La geometría de tu mirada

Capítulo 6: El eco de su voz

Marlon

​Abrí la puerta de mi apartamento y tiré las llaves sobre la mesa de la cocina. Me desabroché la corbata negra de un tirón, abrí los primeros botones de mi camisa manga larga y me pasé la mano por el cabello despeinado. La noche estaba tranquila, pero dentro de mi pecho había un revuelo que no me dejaba asentarme.

​Me acerqué a la ventana y miré las luces de la ciudad. Durante meses, mi vida fuera del trabajo había sido un espacio de orden, silencio y rutinas vacías. Cumplir mi turno de seguridad, mantener la cara seria, regresar a casa y esperar al día siguiente.

​Pero esa noche el apartamento no se sentía igual. Había un eco distinto flotando en las paredes.

​Tenía grabada en la memoria cada fracción de segundo de nuestra conversación en la papelería. Su rostro confundido, la forma en que inclinó la cabeza para mirarme desde sus 1.62 de estatura, la timidez de sus manos ajustándose la camisa ancha y la manera tan dulce en que sonrió cuando le hablé de su tienda de flores.

​Hasta hoy, admirarla había sido un ejercicio en silencio, una devoción secreta a la distancia. Sabía cómo caminaba, cómo trabajaba con su hermana y cómo se escondía bajo su ropa holgada, pero no conocía la melodía de su voz.

​Escucharla hablar por primera vez había sido como encender una luz en una habitación a oscuras.

​Sostuve mis manos frente a mí y las cerré en un puño. Mis venas y músculos seguían tensos por el recuerdo de su cercanía. Ya no era solo la chica que veía pasar a las seis de la tarde. Ahora su voz tenía forma, sus palabras tenían un peso real y la distancia entre los dos se había reducido a un simple saludo.

​Mañana no tendría que limitarme a verla desde la sombra de una columna. Mañana podía mirarla, decirle hola, escucharla responder y construir, segundo a segundo, el camino para acercarme más a ella.

​Sonreí para mis adentros en la penumbra de mi sala. El chico duro de traje negro y cara seria había caído por completo, y lo peor —o lo mejor— es que no tenía la menor intención de levantarme.




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