La gemela malvada

Capitulo 5

Gabriel retrocedió lentamente.
—Eso… eso no puede existir…
La figura seguía inmóvil al final del pasillo.
Sonriendo.
Sus ojos parecían completamente negros.
Valeria sentía el cuerpo helado.
Porque ahora lo recordaba.
No todo.
Solo fragmentos.
Pero suficientes.
La noche del accidente, Elena no lloraba.
Ella sonreía.
Siempre sonreía.
—¿Quién eres? —preguntó Gabriel con voz temblorosa.
La figura inclinó la cabeza lentamente.
Los huesos de su cuello crujieron de forma horrible.
—Tú ya me conoces…
Entonces dio un paso adelante.
Las luces comenzaron a parpadear violentamente.
La temperatura cayó de golpe.
Y Valeria sintió una presión insoportable en la cabeza.
Más recuerdos.
Más imágenes.
El sótano.
La discusión.
Elena sujetándola del brazo.
—¡Quiero tu vida! —gritaba.
Valeria intentaba soltarse.
—¡Estás loca!
Entonces Elena sonrió.
Y dijo algo que jamás olvidaría:
—Si una de nosotras muere… la otra podrá ser ambas.
El recuerdo se rompió cuando Gabriel tomó la mano de Valeria.
—Tenemos que irnos AHORA.
Corrieron escaleras abajo mientras la casa parecía estremecerse alrededor de ellos.
Puertas golpeándose.
Vidrios quebrándose.
Pasos detrás de ellos.
Rápidos.
Desesperados.
Llegaron a la entrada principal.
Pero la puerta no abría.
Gabriel forcejeó.
—¡Está atascada!
Entonces escucharon una risa detrás de ellos.
La misma risa de la infancia.
Suave.
Cruel.
Valeria giró lentamente.
La figura estaba parada en medio de la sala.
Más cerca ahora.
Demasiado cerca.
Y algo peor ocurrió.
Su rostro comenzó a cambiar.
La piel se movió lentamente como agua.
Hasta convertirse… en Valeria.
Gabriel quedó paralizado.
Había dos Valerias frente a él.
Idénticas.
La copia sonrió.
—¿Ves lo fácil que es confundirse?
Valeria sintió que el mundo giraba.
Porque eso era exactamente lo que Elena hacía cuando eran niñas.
Imitarla.
Robarle la voz.
Las expresiones.
Todo.
La otra Valeria avanzó lentamente.
—Mamá nunca supo quién sobrevivió.
—Cállate… —susurró Valeria.
—Ni tú tampoco.
Gabriel miró a ambas sin saber qué hacer.
El miedo en sus ojos era evidente.
Porque ya no podía distinguirlas.
Entonces la falsa Valeria comenzó a llorar.
Perfectamente.
Como una actriz.
—Gabriel… ayúdame… ella quiere hacerme daño…
Valeria sintió terror verdadero.
Eso también había pasado antes.
Toda su vida.
Elena manipulando.
Mintiendo.
Destruyéndola.
Gabriel dio un paso atrás confundido.
La copia sonrió apenas un segundo.
Y Valeria entendió algo horrible.
Elena no quería matarla.
Quería reemplazarla.
Otra vez.
Entonces las luces se apagaron completamente.
Y una voz susurró en la oscuridad:
—Esta vez… nadie sabrá quién es la verdadera.




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