Final sin Final.
Hazme saber, SEÑOR, cuál es el final de mi vida y el número de mis días; hazme saber lo efímero que soy – Salmo 39:4:6.
La razón es que no concluye aquí. Lo que hemos vivido solo puede tal vez considerarse un Prologo.
Jaime Mcfill
…se sucedieron los días..El aspecto del planeta recuperaba su forma. Y un notable conformación de hechos que se desvanecían. Algunas personas lo recordaban. El doctor Lammens con estudios hacia Mei, pudo concluir algunas conjeturas. Lo que hizo el gobierno y la agencia es actuar de manera conjunta y crear una colisión de hechos del pasado a presente. Aunque algunas personas sostenían que se produjeron eventos extraños por causa del llamado efecto Mandela.
Todo regresó a la normalidad. Una calma que podía apreciarse. Pos-disturbios que se esfumaron como si no hubiera sucedido nada al respecto. Nadie mencionaba el aguacero, ni la niebla. En el orco hadiano, por alguna razón sí. Y es que ellos poseían una cierta conexión cuántica con el ojo de Mei. Aunque había algo más que debía tenerse presente. El ojo de esta muchacha, era solo la punta del iceberg de algo peor. Un universo extrapolado que uniría todas las ramas en un desastre.
La familia aprovechó un festival, escolar que fue propicio para resolver la cuestión de la pequeña Mei. Belle lo tuvo todo planeado. Era solo un susto con el que los menores no volverían.
Mei, se encontraba yendo al baño. Varios niños se acercaron para una travesura malévola. Al salir estaban ellos allí con sus rostros ansiosos de un bulling que los marcaría con un temor para toda la vida
Mei se colocó firme
Uno de los abusadores se hizo encima. Y Mei comenzó a reír, mientras acariciaba a una de las criaturas.
El miedo fue tal que estaban paralizados. Todo concluyó rápido. Con ellos y ellas de rodillas ante Mei.
Todos asintieron sin mediar palabra
Ese festival fue una lección. Mei se reunió con unas amigas que padecían el mismo maltrato.
Por alguna calle, cerca de una plaza alejada. Koha aguardaba sentada en una banca. Detrás un cartel que decía Versalles. Aguardaba tranquila en un plano diferente al que suelen conocer los humanos. Un perro se acercó a ella moviendo la cola.
Su dueña se acercó de inmediato.
Firu movió la cola una vez más.
Dejó caer un poco de su saliva que vertió en el suelo para que algunos girasoles crecieran.
Regresaba a casa luego de un día de trabajo. Pasaron varias semanas, y al voltear la mirada al gran cartel del barrio, presentí su esencia. En un segundo plano, la ví.
Me senté a su lado. Su energía, no era como las que suele tener. Más bien se encontraba en alerta.
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Editado: 18.07.2026