Olivia
Me acosté temprano esa noche, pero el sueño estaba a años luz de mi habitación.
La casa estaba sumida en esa frialdad de siempre, pero bajo mis cobijas el aire se sentía distinto.
La pantalla de mi teléfono iluminaba la penumbra mientras releyera los mensajes de la tarde. «Jajaja tienes razón, chiquita», «Siempre es un placer admirarte». La palabra chiquita leyéndose en la voz de un hombre de más de un metro ochenta y cinco me provocaba una calidez en el estómago que me hacía sonreír a oscuras.
A las diez y media, el teléfono vibró en mi mano: Marlon.
Me acomodé las cobijas hasta la barbilla, tomé aire y deslicé el botón verde.
—¿Aló? —susurré.
—Hola, chiquita... buenas noches —la voz de Marlon resonó al otro lado de la línea. Era una voz más grave, pausada y cálida que la que usaba en el centro comercial.
Escucharla tan cerca de mi oído me provocó un escalofrío de arriba abajo—. Espero no haberte despertado.
—No... para nada —sonreí contra la almohada—. Estaba pensando en ti.
Escuché su risa profunda, un sonido masculino y genuino que me llenó el pecho.
—Me alegra escuchar eso, porque yo no me te he podido sacar de la cabeza —confesó en voz baja—. Si supieras lo mucho que me fascinan tus ojos... Tienes una mirada café tan hermosa, tan transparente, que desde el primer día me dejó completamente hipnotizado. Podría pasarme la vida entera mirándote a los ojos, Olivia.
Pasamos casi una hora hablando en susurros antes de despedirnos. Por primera vez en años, me dormí sintiendo que alguien valoraba cada trozo de mí.
Al día siguiente, mientras el centro comercial apenas abría sus puertas y yo preparaba las flores en la tienda, mi teléfono vibró. Era una nota de voz de Marlon deseándome los buenos días.
Me puse los audífonos y le di a reproducir mientras cerraba los ojos:
"Hola, chiquita... Buenos días. Espero que hayas amanecido bien. Ya estoy por aquí en el turno y quería contarte algo que nunca le he dicho a nadie.
Cuando llegué a trabajar a este centro comercial hace meses, me sentía desubicado. Por eso decidí adoptar este porte rígido, esta postura seria y la cara de pocos amigos. Construí esa apariencia imponente como una armadura para dar cierto 'miedo' o respeto y evitar que la gente se me acercara demasiado.
el traje negro me dio ese aspecto perfecto para esconderme detrás del personaje del guardia duro... hasta que apareciste tú con tu ropa oversize. A partir de ese día de enero, mi armadura no me sirvió de nada. Cada vez que pasabas, me desarmabas por completo. Solo quería que me miraras.
Contigo nunca ha habido escudos, Olivia. Contigo siempre he sido solo yo. Que tengas un bonito día en la tienda, chiquita. Te veo en un rato."
Solté un suspiro largo, llevando una mano a mi pecho. Escuchar su vulnerabilidad me derribó la última defensa. Me asomé por el cristal de la tienda y lo vi a la distancia, recto e imponente. Pero al sentir mi mirada, la dureza de su rostro se desvaneció, regalándome una sonrisa pequeña y cómplice que solo nos pertenecía a los dos.
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una novela romntica, amor propio.., una encuentro que cambia todo
Editado: 10.09.2026