La geometría de tu mirada

Capitulo 15: El cafe y una excusa para dos

Punto de vista de Olivia y Marlon)
​Olivia

​Esa mañana me miré al espejo del baño antes de salir de casa y tomé una decisión.
​Giré la mirada hacia las camisas oversize gigantes que solía usar para esconderme del mundo y, por primera vez en mucho tiempo, las dejé colgadas. Saqué del armario un body negro de manga larga ajustado al cuerpo, un pantalón cargo color verde oliva que marcaba mi figura sin perder la comodidad, y mis zapatos deportivos favoritos.
​Al soltarme el cabello negro y mirarme de nuevo, sonreí. No lo hacía por vanidad; lo hacía porque Marlon me estaba haciendo recordar lo hermoso que se sentía querer verse bonita, arreglarse y habitar mi propia piel sin miedo a ser vista.
​Llegué a la floristería a media mañana. Mi hermana, al verme entrar con ese cambio de estilo, soltó un silbido divertido desde la mesa de trabajo.

​—¡Pero bueno! ¿A dónde tan bella hoy? —bromeó, guiñándome un ojo—. Alguien va a provocar un infarto en el pasillo principal.
​Me sonrojé levemente, pero antes de que pudiera responder, la sombra imponente de Marlon recortó la entrada del local.

Marlon

​Caminé hacia la floristería sosteniendo dos vasos de café en la mano. La excusa era simple: llevarle algo caliente para arrancar la jornada. Pero cuando crucé el umbral de su tienda y la vi pararse de espaldas al mostrador, me quedé sin aire.
​Olivia no llevaba sus habituales prendas gigantes. Vestía un body manga larga que moldeaba sus hombros y su cintura, un pantalón cargo espectacular y sus deportivos. Ver su figura, su piel morena y su cabello suelto me dejó absolutamente mudo por un segundo. Si antes me parecía la mujer más hermosa del centro comercial, hoy era directamente un espectáculo.
​Me aclaré la garganta, intentando recuperar mi postura profesional mientras la miraba de arriba abajo con una admiración que no pude disimular.

​—Buenos días... —dije, bajando la voz para que solo ella me escuchara—. Te ves... increíble, Olivia. De verdad. Me has dejado sin palabras.
​Ella bajó la mirada apenada, pero con un brillo de felicidad enorme en sus ojos café.

​—Gracias... —sonrió, acercándose a mí—. Y gracias por el café, no me lo esperaba.
​Le entregué el vaso. Al tomarlo, sus dedos rozaron los míos intencionalmente, enviándome esa corriente eléctrica que ya se estaba volviendo adictiva.
​—El café es solo la excusa, chiquita —admití, dando un paso más cerca de ella, aprovechando que su hermana disimulaba ordenando unos floreros al fondo—. La verdad es que quería preguntarte algo. ¿Aceptas salir a comer conmigo cuando termine tu turno? Me encantaría invitarte, sentarnos con calma y escucharte hablar sin un mostrador de por medio.
​Olivia se quedó congelada un segundo, mirando el café en sus manos y luego levantando esos ojos hermosos hacia los míos. La timidez cedió paso a una decisión clara.
​—Me encantaría, Marlon —respondió en un susurro dulce pero firme—. Acepto la invitación.

​Sonreí de lado, sintiendo el corazón latiéndome a mil en el pecho. Había empezado el día admirándola a la distancia, y ahora tenía una cita con la mujer que había vuelto patas arriba todo mi mundo.




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