La gemela malvada

Capitulo 13

La luz roja consumía el sótano entero.
El sello brillaba bajo los pies de Elena mientras la oscuridad intentaba escapar desesperadamente de su cuerpo.
La criatura rugía usando miles de voces humanas.
Voces de hombres.
Mujeres.
Niños.
Todas mezcladas en un sonido imposible de soportar.
Valeria intentó cruzar el círculo.
Pero una fuerza brutal la lanzó hacia atrás.
—¡ELENA!
Su hermana sonrió entre lágrimas.
La misma sonrisa triste que tenía cuando eran pequeñas y rompía algo sin querer.
Por primera vez… no parecía un monstruo.
Solo una chica asustada.
—No puedo dejar que salga… —susurró.
La oscuridad comenzó a envolverle los brazos.
Trepar por su cuello.
Entrar en sus ojos.
La criatura estaba tratando de consumirla completamente antes de quedar sellada.
Gabriel logró ponerse de pie tambaleándose.
—¡Tenemos que sacarla de ahí!
La señora Miriam negó llorando.
—Si rompe el círculo… todos moriremos.
El pozo comenzó a cerrarse lentamente.
Pero algo gigantesco empujaba desde abajo.
Algo tan enorme que hacía temblar toda la casa.
Las paredes comenzaron a partirse.
Se escuchaban gritos arriba.
El pueblo entero podía oír a la criatura.
Valeria se arrastró hasta el borde del círculo.
—Por favor… no me dejes sola otra vez…
Elena comenzó a llorar.
Y entonces confesó algo que había guardado toda su vida.
—Yo maté a papá.
El silencio cayó de golpe.
Incluso la criatura pareció detenerse un segundo.
Valeria sintió el corazón romperse.
Elena bajó la mirada.
—Él descubrió lo que hablaba conmigo en el sótano… quiso encerrarme… y yo me asusté…
La oscuridad se movió violentamente bajo su piel.
—Nunca quise hacerlo…
Valeria lloraba sin poder detenerse.
Toda su vida había esperado odiarla.
Pero ahora solo veía a una niña destruida.
Una niña que jamás tuvo oportunidad de ser normal.
Elena levantó lentamente la mirada.
—¿Sabes qué era lo peor?
Valeria negó entre lágrimas.
—Que aun haciendo cosas horribles… seguías amándome.
La criatura rugió con furia.
—¡ELENA!
El cuerpo de la gemela comenzó a quebrarse.
Sombras negras salían de su boca y ojos.
El sello estaba funcionando.
Pero no resistiría mucho más.
Gabriel miró horrorizado el techo.
—¡La casa va a derrumbarse!
Y era verdad.
Grandes grietas atravesaban las paredes.
El suelo se hundía lentamente alrededor del pozo.
Entonces Elena sonrió por última vez.
Una sonrisa tranquila.
Humana.
—Prométeme algo, Valeria.
—Lo que sea…
—No recuerdes solo al monstruo.
Valeria comenzó a sollozar.
Elena cerró los ojos.
Y susurró:
—Recuerda también a tu hermana.
Entonces clavó ambas manos dentro del sello.
La luz explotó violentamente.
La criatura lanzó un alarido tan terrible que las ventanas del pueblo estallaron al mismo tiempo.
Y el pozo…
Comenzó a tragársela.




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