Octavio va por Mei. Lucius, y Belle, salvadores contra los esbirros del fin del todo. Koha va por todo, Jaime, escribe, escribe algo que todo lo regrese a la normalidad.
Clama a mí y te responderé; te daré a conocer cosas grandes e inaccesibles que tú no sabes. – Jeremías 33:3
No es necesario que me enfrente a la parca, porque ya la parca ha hecho lo suyo conmigo, aunque aún me quedan cuentas por ajustar con ella. –
Octavio Couspide
Lucius se iba introduciendo por las inmediaciones de un destartalado parque.
A lo lejos Lucius veía como la figura de la gigante estatua del pretor romano en pedazos se encontraba en el suelo.
Unos muertos vivientes aparecieron en el escenario por detrás de Lucius.
Una figura se dirigió corriendo a toda velocidad por un corredor entre chapas de metal.
Una persona parecía correr a toda prisa, y giró en la dirección izquierda. Lucius fue directamente hacia donde se producía el disturbio. Los muertos con rostros humanoides se había amontonado contra esa persona.
Lucius, podía ver a un Octavio desesperado luchando contra varios de esos monstruos que se le iban aproximando.
Dieron la vuelta rápidamente hasta llegar a una vieja tienda repleta de chapas oxidadas. Cerraron las puertas entre la oscuridad y el desasosiego de un sitio abandonado y maltrecho. Había hedor de animales de corrales y algunos huesos de ellos.
Frunció el ceño Lucius. -
Octavio asiente. De alguna manera el pálpito le permitía discernir que ella se encontraba presa.
¿Qué lugar es éste? – Me encontré en el suelo en una casa de juegos destrozada con aparatos de diversión en plena oscuridad. Comencé a caminar cuidadosamente. Era un lugar similar a mi corazón con todos los detalles que corresponden a un desmoronamiento de los techos, y con metales vetustos y pastos secos que escapaban con una tímida vida desde el cemento, y polvillo de los materiales aniquilados. Por las afueras estaba todo cerrado y solo por el sonido del aire, podía percatarme que había una sola salida en una sola dirección.
A medida que me iba adentrando en varios pasajes descubría que había sedas de tela, pero sabiendo mi naturaleza, esa seda no la reconocía por nada. Era algo totalmente aberrante. El sentido táctil al tocarla me decía que una bestia me esperaba, y sentí cierto escalofrió, pues estaba acostumbrada a batallar imposibles, pero aquella singular criatura tenía las similitudes de ese fin del todo y los siameses. Hay contingencias que sabemos de antemano pueden llevarnos a una derrota total. Cerré los ojos y me adentré en su madriguera, con seguridad sabía que era importante que me encargase de ella. -
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Editado: 18.07.2026