Olivia
—Olivia, de verdad, o le pides el número tú o voy yo y se lo pido en tu cara —mi hermana dejó caer un rollo de cinta sobre la mesa con una determinación que me dio escalofríos.
—¡Shhh! Calla la boca, te va a escuchar —susurré, sintiendo la cara caliente mientras me escondía detrás de un ramo de follaje.
Salí un segundo a mirar por la rendija del mostrador. Ahí estaba él.
Marlon Valderrama
Eran pasadas las once de la mañana y vestía con esa camisa negra impecable, el pantalón de vestir y la corbata ajustada. Medía más de un metro ochenta y cinco y tenía esa cara de serio que intimidaba a medio mundo, pero cada dos minutos su mirada café se desviaba directamente hacia nuestro local.
—No voy a pedirle nada —dije, tratando de sonar firme mientras ajustaba las tijeras en mi mano—. Sabes perfectamente que tengo pareja. No voy a complicarme la vida ni a meter a otra persona en mis enredos. Es una falta de respeto.
—¿Falta de respeto? —mi hermana se cruzó de brazos, mirándome con esa mezcla de amor y frustración que solo una hermana menor sabe poner—. Falta de respeto es que sigas metida en una relación donde eres invisible, recibiendo sobras de afecto, solo por miedo a estar sola. Llevas meses viviendo en una rutina congelada, Oli.
—Esto es distinto... Marlon solo es educado —intenté excusarme, aunque mi propio corazón me traicionaba con un vuelco al pronunciar su nombre.
—¿Educado? —mi hermana soltó una risita suave—. Ese hombre no te mira como el guardia del centro comercial. Te mira como si fueras la única mujer en este piso. Esos ojos no son para cualquiera, Olivia. Te mira diferente. Te busca con la mirada todo el día, se pone nervioso cuando pasas y ayer casi se le cae la mandíbula cuando le diste las gracias por la madera. ¡Déjate querer o por lo menos date la oportunidad de hablar con alguien que sí nota que existes!
Me quedé en silencio, apretando la tela de mi camisa crema. Sus palabras se me clavaron en el pecho porque sabía que tenía razón. Estaba aferrada a un compromiso por pura costumbre, por miedo a romper el cascarón, soportando la indiferencia de alguien que ya no me veía. Y mientras tanto, al otro lado del pasillo, había un hombre imponente que no necesitaba que yo usara tacones ni ropa ajustada para mirarme como si fuera un tesoro.
—Solo... no sé qué decirle —admití en un susurro diminuto, rindiéndome por fin.
—Inventa algo del trabajo —me guiñó un ojo mi hermana, dándome un empujón suave en la espalda hacia la salida—. Dile que es para consultar por si hay problemas con los pedidos o la carga de mercancía. Armate de valor. ¡Ve!
Sentí que las piernas me temblaban mientras cruzaba el piso del centro comercial. Sentía cada paso como si caminara sobre un abismo. Pero cuando me detuve a su lado, vi cómo su rostro duro se suavizó al instante. Ver el brillo cálido en sus ojos café cuando le pedí el número bajo la excusa de la floristería me dio una descarga de adrenalina que jamás había sentido.
Al regresar a la tienda, me dejé caer en la silla del mostrador con el corazón latiéndome en la garganta. Tenía su número guardado en mi teléfono. Tenía la pantalla abierta, los dedos sobre el teclado... y me congelé.
«No le escribas, Olivia. ¿Qué estás haciendo?», me dijo mi voz insegura.
La culpa me apretó el pecho. Estaba a punto de guardar el teléfono en el bolsillo para no volver a tocarlo, cuando mi hermana me quitó el café de la mano y me miró a los ojos.
—Ni se te ocurra echarte para atrás —me dijo con voz dulce pero firme—. Está bien que él te vea, Oli. Está bien que sientas esto. No estás haciendo nada malo por permitir que alguien te trate con el interés que te mereces. Escríbele.
Tomé aire, cerré los ojos un segundo y dejé ir la culpa. Dejé que el recuerdo de su mano cálida, de su sonrisa respetuosa y de la forma en que me miraba desde la distancia me dieran el valor que me faltaba.
Escribí esas primeras palabras simples:
«Hola, este es mi número».
Y cuando mi teléfono vibró apenas un minuto después con su respuesta, supe que ya no había vuelta atrás. Había salido del cascarón, y al otro lado me esperaba un hombre listo para recibirme.
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una novela romntica, amor propio.., una encuentro que cambia todo
Editado: 10.09.2026