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Si algo había quedado claro desde que Olivia llego, es que nada en este mundo es como en el que ella creció y nada que podía sorprenderla, aunque aún no había visto el otro reino que literalmente era de otro mundo. Cuando los tres atravesaron el portal se sintió un ambiente diferente.
Hata el momento solo eran muros de ladrillo y un poco de frío, pero al subir a las escaleras, Olivia se dio cuenta que salieron de una pared. Al salir de ese pequeño rincón del castillo una luz deslumbro a la guardiana, pero mientras su vista se iba aclarando, vio un gran ventanal que tenía vidrios de colores, los cuales formaban una gran flor de loto.
Se acerco hacía esa flor y vio a través de ella al otro reino, flores hasta donde alcance la vista, casas de diferentes tipos y tamaños, desde la más sencilla hasta la más extravagante mansión, pero a una distancia razonable una de la otra. Además, el sol era muy radiante, moría de ganas por ver el castillo desde afuera y adentro.
—Livi — le llamó Nat y ella fue a paso veloz para ponerse a su lado, pero Thomas la movió para que estuviera en medio de los dos.
Los tres se quedaron al final de una larga escalera que tenía una alfombra roja en sus escalones y al lado izquierdo un gran cuadro de un hombre apuesto, por su traje y tamaño de cuadro, Olivia suponía que era un rey o fue un rey, pero no tuvo tiempo de examinarlo a profundidad. La reina Selene salió de su cuarto, ella demostraba elegancia, porte y cierta calidez, pero sobre todo la familiaridad que tenía.
Olivia regreso a ver a Nat varias veces mientras la reina Selene bajaba con un vestido de corte princesa que parecía tener brillo en cada lugar y un encaje de flores en las mangas, su peinado semirrecogido y su corona que era como la flor de loto, pero con sus pétalos rojos. Nat bajo la mirada con pena y esquivo la mirada.
—Thomas, es un gusto volver a verte — dijo la reina en un tono elegante, es decir, bajo, claro y amable. Thomas tomó su mano y la beso.
Selene dirigió su mirada enseguida a Olivia y de igual manera le extendió su mano como lo había echo con Thomas. La guardiana solo quiso hacer lo mismo que hizo Thomas pero solo escucho las risas que provenían de ambos.
—¿Qué es gracioso? — preguntó Olivia con curiosidad y confusión.
—Lo siento — dijo entre risas la reina Selene, pero sin perder su tono elegante — Él me dijo que quería jugarte una broma, pero soy mala para eso — volvió a mostrarle la mano, pero en esta ocasión para que chocaran los cinco, lo cual no se lo esperaba de una reina y volvió a saludar a Thomas pero como un tipo de saludo secreto que termino en un choque de puños.
—¿Y tú, hermana? ¿No vas a saludarme? — preguntó mirando a Nat.
La cara de Nat cambió por una de felicidad y la abrazó con mucha cariño.
—¿Nat tiene una gemela? — preguntó telepáticamente a Thomas.
—Evidentemente si y su nombre real es Natasha
— ¿Cómo es que no lo sabía?
— Luego te lo explico, preciosa.
—Bueno, ya que salude a todos dejémonos de formalidades — dio un chasquido al aire y su enorme y elegante vestido se convirtió en un traje negro con chaleco que estaba echo para su figura. Dirijio su mirada a Olivia que parecía atraída hacia su cambio de vestuario — Rara vez uso vestidos pero debido a mi puesto debo verme elegante, es lo que amo de este siglo, las mujeres podemos usar pantalón y vernos elegantes y hermosas, aunque siempre debo llevar esta cosa en la cabeza — señalo la corona que cambia de color conforme la iluminación.
—Entonces… — se atrevió preguntar Olivia con temor a recibir un regaño — ¿Debo llamarla su alteza, majestad o… algo parecido? Es que nunca había estado en presencia de una reina — se notaba los nervios en su voz.
La reina Selene la miro con amabilidad y apretó unos de sus cachetes —Se sobre ti Olivia, Natasha me ha contado mucho sobre ti, es como si yo te hubiera criado, así que puedes decirme Selene cuando estemos entre amigos, pero frente a los demás usa algo más formal.
Nat interrumpió lo que parecía ser una conversación amigable —Hermana, trajimos a Olivia porque tenía que conocer el otro el reino y muchos miembros del consejo no lo tomaron bien.
Selene hizo una mueca al oír sobre el consejo y cambio su expresión de amabilidad e hizo una seña para que la siguieran. Mientras caminaba se notaba su seguridad, pasos firmes y sin tropezarse, además del poder que imponía al entrar a una habitación, Olivia comenzaba a sentir admiración hacia Selene.
—Los del consejo podrán mandar en Kendelltar pero en este reino mando solamente yo.
Los cuatro caminaron por un pasillo de 5 metros de largo y uno de ancho, pero había varias pinturas y entre ellas volvió a ver al hombre de la escalera pero esta vez en una posición diferente con un traje diferente. Al terminar el pasillo las puertas se abrieron y el brillo del sol los deslumbro, Selene los había llevado a un balcón en el castillo.
Por primera vez, Olivia sintió un aire puro entrando a sus pulmones y todo parecía venir de todas aquellas ideas sobre el paraíso pero comenzó a ver a personas volando por el cielo sin necesidad de alas o una escoba, a otras transformándose en aves y otros simplemente haciendo crecer una manzana de un árbol.
—Es increíble — comentó Olivia en voz baja — ¿Este lugar es como Kendelltar? — preguntó entusiasmada sin perder ningún detalle del lugar.
—Jamás — pronunció con firmeza —Aquí vienen los brujos y brujas que quieren pasar sus últimos días en un lugar libre de ser ellos mismos, mi única regla es que si decides quedarte, ya no vuelves a salir, además aquí hay seres que se creen mitológicos.
—Creí que en Kendelltar podías ser tu mismo —comentó Olivia notando que debajo del castillo había como neblina y había cortinas de flores por las paredes exteriores del castillo.
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Editado: 22.03.2026