Punto de vista de Olivia y Marlon)
Olivia
Mi mano seguía posada sobre el mentón de Marlon, acariciando su lunar, mientras sus palabras flotaban entre los dos como un hechizo. La respiración se me había detenido por completo. Estaba a un milímetro de sus labios, atrapada en la profundidad de sus ojos café.
De repente, la pantalla de mi teléfono se iluminó con una vibración insistente dentro de mi bolso, rompiendo el trance de golpe.
Di un paso atrás, sobresaltada, retirando mi mano de su rostro con torpeza. Saqué el teléfono con los dedos temblorosos y leí la notificación en la pantalla: «Este fin de semana no estaré en casa, me iré a quedar donde mis padres».
Un suspiro de alivio involuntario se me escapó del pecho. La casa estaría sola. Toda la presión de tener que dar explicaciones o rendir cuentas desapareció en un segundo, dejándome la cancha libre para tomar mis propias decisiones.
Miré a Marlon. Él seguía ahí parado, impecable bajo el alero, observándome con esa serenidad protectora mientras la lluvia empezaba a disiparse.
—Marlon... —tragué saliva, sintiendo que mi corazón latía a mil por hora—. ¿Todavía sigue en pie tu propuesta de llevarme en la moto?
Él alzó una ceja, sorprendido pero con una sonrisa sutil apareciendo en sus labios.
—Siempre, chiquita. Pero pensé que tenías miedo.
—Me aterrorizan las motos —admití en un susurro, apretando las manos—. De verdad me dan mucho miedo... pero no quiero irme sola hoy.
Marlon dio dos pasos hacia mí, tomó el casco que llevaba en la mano y se inclinó levemente para colocármelo sobre la cabeza. La delicadeza con la que abrochó la correa bajo mi barbilla me hizo cerrar los ojos un segundo.
—Te voy a llevar sana y a salvo, te lo prometo —dijo con esa voz grave que me erizaba la piel—. Pero te voy a poner una sola condición: tienes que aferrarte a mí con todas tus fuerzas, como si no me fueras a soltar nunca. Como si te fueras a caer si me sueltas. ¿Trato?
Asentí con la cabeza, incapaz de articular palabra.
Marlon
Puse la moto en marcha y esperé a que se acomodara detrás de mí.
Había puesto esa condición creyendo que la ayudaría a sentirse segura, pero en el instante en que sentí sus dos brazos rodearme la cintura con fuerza, pegando su pecho a mi espalda y escondiendo su rostro en mi nuca, me di cuenta de mi error.
Fue una idea terrible para mi propio autocontrol.
Sentir su cuerpo pegado al mío, la presión de sus manos aferrándose a mi camisa negra y su aliento tibio atravesando la tela de mi espalda envió una sacudida de adrenalina directo a mi sistema. Mis manos apretaron el manubrio de la moto con una fuerza absurda. Tuve que concentrarme al máximo en la calle mojada, porque tener a Olivia así de cerca estaba poniendo mi mundo patas arriba.
Llegamos a la puerta de su casa en cuestión de minutos. Apagué el motor, lo curioso es que ya sin movernos ella seguia con sus manos aferradas al borde de mi camisa durante unos segundos más, como si su cuerpo se negara a soltarme.
Sonreí de lado, mirándola desde arriba mientras me quitaba los guantes.
—¿Sabes, chiquita? —bromeé en voz baja, inclinándome hacia ella con tono pícaro—. Si quieres podemos entrar... En la cama es mucho más cómodo dormir así de abrazados.
Olivia se puso roja como un tomate en un segundo. Bajó la mirada de golpe, mordiéndose el labio inferior, aplastada por una timidez adorable. No sabía cómo despedirse después de todo lo que habíamos vivido esa noche, así que hizo lo único que se le ocurrió en su nerviosismo: estiró la mano derecha hacia mí para dármela de forma rígida.
—Gracias... por traerme, Marlon —murmuró apresurada.
Me quedé mirando su manita extendida un segundo. Aguanté las ganas de reírme, tomé su mano entre la mía con suavidad, le di un apretón ligero y le regalé una sonrisa pícara.
—De nada, Olivia. Que descanses.
Olivia
Entré a casa y cerré la puerta con llave, apoyando la espalda contra la madera. Me quedé a oscuras un momento, tocándome las mejillas calientes y sonriendo para mí misma en el silencio de la entrada.
Me fui directo al baño para tomar una ducha caliente y quitarme el frío de la lluvia. Mientras dejaba que la ropa cayera al suelo, el teléfono vibró sobre el lavamanos.
Era un audio de WhatsApp de Marlon.
Le di a reproducir con el corazón desbocado:
"Hola, chiquita... Ya llegué a mi casa.
Quería decirte que esa despedida en tu puerta pudo haber estado muchísimo mejor. Tú y yo no somos socios comerciales para andarnos dando la mano después de cómo me abrazaste en la moto.
Si supieras cómo me moría por darte un beso ahí mismo... pero no lo hice porque te respeto. Te prometo que yo no voy a tomarme ese atrevimiento por mi cuenta. Si tú quieres que yo te bese, vas a tener que pedírmelo tú misma, o dar el primer paso tú. Solo así sabré que estás lista.
Descansa, chiquita. Que tengas bonitos sueños."
Me quedé paralizada en medio del baño, con la respiración entrecortada y el teléfono contra el pecho.
Al terminar de ducharme, me metí bajo las cobijas de mi cama. La casa estaba sola y fría, pero dentro de mí ardía un fuego nuevo. Me dormí con una sonrisa dibujada en el rostro y una promesa flotando en mi mente: la próxima vez que tuviera a Marlon Valderrama enfrente, no le daría la mano.
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una novela romntica, amor propio.., una encuentro que cambia todo
Editado: 10.09.2026