La geometría de tu mirada

Capítulo 12: desprevenido y un mensaje a distancia

Marlon

​Llevaba toda la mañana dándole vueltas al asunto. Me ajusté el nudo de la corbata negra por quinta vez en el turno, con la mirada fija en los baldosines del pasillo.
​Mi mente era un campo de batalla. Un tipo de más de un metro ochenta y cinco, con cara de pocos amigos y tatuajes bajo la camisa, paralizado por la simple idea de pedirle el teléfono a una chica de metro sesenta y dos que vestía camisas oversize.

«¿Y si le parece atrevido? ¿Y si piensa que me estoy aprovechando de la confianza de la base de madera? ¿Y si me dice que no y las cosas se vuelven incómodas cuando pase por el pasillo?», me repetía en un bucle absurdo.
​Estaba planeando esperarla a la salida del turno, o quizás inventar alguna excusa formal sobre la seguridad del pasillo para pedirle el contacto. Tenía una estrategia armada en la cabeza, un guion perfecto que se desmoronó por completo en dos segundos.

​—Hola, Marlon.
​Su voz sonó a mi lado, suave y un poco apresurada.
​Me giré de golpe. Olivia estaba ahí, parada a pocos centímetros de mí. Llevaba una camisa color crema y sus manos jugaban nerviosamente con el borde de la tela. Noté el brillo en sus ojos café y el leve rubor en sus pómulos morenos. Mi corazón se saltó un latido; no me esperaba para nada que ella fuera la que cruzara el pasillo para buscarme.
​—Hola, Olivia —respondí, bajando la cabeza para mirarla, intentando que mi voz sonara relajada aunque por dentro me estuviera muriendo de los nervios—. ¿Todo bien con la tienda?
​—Sí, todo bien —dijo, tomando aire como si estuviera a punto de saltar a un abismo—. Solo quería... bueno, pensé que sería buena idea tener tu número de teléfono. Por si ocurre algún inconveniente con algún pedido, la carga de mercancía o cualquier cosa de la floristería... para poder consultártelo directamente.
​Me quedé congelado un segundo. Ella sostenía su teléfono entre los dedos con fuerza, mirándome con una mezcla de valentía y timidez que me dejó sin aliento.
​Una parte de mi cerebro profesional pensó: «Claro, solo lo quiere por trabajo, como contacto de seguridad del centro comercial».

Pero ver la forma en que mordía sutilmente su labio inferior esperando mi respuesta me dijo que detrás de esa excusa de trabajo había un paso enorme de su parte. Había armado de valor su corazón para acercarse a mí.
​—Claro —dije de inmediato, tomando su teléfono con una agilidad torpe que jamás usaba en mi turno—.

​le devolví el teléfono con sus diez dígitos marcados, sentí que la jornada entera había valido la pena. Se despidió con una sonrisa rápida y volvió casi corriendo a su tienda, dejándome parada en medio del pasillo con una sonrisa que ya no pude quitarme de la cara durante el resto de la tarde.
​Pasaron dos horas. El centro comercial empezó a quedarse en silencio a medida que cerraban los locales. Yo estaba recostado contra la columna, sintiendo la vibración del teléfono en el bolsillo de mi pantalón de vestir.
​Lo saqué rápidamente. La pantalla se iluminó con un mensaje de un número no guardado:

Ella: Hola, este es mi número

Marlon: Pensé que no escribirías.

Ella: ¿Por qué no hacerlo? Yo te lo pedí 😉

Marlon: Jajaja tienes razón, chiquita. Pero me tomaste completamente desprevenido. Llevaba toda la mañana pensando cómo pedírtelo yo sin sonar atrevido.

Ella: ¿En serio? Tan grande e imponente que te ves en ese traje y te dio pena pedirme el número, guapo?

Marlon: No es pena... es que tú me pones nervioso. Te estaba viendo caminar por el pasillo desde temprano con esa camisa clara. Siempre es un placer admirarte, pero tenerte tan cerca a veces hace que se me olvide qué decir.

Ella: Te vi mirando hacia la tienda... no pensaba que estabas planeando todo eso en tu cabeza.

Marlon: Llevo meses planeando mil formas de acercarme a ti. Me alegra que hayas sido tú la que dio el paso hoy. Ya no tienes que buscar excusas de trabajo para escribirme, chiquita.

Ella: Me gusta cómo suena eso... Y está bien, prometo no usar excusas de trabajo la próxima vez.

Marlon: Me parece perfecto. Ahora que tengo tu número, prepárate, porque no voy a dejar de recordarte lo hermosa que te ves cada vez que cruzas ese pasillo.

​Dejé el teléfono contra mi pecho, mirando hacia el techo del pasillo ahora semioscuro. El juego de las miradas a la distancia había quedado oficialmente atrás. La cancha estaba libre, y yo no pensaba perder ni un solo segundo para demostrarle a esa chica hermosa que mi atención, mi respeto y mi cariño eran completamente suyos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.