La gran y poderosa Trixie en el exordio bajo las pirámides

En el final del Exordio - Acto IV

¿Esto es real?

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Sobre las tierras de Equestria, perdiéndose en la línea final del horizonte, el sol del día más largo se acercaba al final de su viaje.

En Ponyville, una rústica y apacible villa cercana a la capital del reino, la luz crepuscular bañaba los tejados de las casas con una calidez suave y perezosa.

En las colinas cercanas, el pasto verde brillaba en tonos anaranjados y ocres, acariciado por la brisa juguetona que siempre danzaba a esas horas. A lo lejos, los bosques se extendían bajo la sombra benévola de la noche que lentamente se aproximaba, como un manto protector envolviendo la tierra.

El paisaje era, sin duda, relajante y pacífico, capaz de infundir calma a cualquiera que lo contemplara.

O al menos, así debería haber sido en ese día tan especial y festivo.

Aislado en las cercanías del pueblo, algo perturbador estaba ocurriendo en ese mismo momento.

A la vista de todos los habitantes del tranquilo poblado, el castillo de la princesa Twilight, gobernante de Equestria y embajadora de la amistad, había sufrido una inquietante e inexplicable transformación.

El antes majestuoso y brillante castillo, que se asemejaba a un joven árbol, ahora lucía deforme y sombrío. Su estructura, envuelta en un aire distorsionado, había crecido desmesuradamente, elevándose hacia el cielo como una espina retorcida y amenazante.

Lejos de verse como el símbolo de paz que todos conocían, el castillo habia tomado la forma de una ominosa y sobrecogedora torre oscura que infundía temor en quienes osaban mirarla.

Tal era el cambio que, confundidos por lo que veían, muchos ponis se frotaban los ojos, incrédulos ante lo que tenían frente a ellos.

Pero la realidad no podía ser negada. Estruendos resonaban como rugidos de bestias desde el interior de la oscura torre. El suelo temblaba, el aire vibraba y nubes tormentosas giraban alrededor de la cúspide de la construcción, como si el mismo cielo se hubiera convertido en un vórtice.

Nadie en Ponyville sabía lo que estaba ocurriendo dentro del otrora castillo de la amistad.

Y si lo supieran, no estarían allí, observando con desconcierto. Más bien, habrían huido, escondiéndose aterrados, anticipando el catastrofe que estaba a punto de desatarse...

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Dentro del castillo, el destino se abría paso en medio del caos...

"¡CONSEJERA TRIXIE!" gritó desesperada Ocellus desde el otro extremo del puente.

La escena que los Young-Six presenciaban era aterradora. Un monstruo de proporciones ciclópeas había surgido de las profundidades del gran atrio. Era una masa de poder tan abrumadora como ninguna que hubieran sentido antes en sus vidas. La criatura, cuya mera presencia irradiaba una barrera mágica que empujaba todo a su paso, se alzaba como una grotesca serpiente negra y corrupta, envuelta en llamas esmeraldas.

Y aun así, frente a esa poderosa bestia, sobre un débil puente de cristal que amenazaba con derrumbarse, una unicornio insospechada y valiente hacía frente a la amenaza.

Trixie Lulamoon le plantaba cara a la oscuridad, con un tenue destello de magia en su cuerno, firme como un héroe salido de una leyenda épica.

Sin embargo, esa imagen heroica duró solo un fugaz parpadeo. Antes de que cualquiera de los Young-Six pudiera decir algo más, la luz del cuerno de Trixie se apagó, y quedó atrapada por la vil magia del monstruo que intentaba detener. Con el mismo desdén que alguien mostraría al aplastar algo molesto bajo su pie, la bestia levantó un tentáculo con Trixie en su extremo, observándola como si acabara de encontrar algo curioso e irrelevante.

"¡Va a acabar con ella!" exclamó Sandbar, incapaz de contener las emociones que lo invadían. El resto de sus compañeros, también dominados por la intensidad de la situación, solo podían observar el inevitable desenlace que se desarrollaba ante sus ojos.

Pero ellos no eran los únicos testigos de ese momento.

En otro lugar, oculto en las sombras del castillo, una presencia desconocida también observaba la escena desde una habitación lejana.

Fascinada por el espectáculo que su magia le mostraba, la presencia contenía el aliento mientras imaginaba el desenlace.

Un destino inevitable. Un final espantoso y cruel bajo las sombrías garras de aquel monstruo nacido de las tinieblas.

Pronto, todo acabaría para Trixie... ¿o tal vez no?

Después de lo que pareció una eternidad de suspenso en la mente de los que observaban, el monstruo finalmente hizo su movimiento.

Desconcierto. Eso fue lo que se reflejó en el rostro de la presencia desconocida.

"No... imposible..." murmuró, incrédula.

Era inaudito, completamente contrario a lo que el sentido común dictaría como un desenlace predecible. Ante sus atónitos ojos, ¡el enorme y poderoso monstruo no había acabado con Trixie! Es más, la había colocado cerca suyo, suspendida en la punta de uno de sus tentáculos principales, como si tuviera algún valor para él.

"Imposible, imposible, imposible..." repetía sin cesar.

La mente de la presencia desconocida era un torbellino de confusión. Todo el conocimiento que había robado no le bastaba para entender lo que ocurría. ¿Por qué el monstruo no había eliminado a Trixie? ¿Cuál era entonces su objetivo? ¿De dónde había salido esa criatura en primer lugar?

Ella había orquestado la persecución mortal que los Young-Six y la propia Trixie habían sufrido durante toda la tarde. Había invertido tiempo y recursos en tratar de eliminarlos, y había estado tan cerca de lograrlo. Pero ahora...

Ahora...

"¡HAAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡CAPTÚRENLA! ¡CAPTÚRENLA Y TRAEDLA ANTE MÍ DE INMEDIATO!" rugió, consumida por una ira ciega y desquiciada.

Sus siervos, oscuras armaduras vivientes, dejaron de lado todas las órdenes previas y, sin vacilar, se lanzaron a cumplir la nueva misión de su amo.




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