Belle y el fin del todo. Mei cede a Octavio. Lucius llega al rescate. Todos nos preparamos para vencerlo
Pelea la buena batalla de la fe – Timoteo 6:12
¿Sí que me das problemas?
Lucius D Gunnes -
Nuevamente esa criatura. El fin del todo. Nuevamente estamos a cara. Negué varias veces. Comenzó a producir estruendo, y corrí en todas las direcciones posibles para esconderme, aunque era totalmente inútil.
Fui en dirección a un edifico escondiendo mis pasos, su energía era de una magnitud que me calaba los nervios. Las piedras volaban por doquier, cada vez que extendía los brazos con la configuración de una mitosis que le permitía la absorción, y su terrible aspecto se repartía en una amalgama de los cuatro elementos. Agua, aire, fuego y tierra. Un estruendo de un trueno pasó cerca de mis oídos
A lo lejos se oían nuevos estruendos. Me fui moviendo lentamente por la entrada de los escombros, aproximándome por una línea lindera con un basural. La figura ingresó en el límite de la periferia y descendiendo colocó ambos pies en el suelo y comenzó a caminar, mientras su fisonomía iba succionando metales y otros objetos. Era como si se alimentara de ellos. De toda la materia. Para vencerlo sea separarlo del todo. Por eso su nombre es como un final de los elementos.
A medida que se iba acercando, me fui desplazando con cuidado agachada sin hacer un solo sonido que pudiera despertar la sospecha. Una y otra vez, sus moléculas residuales rosaban cerca de mi anatomía, como el asesino al asecho buscando a su presa y apareciendo de inmediato en la escena para perpetuar el crimen.
Me escabullí en otra dirección, y después, avancé hacia una meta libre a una salida que daba a un galpón. No había seres vivos que pudieran marcar alguna diferencia de molestia para despistarlo.
Y avancé; aproximé lo que más pude, pero el error de la constancia, infiere que en cierto modo escapar podría ser imposible. Su agudeza sensorial era tal que podía hallar al mínimo ruido que pudiera existir. Solo bastó un solo movimiento. Aquel se dio vuelta y se dirigió hacia mí como levitando esta vez y pasó cerca. Estaba detrás de una pared y del otro lado la figura humanoide. Rápidamente giró hacia en donde me encontraba, pero me escabullí, cerca de otra pared girando en círculos.
El monstruo del fin me seguía los pasos volando, hasta que llegué a un último sector encerrado. No tenía salida.
Debía enfrentarlo una vez, una última vez. Respiré hondo y me armé del valor que necesitaba. Mis sentidos alertados, y el alma del interior en el corazón que latía tan fuerte por nervios, ansiedad, y otras emociones que son necesarias para existir. Ese musculo cual cueva de una madre arácnida se veía confrontada con la audacia de mi ser; el luchar o escapar, no tenía propósito de un sentido. Enfrentaba un extraordinario monstruo que luego de mi iría por los demás. Era un designio digno que albergaba la protección del bien mayor de las personas que amaba. Sus propias vidas. Una a cambio de otras. Era justo.
¡¡Auch!! – Me duelen los huesos y cada músculo de mi cuerpo, - Ladee negativamente – ¡Bueh! – Vamos darlo todo –
El golpe en mi interior por las heridas me detuvo, pero no importó - No, no debo ceder –lucha al máximo es lo que acabo de expresar. Ese es el último pensamiento de mi mente y corriendo hacia ese ser maldito, y salté por el aire queriendo volar, y él, vino hacia mí en idéntica dirección para un choque final. –
Solo pasa por la puerta. En ella te encontrarás con la creadora del mundo jamás soñado.
Fue que Octavio ingresó al limbo del espacio desde lo más profundo del interior del universo de Mei.
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Editado: 18.07.2026