La grieta en el muro

Capítulo 26

capitulo 26

Semillas en la oscuridad

La noche cayó sobre el Bloque, pero el sueño no llegó. El eco de lo vivido en el Salón Blanco seguía vibrando en los cuerpos y las mentes de los internos. Nadie podía borrar la sensación de haber sido usado como un títere, de sentir un deseo que no era suyo, de verse forzado a mirar con pasión a alguien que apenas conocía.

Veyra estaba tumbada en su litera, los músculos todavía tensos por el dolor del castigo. Cada vez que cerraba los ojos, revivía el momento en que Raskov la había señalado con su guante. Sentía la electricidad correr por sus venas, quemando su voluntad. Pero recordaba también algo más poderoso: el instante en que gritó no somos sus experimentos. Esa frase había quedado suspendida en el aire, y sabía que había resonado en otros corazones.

Un roce en la litera de abajo la hizo incorporarse. Liora subía con cautela, su rostro iluminado por la tenue luz roja de las cámaras.

—No podía dormir —susurró—. Y sé que tú tampoco.

Veyra sonrió levemente, aunque el cansancio pesaba en sus ojos.
—¿Cómo podría, después de lo que hicieron hoy?

Antes de que Liora respondiera, otra sombra se acercó desde el pasillo del dormitorio: Kaelen. Caminaba con paso seguro, como si el miedo no tuviera cabida en él.

—Tenemos que hablar —murmuró, y los tres se apiñaron en el rincón más oscuro, justo debajo del sensor que sabían cómo bloquear con un truco aprendido semanas atrás.

Kaelen no perdió tiempo.
—Lo que pasó hoy no fue solo un castigo. Fue un mensaje. Quieren que sepamos que incluso lo que sentimos no nos pertenece.

—Y tienen razón —dijo Liora, su voz temblorosa—. Lo controlan todo. Lo de hoy lo demostró.

—No —replicó Veyra con fuerza, tomando su mano—. No lo controlan todo. ¿Lo sentiste? Sí, nos empujaron a mirar, a desear. Pero dentro de mí… había una parte que sabía que era mentira. Esa parte no se dejó apagar.

Kaelen asintió, los ojos ardiendo con furia contenida.
—Exacto. No importa lo que hagan, siempre quedará un rincón en nosotros que es nuestro. Y si ese rincón existe, podemos usarlo.

El silencio que siguió fue espeso, pero no vacío: era el silencio de un pacto naciendo.

Veyra bajó la voz aún más.
—Podemos resistir. Podemos empezar a hablar con los demás. Hoy todos lo sintieron. No fuimos solo nosotros. Esa humillación puede volverse nuestra ventaja.

Liora miró a ambos, insegura.
—¿Y si alguien nos delata otra vez?

—Entonces que lo intente —dijo Kaelen con una sonrisa seca—. Esta vez no seremos tres voces aisladas. Esta vez seremos muchos.

Los tres se miraron en la penumbra, conscientes de lo que estaban decidiendo. Ese rincón oscuro del dormitorio se convirtió en un pequeño corazón latiendo contra el Consejo.

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Durante los días siguientes, algo cambió en el Bloque. Los internos se movían con la misma disciplina forzada, cumplían sus rutinas, mantenían la cabeza gacha ante los guardias… pero había miradas nuevas, susurros breves, gestos compartidos.

Un trozo de pan partido en tres se convirtió en un símbolo de complicidad. Un guiño en el comedor bastaba para reconocer a quienes habían empezado a resistir en silencio. El eco de las palabras de Veyra se repetía en las mentes de varios: no somos sus experimentos.

Raskov no lo percibió aún, convencido de que su demostración de poder había quebrado toda voluntad. Pero Cassian sí lo notó. Desde su posición de vigilancia, empezó a captar esos pequeños detalles: un intercambio de miradas demasiado prolongado, un murmullo cortado a tiempo, una chispa en los ojos que no estaba allí semanas atrás.

Y en su interior, supo que algo se estaba gestando. Algo que ya no dependía solo de Veyra.

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Esa noche, mientras los drones recorrían los pasillos, Veyra escribió con un trozo de carbón robado una palabra diminuta en la pared oculta detrás de su litera:

“Resistir.”

Era el inicio de una nueva rebelión. No una chispa aislada, sino un incendio que empezaba a extenderse en silencio.




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