La gemela malvada

Capitulo 6

Oscuridad total.
Valeria apenas podía escuchar su propia respiración.
Y la risa.
Esa horrible risa suave moviéndose alrededor de ellos.
Gabriel encendió la linterna de su teléfono con manos temblorosas.
El haz de luz recorrió lentamente la sala vacía.
No había nadie.
—¿Dónde está?… —susurró él.
Valeria no respondió.
Porque algo acababa de tocarle el cabello.
Giró bruscamente.
Nada.
Pero entonces escuchó una voz pegada a su oído.
—Siempre fuiste la débil.
Valeria gritó y retrocedió.
La linterna iluminó por un segundo el rostro de Elena detrás de ella.
Pálido.
Sonriendo.
Y desapareció otra vez.
Gabriel comenzó a desesperarse.
—¡Esto no puede ser real!
De pronto, la puerta principal se abrió sola con un golpe brutal.
El viento helado entró a la casa apagando la linterna.
Y desde afuera llegó otro sonido.
Voces.
Mucha gente.
Valeria miró por la ventana y sintió que el estómago se le hundía.
Habitantes del pueblo.
Más de veinte personas frente a la casa.
Con linternas.
Observándola.
Como si estuvieran esperando algo.
Gabriel palideció.
—¿Quién los llamó?
Entonces alguien golpeó la puerta abierta.
Era una anciana.
La señora Miriam.
La partera del pueblo.
La misma mujer que ayudó a traer al mundo a las gemelas.
La anciana miró fijamente a Valeria.
O a Elena.
Ya era imposible saberlo.
—Se acabó —dijo con voz seca—. La verdad tiene que salir.
Los demás comenzaron a entrar lentamente a la casa.
Todos parecían asustados.
Pero también decididos.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Qué está pasando?
La señora Miriam clavó sus ojos en las hermanas.
—Hace años cometimos un error.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué error?
La anciana tembló antes de responder:
—Las niñas nunca fueron normales.
El silencio llenó la habitación.
—¿Qué quiere decir? —preguntó Gabriel.
Miriam apretó entre sus manos un viejo rosario.
—Cuando nacieron… algo nació mal.
Valeria sintió náuseas.
—No entiendo…
—Elena no tenía reflejo en el espejo el día que nació.
La sala quedó completamente muda.
—Eso es imposible… —susurró Gabriel.
La anciana negó lentamente.
—Los animales lloraban cuando ella pasaba. Las personas enfermaban cerca de ella. Y a veces… hablaba sola en idiomas que nadie conocía.
Valeria recordó entonces las noches de infancia.
Elena hablando en la oscuridad.
Susurrándole al techo.
Sonriendo sola.
La señora Miriam continuó:
—Tu madre quiso ocultarlo. Tu padre quería enviarla lejos. Pero después murió…
Valeria comenzó a llorar.
Porque ya sabía quién lo había hecho.
—Creímos que todo terminó cuando una de ustedes murió aquella noche —dijo la anciana—. Pero luego comenzaron las desapariciones.
Entonces Miriam levantó lentamente la mirada.
Y preguntó algo que hizo que todos se estremecieran:
—¿Cuál de ustedes salió realmente del sótano aquella noche?
Las dos hermanas guardaron silencio.
Y entonces…
Ambas sonrieron al mismo tiempo.




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