rostro de Valeria.
No sobre Elena.




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