Maldiciones. Belle busca ayuda e intenta poner orden. Caos total en la ciudad. Los niños van al laboratorio, Belle emprende un viaje al interior. -
La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (génesis 1:2)
No puedo quedarme de brazos cruzados, si hay algo de mí que puede salvarlos, ese algo lo hará sin importar lo que suceda.
Belle Sara Inosanto de Gunnes. –
Aún la lluvia continuaba sin interrupciones en medio de toda la llanura que se expandía por el camino de tierra. Si bien Lucius conocía la magnitud de lo ocurrido, restaban demasiados puntos por resolver sobre ese señor del inframundo. Permaneció dentro de la cabaña, esperando que de alguna manera dejase de caer agua desde los cielos. La bruma se entremetió entre las aberturas de la casa con un aroma molesto y mientras sucedía ello los pastizales y arbustos de tamaño considerable, se movían como si fueran arrancados produciendo una desestabilización. La cabaña por así mencionarlo era un ambiente abandonado cuyo interior solo poseía un ambiente con una silla, mesa y utensilios de herramientas en un mueble cubierto de telas de araña, eso le produjo un recuerdo de Belle al doctor que requisaba el sitio. Luego se sentó tranquilo a cavilar un plan, ya que no era prudente lanzarse a realizar una misión de tal magnitud.
Aplacar mortales con su nigromancia no era lo mismo que enfrentar entidades que sobresalen a la hora demostrar su poder.
Belle, estaba inquieta y Octavio se sentó en el sillón, lo que llamó la atención de Mei H.
Mei H lo miró detenidamente, pero no quería llegar más allá de ello. Era un tanto insalubre para ella querer descifrar el interior de los seres de todos los mundos con su ojo que todo lo vé. Ya sabía que observar puede ser doloroso. Aunque Octavio tenía unos síntomas extraños. Sus ojeras eran prominentes y sus pupilas dilatadas al máximo como si la fatiga y otros seres se adueñasen de su cuerpo, reclamándolo como único.
Guardó silencio.
Belle, resolvió nuevamente salir de la casa.
EL teléfono de ella sonó. Creyendo que podría ser la comunicación con Lucius no tardó en verificar al sacarlo de su bolsillo.
Con la tempestad disminuyendo Gunnes abrió la puerta en su totalidad. La bruma comenzaba a reducirse por una suerte de ventisca que acompaño la exaltación de sus nervios cuando sus ojos pudieron apreciar algo totalmente increíble. Con su mano derecha se aferró fuertemente a la madera de la puerta que chirriaba con la brisa que fortalecía sus lamentos y el sonido. Una música sacramental resonaba son cesar.
Lucius apenas podía moverse. La sorpresa fue tal que cerró sus ojos en varias oportunidades, implorando que fuera una falacia. Una mala jugada de su mente. Una broma gastada por el cerebro.
Delante de él, una ciudad abandonada. En ruinas totales, como si nos atreviéramos a mencionar en apocalipsis. Lucius conocía algo de la historia. De la ciudad del fin de los tiempos. Así fue como la mencionó y describió una vez el papa Lev del bajo flores.
Una urbe devastada donde habitan engendros y almas penantes que comen carne viva. En la cual transita la muerte de la mano de la desesperación. Y todos los sentimientos lúgubres y de terror se esconden aquí. Ni siquiera Baba, sería tan cruel.
-¿Pero que hace aquí? – Se pregunta en sorpresas – Ese demonio..es peor de lo que parece.
Lucius comprendió que debía detenerlo.
La exaltación por la situación creada era tal. Un repentino movimiento del clima que generaba estragos en toda la zona de la ciudad y alrededores expandiéndose en una magnitud incomprensible.
William arribaba a la ciudad. Se encontraba a las afueras el vehículo que lo transportaba se averió y de inmediato se encontró en la ruta.
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Editado: 25.05.2026