La gemela malvada

Capitulo 9

Los gritos llenaron la sala.
La gente golpeaba desesperadamente las puertas y ventanas, pero nada cedía.
Era como si la casa hubiera dejado de ser una casa.
Ahora parecía una jaula.
La criatura observaba todo con una calma aterradora.
Sonriendo.
Disfrutándolo.
Gabriel se levantó con dificultad del suelo, respirando con dolor.
Tenía sangre en la frente.
—¡Valeria! ¡Ven aquí!
Ella corrió hacia él mientras la falsa Valeria permanecía al lado de la criatura.
Como una hija junto a su madre.
O algo peor.
La piel del rostro de la falsa gemela seguía rompiéndose lentamente.
Debajo… había oscuridad.
No carne.
No hueso.
Oscuridad viva moviéndose bajo su piel.
Valeria comenzó a llorar.
—Eso no es Elena…
La criatura inclinó la cabeza.
—Ya no.
El aire se volvió más pesado.
Como si respirar costara cada vez más.
Entonces una de las mujeres del pueblo comenzó a gritar señalando el techo.
Algo se movía allí arriba.
Sombras.
Decenas.
Arrastrándose por las paredes como insectos humanos.
Gabriel tomó la mano de Valeria.
—Tenemos que encontrar una salida.
La señora Miriam se acercó temblando.
—Hay una forma…
Todos la miraron rápidamente.
La anciana respiraba con dificultad.
—Tu abuelo escribió sobre esa cosa en un diario. Decía que no podía morir… pero sí podía volver a ser encerrada.
La criatura dejó de sonreír.
Por primera vez parecía molesta.
—Miriam…
La voz sonó más profunda.
Más peligrosa.
La anciana siguió hablando ignorándola.
—Debajo del sótano hay un pozo antiguo. Allí fue encontrada. Si el sello se rompe… puede tomar cuerpos.
Valeria sintió frío.
—¿Tomar cuerpos?
La señora Miriam señaló a la falsa gemela.
—Eso ya no es Elena. Solo usa su rostro.
El rostro de la copia comenzó a deformarse violentamente.
Los huesos crujieron.
La mandíbula se abrió demasiado.
Y de su garganta salió una voz monstruosa:
—ELENA ME ENTREGÓ SU ALMA.
Varios habitantes comenzaron a llorar aterrados.
Gabriel retrocedió horrorizado.
Valeria sintió que las piernas le fallaban.
Porque ahora entendía todo.
Las desapariciones.
Las voces.
Las visiones.
La criatura había estado usando a Elena desde niña.
Y cuando murió…
Algo de ella permaneció vivo.
La falsa Valeria sonrió grotescamente.
—Ella quería ser especial.
Entonces miró directamente a Valeria.
—Pero tú siempre fuiste la favorita.
La criatura dio un paso adelante.
Y toda la casa tembló.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Del techo cayó tierra negra.
Los habitantes gritaban rezando desesperadamente.
Entonces la señora Miriam tomó a Valeria de los hombros.
—Escúchame bien.
La anciana le entregó una vieja llave oxidada.
—El sello está bajo el sótano. Debes cerrarlo antes de medianoche.
Valeria tembló.
—¿Y si no lo hago?
La anciana comenzó a llorar.
—Entonces esa cosa saldrá de esta casa… y jamás volverá a esconderse.
La criatura soltó una carcajada monstruosa.
Y todas las sombras del techo comenzaron a descender hacia ellos.




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